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Pequeñeces que hacen la vida mas difícil

Regatones desaparecidos 

Mercedes González Amade                 

Baston. Foto: Caridad

HAVANA TIMES — Hace poco se realizó un importante congreso de la ACLIFIM [Asociación  Cubana de Limitados Físicos Motores] en el cual, dicho por los dirigentes de esta Asociación,  uno de los principales puntos para debatir fue la integración social y la calidad de vida de los discapacitados.

Por lo que yo, una asociada más, sentí gran alegría ya que pienso que allá se pudo debatir, analizar y buscar soluciones a los problemas que nos aquejan a diario.

Y es que a veces las pequeñas cosas pueden afectarnos mucho a quienes necesitamos ayuda para desplazarnos, ya sea en sillas de ruedas, con muletas, bastones, prótesis o calzados especiales.

Pequeñeces como las cámaras para las sillas de ruedas o los regatones (los famosos tacos de goma que van en los extremos) de muletas o bastones; pudieran parecer nimiedades, pero nos impiden desarrollarnos en nuestra vida cotidiana.

Normalmente uso muletas antebrazos para poder caminar, llevaba un tiempo en silla de ruedas por problemas de salud hasta que el médico me dio permiso para andar. Ahora estoy practicando en cortas distancias con estas muletas.

Tengo por costumbre guardar algún regatón de repuesto, sin embargo, de pronto me di cuenta que no tenía ninguno y comencé la búsqueda. No siempre resulta tan fácil adquirirlos.

Primero necesitaba varias recetas para obtener más de un regatón; después fui a los dos únicos lugares donde los venden: el hospital Frank País y el Centro CUBA RADA.

En ninguno de los dos había; al preguntar cuándo podría volver para comprarlos me dijeron que hacía varios meses que no entraban donaciones.

Regaton.

Solo me quedaba acudir a la Asociación y allí obtuve la misma respuesta: “hace meses que no entran donaciones”.

Me vi atada de pies y manos. Otra solución hubiera podido ser comprar un par de muletas nuevas y guardarlas, pero las que encontré tienen la parte de arriba plástica y ya he sufrido malas experiencias con ese tipo de muletas: se me han partido en plena calle.

Las que tengo ahora son de otro material, regalo de un amigo a quien siempre agradeceré su gesto.

Por el momento trato de cuidar los regatones que tengo e intento encontrar una solución, pues cuando se gasten, las muletas podrían resbalar y provocarme lo que siempre trato de evitar: una caída y sus consecuencias.

Una salida provisional podría ser acercarme a un cuentapropista que haga zapatillas de carro, tomar el molde de las muletas y pedir que me invente los regatones con el material de las zapatillas. Esta opción no es tan mala, hay que ver si logro convencer a alguno.

Me extraña que tengamos que esperar por donaciones para solucionar algo tan sencillo. Estoy segura de que si se pensara seriamente en el problema aparecerían muchas propuestas; los cubanos hemos demostrado que somos muy ingeniosos.

Esta misma situación la padecen muchas personas, imagínense que solo en mi municipio hay más de 1000 asociados, la mayoría depende de muletas o bastones para caminar.

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