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¿Deseas mejorar la memoria y retardar el envejecimiento cerebral?

Medicamento. Foto: sld.cu (Archivo)Una de las mayores preocupaciones de las personas, referidas en consulta y que llega a ser la causa de esta, es la relacionada con la pérdida de memoria. Con frecuencia algunos pacientes me dicen: “Doctor, me puede recetar algo para la memoria”.
Es interesante que con una pequeña exploración puedo constatar que no siempre presentan, en realidad, una hipomnesia (disminución de la memoria).

En nuestros días es común que tanto los hombres como las mujeres soliciten a sus médicos medicamentos para “mejorar la memoria” y, también, para prevenir o detener el envejecimiento cerebral. El asunto es que no todos los problemas de la mente se resuelven con pastillas.

Las personas con deterioro cognitivo leve tienen algunos problemas de memoria, como olvidar los nombres de personas, el lugar en que guardan ciertas cosas, lo que debían hacer en determinado momento, o el mensaje que dejaron por teléfono a algún miembro de la familia

Dos estudios recientes aportan más evidencias de que el ejercicio aeróbico habitual no sólo protege de los problemas de memoria típicos de la edad, sino que puede retrasar el reloj del envejecimiento cerebral.

Uno de ellos halló evidencias de que el ejercicio moderado, como una caminata intensa, la natación o el yoga, en la mitad de la vida o después, reduciría el riesgo de desarrollar trastornos cognitivos leves. La otra investigación, efectuada sobre un grupo de adultos mayores, detectó una mejoría en la agilidad mental tras seis meses de actividad aeróbica de alta intensidad.

Un equipo en Seattle, Estados Unidos, estudió a un grupo de adultos con deterioro cognitivo leve. Una parte de los participantes ejercitaron entre 45 y 60 minutos en una cinta o en una bicicleta fija, cuatro días por semana durante seis meses; el resto, que constituyó el grupo de control, hicieron ejercicios de estiramiento, pero mantuvieron un ritmo cardíaco bajo.

Seis meses de actividad aeróbica intensa mejoraron las capacidades cognitivas de atención, concentración, organización, planificación y tareas múltiples. Los tests cognitivos en el grupo que no había ejercitado revelaron un deterioro continuo.

El otro estudio, de la Clínica Mayo, en Rochester, Minnesota, incluyó a mil 324 adultos mayores sin demencia. De ellos, 198 tenían deterioro cognitivo leve, y mil 126 función cognitiva normal. Los participantes que dijeron que habían hecho ejercicio moderado (caminata intensa, aeróbicos, yoga, ejercicios de fuerza o natación), desde los 40 años en adelante, eran menos propensos a sufrir trastornos de la memoria y de las funciones cognitivas en general.

Los resultados indican que el ejercicio moderado en la mitad de la vida está asociado con menos riesgo de sufrir deterioro mental, tanto para los hombres como para las mujeres. Ambos estudios, publicados en Archives of Neurology, se suman a la creciente literatura que respalda los beneficios del estilo de vida activo sobre el cerebro.

Otra investigación que revisé sugiere que andar 40 minutos tres días a la semana aumenta el tamaño del hipocampo, zona del Sistema Nervioso Central que mucho tiene que ver con las funciones de la memoria. También eleva los niveles de factor neurotrófico derivado del cerebro y produce que la plasticidad de ciertas zonas cerebrales se mantenga pese al paso del tiempo.

Lo novedoso de la última investigación citada es que constituye una de las pocas en las que se han realizado pruebas de imágenes cerebrales para corroborar que el ejercicio aumenta el volumen de las zonas cerebrales relacionadas con esta función cognitiva.

Arthur Kramer, autor principal del estudio y director del Instituto Beckman, en la Universidad de Illinois, Estados Unidos, asegura que “los datos obtenidos son particularmente interesantes porque constatan que incluso pequeñas cantidades de ejercicio realizadas por las personas mayores sedentarias pueden mejorar sustancialmente la memoria y la salud cerebral. Y esta mejoría puede tener importantes implicaciones en la salud de los ciudadanos de las naciones en las que el envejecimiento se está expandiendo.”

Hipocampo. Foto: ArchivoEl deterioro del hipocampo, estructura del cerebro que involucra la formación de todos los tipos de memoria, se reduce un 2,1 por ciento anual en los adultos mayores sin demencia, y esta pérdida de volumen aumenta el riesgo de deterioro cognitivo. Las estrategias para combatir el deterioro del hipocampo y, por tanto, de la memoria, se han convertido en un tema prioritario en los últimos años desde la perspectiva científica y de salud pública.

“La actividad física, como el ejercicio aeróbico, se ha convertido en un tratamiento prometedor de bajo costo que mejora la función neurocognitiva y que es accesible a todas las personas mayores sin contraindicaciones específicas”, destacan los autores en su estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Science.

En el trabajo participaron 120 personas con más de 55 años, sedentarias y sin demencia. La mitad de ellas anduvo 40 minutos al día, tres veces por semana; mientras que el otro grupo se limitó a realizar ejercicios tonificantes. Antes y después de esta intervención todos los participantes se sometieron a una resonancia magnética.

Los datos revelaron que las personas que practicaron ejercicio experimentaron un aumento del volumen del hipocampo durante el primer año de entrenamiento, mientras que el grupo control obtuvo una disminución de esta zona cerebral en el mismo periodo de tiempo.

Se suman a ellos los resultados obtenidos en los test de memoria espacial. Las pruebas que se realizaron a ambos grupos destacan que aquéllos que realizaron ejercicio mejoraron en la función de la memoria, un beneficio asociado al incremento del tamaño del hipocampo. Asimismo, se evaluaron ciertos biomarcadores asociados con la salud cerebral, como el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, sus siglas en inglés), cuyos niveles en sangre aumentaron de forma significativa entre los que caminaron tres veces a la semana.

Esta función del ejercicio sobre el hipocampo y el BDNF, es exactamente la misma que realizan los fármacos antidepresivos; de hecho, el ejercicio físico es un reconocido tratamiento preventivo en algunas depresiones. También la psicoterapia puede modificar la neuroimagen cerebral (funcional y morfométricamente). Es decir, que los datos en conjunto sugieren que hay una gran plasticidad cerebral que puede modificarse por diferentes vías: como la química (antidepresivos); con la palabra (psicoterapia) o, simplemente, con el ejercicio físico.

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