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La primera experiencia fuera de Cuba

Jorge Milanes

Street in Quito, Ecuadoor

Calle de Quito, Ecuador.  Foto: wikimedia.org

HAVANA TIMES — El pasado fin de semana mi querido hermano viajó a Ecuador invitado por su hijo; mi sobrino, que decidió realizar sus sueños fuera de Cuba.

Muy temprano en la mañana la insistencia del timbre telefónico nos despertó, al levantar el auricular saludó y afirmó:

“Llegué bien, acabo de levantarme”; decía con emoción.

“Hace un frío tremendo y desde mi ventana veo cuan alto esta la ciudad de Quito, tan alta que, de donde estoy veo los aviones y las nubes por debajo de mí.”

Mi madre y yo escuchábamos atentamente, sabemos que ese comilón solo  piensa en la comida, !y de buena mesa!

“Ayer en la tarde mi hijo y yo paseamos por algunas de las calles de esta maravillosa ciudad y en lo primero que me fijé fue en los autos que ruedan por la ciudad, son muy modernos, los mercados abarrotados de cosas, y lo más importante para mí, la comida barata,” enfatizó esto último.

“Hay de todo”, continuó.

“Pero carísimo. En cuanto a la  comida, tengo que aprovechar el tiempo que voy a estar aquí, probarlo todo. De hecho en un día me como lo que en Cuba como en una semana.”

“¿Y de la bici qué?, le pregunté, porque antes de salir vendió la de él para tener un poco más de dinero.

Hizo silencio y continuó:

“Luna, la esposa de mi hijo, me compró una y le puse como nombre la Nave, te puedes imaginar lo que eso significa para mí, además, te voy a dar envidia cuando regrese a casa. Claro, acuérdate que vine para cumplir una misión y les tengo hecho todo el cimiento de la gran casa en que piensan vivir que, además, ya empieza a tener los gustos más exigentes de Luna, en esto va todo.”

Mi madre visitó Francia invitada por otra hermana mía, llegó a ver ciertas cosas, importantes para ella, que no les fue de su agrado, algo que quedó en su memoria. Ni corta ni perezosa preguntó:

“Hijo, ¿y qué es lo que no te gusta?”

“Tati”, como le llama él cariñosamente, “no me quedo aquí por nada en el mundo, amo mi tierra, mi gente, mi playa además, hay muchos niños e indigentes pidiendo limosnas, en todo caso, es lo que me pone muy mal cada vez que salgo a la calle.” Situación a la que mi madre contestó:

“Quiero ver cuál es el rico que se ha apiada de ti.”


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