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Pablo Neruda no invocó el nombre de América en vano

Pablo Neruda. Foto: granma.cubaweb.cu (Archivo)Cuando un hombre fallece ocurre un desgarramiento en alguna parte del mundo; cuando un poeta deja de existir es como si el universo se detuviera por unos segundos que equivalen a un siglo y eso pasó aquel 23 de septiembre de 1973 cuando los ojos de Pablo Neruda se cerraron para siempre y la penumbra dejó desamparados los versos del sentimiento y de la grandeza.

Es que Neruda fue y es uno de los más grandes poetas del mundo. Nació el 12 de julio de 1904 con el nombre de Ricardo Eliezer Neftalí Reyes pero en 1920 comenzó a firmar sus colaboraciones en la revista literaria Selva astral con el famoso seudónimo que lo acompañaría hasta su muerte, adoptado en homenaje al poeta checo Jan Neruda.

Su andar por la poesía fue precoz y su talento se hizo sentir cuando con tan solo 20 años de edad, el poeta chileno escribió "Veinte poemas de amor y una canción desesperada", una de sus obras más publicada y traducida. También sobresalen en su basta producción literaria Tentativa del hombre infinito, España en el corazón, Canto general, Los versos del capitán, Odas elementales y Memoria de Isla Negra.

La obra póstuma de Pablo Neruda fue La rosa separada, publicada en Argentina en 1973, en el mismo año de su fallecimiento, aunque después los lectores podríamos apreciar entre otras, Jardín de Invierno, la autobiografía Confieso que he vivido, Para nacer he nacido y El río invisible, que incluye poesía y prosa escritas por el chileno universal en su niñez y juventud.

En el discurso de agradecimiento al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1971, Neruda defendió una vez más el compromiso con su origen latinoamericano al decir: "hay que mirar el mapa de América, enfrentarse a la grandiosa diversidad, a la generosidad cósmica del espacio que nos rodea, para entender que muchos escritores se niegan a compartir el pasado de oprobio y de saqueo que oscuros dioses destinaron a los pueblos americanos".

Un poeta extraordinario, revolucionario y comunista fue Pablo Neruda, quien murió durante la etapa tenebrosa en que el pueblo chileno era objeto de la más brutal represión por la dictadura militar encabezada por el general Augusto Pinochet, que el 11 de septiembre de 1973 había derrocado al presidente constitucional Salvador Allende, con la anuencia y beneplácito de Estados Unidos.

Murió a los 69 años de edad, después de desafiar su destino, de vivir intensamente, extasiarse ante la belleza de la naturaleza y del ser humano, admirar la tierra donde nació. “AMÉRICA, no invoco tu nombre en vano/ Cuando sujeto al corazón la espada,/ cuando aguanto en el alma la gotera, / cuando por las ventanas / un nuevo día tuyo me penetra,/ soy y estoy en la luz que me produce,/ vivo en la sombra que me determina,/ duermo y despierto en tu esencial aurora:/ dulce como las uvas, y terrible,/ conductor del azúcar y el castigo, empapado en esperma de tu especie,/amamantado en sangre de tu herencia”.



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