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Cuba: Políticas que crean descontento

Equipaje full.  Foto: progresosemanal

Equipaje full. Foto: progresosemanal

HAVANA TIMES — Desde que el gobierno de Raul Castro anuncio con bombo y platillo la restaurada importancia del cuentapropismo y negocios privados en un nuevo despertar de la deprimida economía cubana, muchos han comentado sobre la necesidad de crear una red de tiendas mayoristas para suplir las necesidades de estos.

Sin embargo, hasta la fecha la esperada respuesta ha quedado en palabras forzando miles de cuentapropistas y pequeños negocios de buscar cadenas alternativas, legales (por importaciones de pasajeros) o ilegales (mercado negro) para poder trabajar.

Milena Recio, escribiendo para Progreso Semanal, nos trae un comentario irónico que cuestiona las nuevas políticas de Aduanas de Cuba, aparentemente diseñada para limitar las fuentes de abastecimiento de estas pequeñas negocios ahora permitidas en la isla.

El resultado, según personas consultados por HT, es crear disgusto innecesaria entre la población. A continuación publicamos el comentario en Progreso.

El Aduanazo de hoy

Milena Recio  (Progreso Semanal)

La Aduana parecía estar esperando un milagro, algo que contuviera el ritmo de la molestia. Lo dejaron todo para último momento, para ver si Argentina le ganaba en penales a Holanda y con ello dejaba abierto un canal a nuestra esperanza latinoamericanista y a nuestra algarabía.

O quizás, con más socarronería quirúrgica, la Aduana se agazapó hasta que por fin el icónico Putin estuviera en La Habana, prodigando un futuro para la Isla que recién estrena su Ley de Inversión Extranjera.

A lo mejor me equivoco en juzgarla, y no hay vileza, sino que la Aduana no quería que fuéramos infelices de golpe, y sin amortiguación.

Dulcelandia

Dulcelandia.  Foto: Juan Suárez

Solo deseaba mansamente aliviarnos cuando artera proclamara que los cubanos que viajan solo podrán importar en corbatas 5 unidades, en blúmeres 24, y en máquinas de afeitar desechables, 20. Esto, dicen, para evitar “los altos volúmenes de importación que realizan determinadas personas con destino a la comercialización y el lucro”.

Pero se equivoca la Aduana pensando que las malas noticias lo son menos si se dan tarde, mal y casi como al pasar, desconociendo con ello parte de su deber. Hace muchos días varios medios de prensa no residentes en Cuba habían estado filtrando las interioridades de la Resolución 206 que hoy se ha dado a conocer, como si fuera de estreno.

E igual para muchísimos cubanos, incluso para los que no van ni a la esquina, con Putin y todo aquí, esta política de nuevas restricciones aduanales, confirmada y glosada hoy en Granma, abre un boquete de incertidumbres.

Cientos de miles de personas en Cuba viven de un comercio que no es más “negro” que el de quienes le imponen precios áureos y por cientos de ganancia de escándalo a las tasas minoristas de las tiendas en divisa, en las que se desenvuelve prácticamente el total del consumo en Cuba de bienes de origen industrial.

Si ese mercado no oficial, de baratijas, de ropas con brillo, de televisores LED y mouses inalámbricos, tiene vida en esta isla que parece estar condenada a la piratería y el bucanerismo, es porque hay un evidente desequilibrio entre la oferta (en cantidad y calidad) y la demanda.

Porque el consumo –y no el consumo colosal– en Cuba, a fuerza de “no se puede” está moralmente penalizado, y económicamente se le intenta apagar, a pesar de ser de tantos, uno de los principales incentivos para dar vigor a una economía que sigue de menos a menos.

La decisión de extirpar las vendutas callejeras de “ropa de Ecuador”, ya lo sabemos, logró, eso sí, remitir el acto de compra-venta del portal al cuarto de atrás. A la profundidad, a lo oscuro. Pero sigue ahí la necesidad, intacta, de vadear y complementar a los importadores estatales, sus precios y su estética deleznable.

Por donde se mire, siempre sobreviene la pregunta, ¿cómo es que no puede controlarse a los importadores compulsivos, que son como llama Granma, los “casos más significativos”? Y Sanseacabó…

“En un año un pasajero importó, a través de la terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí, 41 monitores de computadoras y 66 televisores de pantalla plana. Otra persona trajo 34 impresoras, 58 monitores y 74 torres de computadoras, todo ello entre el 2011 y el 2014. A comienzos de enero del 2013, un pasajero llevó en su equipaje 1 695 unidades de rodamiento y otro en el mes de marzo cargó con 400 unidades de bombillos intermitentes para motos; todas esas mercancías fueron decomisadas por comprobarse su carácter comercial.”

Pues eso es lo que hacen las Aduanas: controlar a los infractores de una norma legal, cuya asiduidad en el “tráfico” puede ser perfectamente comprobada. Lo otro, esto de hoy, vuelve a apretar la tuerca y a convertir en casi imposible, por ejemplo, armar un pequeño negocio –y no un negocio colosal– sustentado en una política (también muy acotada) de estimular el trabajo privado.

Se persigue y se dificulta que los privados organicen sus “cadenas de valor” utilizando este comercio micro, por avión, y con el aire en contra… Pero tampoco se le ofertan fuentes seguras, rentables y sistemáticas de mercado mayorista para proveerles de insumos. El hortelanismo como política, donde no comes ni dejas comer, no trae ninguna ventaja, ni resultará bueno para nadie.

Descarga las nuevas políticas de Aduanas de Cuba


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