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Cómo se limpian las calles de la Habana

Barrendero.  Foto: Juan Suárez

Barrendero. Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Pido disculpas a los lectores por este post escatológico. Si empezaron a leer comiendo algo, les sugiero que hagan una pausa en su merienda.

Ayer fui al mercado acompañada de mi perra Surat, y desde el portal, donde hay alineados varios teléfonos públicos, llamé a mi amiga y colega Irina Pino.

Mientras conversaba pegada al auricular, Surat se alejó el mínimo espacio que le permitía la correa, y ahí mismo, sobre el suelo de granito, vomitó algo que había comido hacía unos minutos.

Me preocupé porque es un lugar sumamente transitado, y mientras ultimaba unos asuntos con Irina, me preguntaba cómo se podría limpiar aquello. Aunque el mercado tiene ventanas tapiadas con tablas y rezuma abandono, está activo, abastece a varias zonas y el piso alguna que otra vez lo limpian.

Recordé lo eficaz que es para cubrir las excreciones el aserrín, pero cerca no había ninguna carpintería; hasta pensé en la posibilidad de verterle un poco de tierra seca que permitiera levantarlo con un recogedor y una escoba, en caso de que alguien en un ambiente tan caótico se tomara en serio mi delicadeza. Mas, con estos días lluviosos alrededor sólo había charcos y fango.

En lo que hacía estas deliberaciones, un señor pasó junto a mí, pisó involuntariamente el vómito, soltó una imprecación y se llevó la mitad en la suela de su zapato. Me quedé petrificada por la vergüenza, aunque a esas alturas la deyección parecía anónima y el hombre, por supuesto, no me relacionó con ella.

Casi enseguida y mientras me apuraba en despedirme de Irina, una anciana resbaló a causa del resto del vómito y tuvieron que sujetarla dos personas. Por suerte no llegó a tocar el suelo, ¿se imaginan lo que significa una caída a esa edad, una fractura de cadera? Nadie se fijó en mí pero yo tenía ganas de que me tragara la tierra.

Cuando me alejé, ya no quedaba nada de la deyección, sólo las huellas húmedas de los pasos de los muchos usuarios y transeúntes.

Regresé a mi casa observando las calles y recordé lo que me contaba mi mamá de cómo limpiaban los portales públicos, las paradas, y las calles antes del 59, durante la noche, con mangueras a presión.

En Charlieu, una pequeña ciudad de Francia, vi un carro que al avanzar frotaba con cepillos el pavimento. Mi esposo me cuenta que en su reciente visita a , vio un vehículo parecido limpiando las calles, que sus habitantes mantienen impecables. Habaneros que viajan con frecuencia a otras provincias, cuentan lo mismo de ellas. ¿Qué ha pasado con la higiene de , con esos portales y calles que son una extensión de nuestras vidas?

Sé que en otros países, junto con un perro se adquieren insumos de limpieza fácilmente transportables para recoger sus bostas. La desventaja en ese sentido aquí es doble:

1- De haber esos insumos en tiendas para mascotas, deben ser tan absurdamente caros como el resto de los accesorios.

2- Las bostas de nuestros canes no son como esas secas y sólidas de los perritos primermundistas, por la alimentación especializada. El , el boniato y la carne cocinada dejan un saldo mucho más blando…

En sitios urbanos sin apenas vegetación, estas heces son un problema serio.

Entonces, ¿cómo se limpian hoy día los portales públicos y las calles de la Habana? Los que más pulcros se mantienen, a pesar del intenso tráfico, son los de tiendas en divisa, u hoteles.

En lo que concierne a las calles, los barrenderos recorren las cuadras fijas que tienen asignadas, recogen las hojas caídas, algunos papeles y parte del polvo.

El resto de los desechos disolubles, se limpian con las pisadas de los pasajeros, con las patas de los perros, con las ruedas de los vehículos.

Exactamente como el vómito de esta anécdota, migran a otros sitios y se disuelven lentamente y por fricción, como se pierden los cuerpos de los animales atropellados que nadie pone en la orilla de la calle: van desapareciendo sobre el asfalto, de tantos carros que los aplanan, uno tras otro.

Las lluvias, sin un impulso adicional y dirigido como el de una escoba, un cepillo, un chorro, en repartos con deficiente (o inexistente) alcantarillado, arrastran lo que pueden calle abajo, reciclan las muchas variedades de suciedad, año tras año.

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