Mas de 200,000 enlaces a la prensa Cubana . Miles de visitantes diario. Necesitamos un servidor mas fuerte. Ayudanos por favor.


Con el director de “Balseros”

balseros_fotograma-685x342

Nelson González Breijo  (Progreso Semanal)

HAVANA TIMES –  Cuando Carles Bosch visitó en 1994 la ciudad le mostró su peor rostro. Llegó como corresponsal de la Televisión Pública de Cataluña para filmar un reportaje sobre la crisis migratoria que, por esos días, agriaba aún más las ya difíciles relaciones entre Estados Unidos y y hería a las familias cubanas. La suerte ?o quizás eso que algunos llaman olfato periodístico? lo llevó a conocer a Juan Carlos, Misclaida, Méricys, Rafael, Oscarito, Miriam y Guillermo, siete de los más de 30 mil cubanos que ese año se lanzaron al mar con el propósito de llegar al otro lado del Estrecho de la Florida.

Ni siquiera el periodista sospechó entonces que aquellas personas protagonizarían su primera película: Balseros. La fuerza de los testimonios y el pulso con que fueron hilvanadas las experiencias de los personajes, le valieron a Bosch (y al fotógrafo Josep Maria Doménech, codirector de la película) éxitos como el Premio al Mejor Extranjero en el 24 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y hasta una nominación al Oscar.

Dos décadas después de filmados los primeros planos, el realizador volvió a Cuba para iniciar un “reencuentro” con la que posiblemente ha sido su mejor historia. Aunque, si se le escucha hablar, enseguida aparece la sospecha de que en realidad nunca logró distanciarse de aquellas experiencias.

Carles Bosch ha dirigido reportajes y documentales de importantes acontecimientos internacionales, como la Primera Guerra del Golfo, las Guerras de Bosnia y Kosovo, así como la Revolución Zapatista.

Carles Bosch ha dirigido reportajes y documentales de importantes acontecimientos , como la Primera Guerra del Golfo, las Guerras de Bosnia y Kosovo, así como la Revolución Zapatista.


Nelson González Breijo: ¿Cómo surge la idea de hacer una película sobre los balseros?

Carles Bosch: Filmé en la capital cubana en pleno desarrollo de la crisis migratoria de 1994. Luego obtuve permiso para rodar en la Base Naval de Guantánamo y allí recuperé a los personajes que el azar ya me había puesto delante en La Habana. Un año más tarde, cuando finalmente les permiten llegar a suelo norteamericano, la televisora para la que trabajaba me envió a cubrir el suceso. Cada una de esas fases dio para un reportaje, de esos que a los tres días de emitidos ya no tienen ningún sentido porque dejan de ser noticia.

Pero cinco años después descubrí algo que antes no había visto, y que iba más allá del origen de esas personas o de la crisis económica. Me di cuenta de los grandes cambios que sucedían en las vidas de estas personas, desde el muchacho de La Habana que terminó gritando ¡Aleluya! en una iglesia evangélica de Estados Unidos, hasta la chica que deseaba ser modelo y acabó vendiendo crack en Nuevo México.

El tema era mucho más universal: la locura que representa subirse a un caballo salvaje como es la emigración. No la que podrías hacer tú si vas a estudiar tres años a España, o yo si me contratan en no sé dónde. Hablo del fenómeno al que entra todo aquel que sufre la sensación de: “si no me voy a otro país mi familia no sobrevivirá”. La emigración de Cuba hacia Estados Unidos en 1994, fue esencialmente económica, si hubiera sido política, creo que no tendría película.

NGB: El documental consigue aunar la tradición periodística televisiva, más dada quizás a registrar los grandes acontecimientos, con una reflexiva y cuidada estética cinematográfica ¿Cómo llegó a ese punto de encuentro entre cine y periodismo?

CB: A mí me apasiona el reportaje más común, llegar a un sitio y que la televisora que me envíe esté esperando un trabajo para esa misma noche, o estar 15 días en una guerra, editando bajo las bombas, un audiovisual de 30 minutos para transmitirlo un día específico, porque de lo contrario pierde su sentido y se convierte en periódico de ayer. Pero al mismo tiempo hay una parte creativa que todos tenemos dentro, y en mi caso a lo mejor es puro periodismo, pero no un reportaje de actualidad.

Con Balseros, me nominaron al Oscar y la pregunta habitual era: ¿cómo lograste eso con tu primera película?. ¡Ah!…pues porque llevo un montón de años trabajando en un programa televisivo de reportajes de máxima audiencia. Para atrapar al espectador en ese tipo de espacios que no son telebasura tiene que haber una gran creatividad, en paralelo con el periodismo puro y duro.

Con ese oficio uno va aprendiendo algunos “trucos” para conseguir que el espectador se interese en lo que se cuenta. Son muy pocos los que aguantan que durante media hora les hables del Alzheimer, por ejemplo. Pero si logras explicarlo a través de tres personajes, resulta que el espectador, deseando saber más de ellos, también acaba aprendiendo mucho del tema.

NGB: En Balseros hay una clara elección por contar desde los personajes…

CB: Sí, me he acostumbrado a la utilización de este recurso, al igual que al uso de la cronología. Son dos valores que en paralelo funcionan muy bien. Puede que un personaje al cabo de unos días tenga que tomar una decisión, pero tú necesitas que el espectador, llegado el momento, se haya hecho una idea de cómo es ese sujeto y por qué toma una opción u otra. Eso, que es el abecé de cualquier guionista de ficción, en el ámbito documental o del reportaje también puede conseguir muy buenos resultados. El cine es también un espectáculo. En el documental hay que informar, pero también conseguir que el espectador sienta otros placeres quizás más comunes en otras artes.

NGB: Uno de los recursos dramáticos más utilizados en su filme es la videocarta, ¿fue una elección voluntaria o se la impuso la dinámica de rodaje?

CB: Si lo usara en otro tipo de audiovisual quizás fuera criticable. Pero en el caso de estos cubanos que se fueron para Estados Unidos, con los problemas de comunicación que existían y existen entre ambos países, no es una novedad que cualquier viajante haga de mensajero. Un periodista es una persona normal que está filmando a otros seres humanos comunes y corrientes. Además, el espectador no es tonto y sabe que se produce una relación que no tiene por qué ser de amistad, pero, por ejemplo, cada vez que encontraba a mis personajes o a sus familias ellos me abrazaban efusivamente. Yo significaba algo para ellos, tal vez uno de los últimos recuerdos de Cuba, o la relación con un hijo distante… El recurso no es más que una muestra de transparencia en el proceso de realización.

El caso de Miriam es muy ilustrativo. Cuando llegó a Miami llevaba un año sin ver a su hija: había pasado todo ese tiempo de aislamiento en la Base Naval de Guantánamo. Resulta que filmé a la niña en Cuba y luego fui a visitarla. Recuerdo que le estaba enseñando las imágenes en un televisor; ella quedó maravillada, imagínate, ni siquiera la había visto caminar. De repente su hijita tropieza y Miriam se abalanzó hacia el televisor a agarrarla. Ni al mejor guionista de ficción se le ocurre algo así…

NGB: Es evidente la cercanía con los personajes ¿Hasta qué punto significó un conflicto ético revelar sus destinos, teniendo en cuenta que muchos no son “triunfadores”?

CB: Es una grandísima pregunta, eso es un problema moral constante para el que se dedica al reportaje y al documental. Mis personajes sabían qué estaba haciendo. Eso me parece fundamental. Su conciencia del proceso es evidente a lo largo de la película.

De todas formas a dónde han ido a parar muchos, no dependió de ellos en primera instancia. Posiblemente hasta la señora que los ubicaba al llegar a Miami tuvo más responsabilidad. Son personas que se fueron de su país con toda la ilusión. Me duele cómo acaban algunos de ellos, pero no soy nadie para juzgar si lo hicieron bien o mal.

NGB: A 20 años de la crisis de los balseros ¿Cómo ve los acercamientos a la temática desde el cine?

CB: Es un tema complejo, para mí fue una gran satisfacción que el documental haya sido apreciado en los dos lados del conflicto. Ganó en el Festival de La Habana y luego estuvo en Sundance, y en Miami. Recientemente vi Una noche (Lucy Mulloy, 2012), y te puedo decir que me pareció muy real. La Habana tiene un encanto especial que la hace parecer muy real en las películas. Creo que es una pena que los cubanos no hayan podido explicar más ese tema.

NGB: ¿Cuál es su relación actual con los personajes?

CB: Ahora mismo, estoy en Cuba, por una invitación de Profesión: reporter, un programa periodístico de Tv O Globo, que está haciendo un documental de treinta minutos donde se contemple un poco de lo que fue filmar Balseros, mi relación con los personajes y lo que ocurre hoy con ellos. Acá, hablamos con algunos familiares y en lo queda de este mes, vamos a Estados Unidos, pues el audiovisual será televisado el mes próximo.

Sobre los personajes supe que Juan Carlos está muy bien. Ayuda a su familia y no ha perdido sus raíces. Pero hay otros que se han desconectado de sus familiares en Cuba, quienes esperan que nosotros podamos ofrecerles . Este es el caso de la madre de Rafael, que no sabe dónde está él ahora, y la de Méricis y Misclaida.

Bosch 2

Balseros alcanzó un éxito sin precedentes en el cine documental español, y es el principal referente, junto con En construcción, de José Luis Guerín, del llamado Boom del cine documental en el país ibérico. En la foto Carles Bosch en La Habana con un equipo del programa Profesión: reporter, de la cadena de televisión brasileña O Globo.

NGB: ¿Algún proyecto inmediato?

CB: En España estamos viviendo una crisis tremenda, económica y de libertad de expresión (suelen ir de la mano). No soy de las personas que se pasa el día buscando ideas, porque así no me salen. Pero vaya usted a saber en qué momento surge una idea y ahí lo veo todo de repente…y a lo mejor hasta tiene que ver con Cuba.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *