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Echen un paso patrás

Córranse ahí caballero
echen un paso pá atrás
por qué no dan el asiento
a la vieja Caridad

Rosa Martinez

Foto: www.gopixpic.com

Foto: www.gopixpic.com

HAVANA TIMES — Estas letras son parte del estribillo de la canción La Guagua, de la gran Celia Cruz y que Cándido Fabré popularizó cuando todavía formaba parte de la orquesta Original de Manzanillo.

El tema musical hace alusión a las dificultades de transportación de la población cubana, una de las problemáticas que desafortunadamente el Gobierno socialista no ha podido solucionar, amén del impacto del bloqueo estadounidense a este importante sector.

Mi intención hoy no es polemizar si el local, intermunicipal e interprovincial funciona irregularmente por culpa del bloqueo económico impuesto a la Isla que dificulta la entrada de piezas de repuesto y la compra de nuevos equipos, o si es por los directivos con su falta de previsión y poca gestión. Hoy lo que quiero es compartir lo que me sucedió ayer por CULPA del dichoso .

Llegar temprano a algún lugar es una de las mayores dificultades que enfrenta cualquier cubano, especialmente las mujeres que además de atender la familia, los hijos, deben cumplir con sus compromisos laborales y sociales.

Recientemente intentaba llegar a tiempo a una cita matutina cuando me encontré en medio de empujones y apretones en una atestada guagua, en la que dos señores me acorralaron de pronto, uno por la derecha y otro por la izquierda.

Mi primer instinto fue apretar bien el bolso, pues aunque apenas tenía efectivo, me preocupaba mi tarjeta de débito y otros documentos importantes que cuestan dinero y tiempo sacarlos.

En mi empeño de cuidar mi cartera, descuidé otro bien preciado, mi fondillo (culo). No es que sea ni muy grande ni muy bien formado ni extremadamente llamativo, pero culo al fin, era lo único que parecía interesarle a mis acompañantes.

La guagua siguió su destino después de varios minutos esperando porque los pasajeros se acomodaran, y comenzó, entonces, el movimiento para acá y el meneo para allá, y evidentemente el de mis guardianes también.

Como no me gustaba nada el camino que estaba tomando aquella situación, intenté virarme, pero no lo logré.

Por favor, me está pisoteando, le dije al del flanco derecho.

No puedo respirar, le dije al del izquierdo.

Encontrarse un maniático es un problema, pero dos, eso sí que es grandioso, pensaba mientras la rabia comenzaba a carcomerme por dentro, sin saber qué hacer para librarme de aquellos dos que cada vez se pegaban más. ¿Pero son un dúo o que? Me pregunté.

Después de dar varios empujones, proferir algunas protestas y mirar airadamente, no me quedó más remedio que usar la violencia.

Claro, pensé en el tamaño de los señores, grandes y fuertes los dos, podrían matarme de un tirón, pero la razón nos da valor, y mi honor estaba en juego.

Descarados, pervertidos, aprovechados, todo esa iba pensando cuando bum, le propiné un golpe en el estómago a uno, páfata una patada al otro. No sé si fueron tan fuertes como hubiera querido, pero los dos sinvergüenzas se bajaron inmediatamente sin decir palabra alguna.

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