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La locura de múltiples tasas de cambio

entre las dos monedas corrientes en Cuba

Vicente Morín Aguado

dinero-photo-archivo-IPS-300x200HAVANA TIMES — Será difícil llegar a la auténtica unidad monetaria en Cuba, los pasos dados, junto a conocidos antecedentes del proceder típico del binomio Partido-Estado, apuntan hacia la utilización oportunista de más de una tasa de cambio, posibilidad dada por el monopolio estatal sobre todos los gestores económicos, considerada parte de las llamadas “ventajas del socialismo.”

El gobierno ha proclamado el 2016 como año final de la dualidad monetaria. Con una manifiesta discreción, la prensa no adelanta detalles de un proceso controvertido, considerado el paso más difícil dentro del cronograma de implementación de los “Lineamientos del VI Congreso del Partido”, hoja de ruta de las reformas en curso, calificadas con el eufemismo de “Actualización del modelo económico cubano”.

Vamos al grano, perdonando los necesarios detalles porque la economía cubana es un Frankestein cuyos parches fueron agregándose durante años en madrugadas de fiebre fuera de control.

De una parte se autorizó la novedad de aplicar precios dobles a los artículos comprados por la población en las tiendas recaudadoras de divisas, utilizando el quebrado 25 Pesos Cubanos (CUP ó MN) por cada Peso Convertible (CUC ó “Dólares” al decir popular). Ahora un televisor valorado en 300 CUC puede adquirirse pagando 7500 CUP. Es evidente que nada ha cambiado para la mayoría de los atribulados consumidores nacionales.

De otra parte, en las relaciones inter empresas, además entre empresas y productores privados o cooperativas, se permiten intercambios regulados por la tasa 10 CUP/1 CUC, también empleada para revalorizar los fondos empresariales dentro del proceso unificador monetario en marcha.

Detalle adicional no menos significativo, en la Zona de Desarrollo del Mariel, la empresa empleadora monopólica cubana pagará a los obreros a razón de 10 CUP/1 CUC los salarios, considerando previamente cada dólar norteamericano referente igual a un CUC. De hecho se incorpora una tercera tasa de cambio a la economía nacional (1USD= 1 CUC).

Adicionalmente la población compra legalmente CUC a 25/1, los vende a 24/1, además de aceptar informalmente tasas de 23/1 y 20/1 cuando las transacciones se realizan en dependencias estatales hasta hoy sólo autorizadas a recibir moneda nacional por sus productos y/o servicios.

De hecho y de derecho, Cuba vive un sistema de tasas múltiples de cambio, cuya prolongación hacia el futuro inmediato es tentativa, dada la acostumbrada experimentación, mejor decir improvisación, propia de la élite gobernante que hoy dirige los cambios, sin prisa pero sin pausa, determinados a ofrecernos finalmente el paraíso terrenal comunista tantos años atrás prometido.

Ante la imperiosa decisión de eliminar la dualidad monetaria, al menos en su forma visible, jugar con las tasas de cambio, aplicando variantes particulares, constituye una práctica utilizada por ahora de forma temporal, pero que puede convertirse en decisión recurrente de la burocracia que maneja los destinos del país.

Dos economistas vinculados durante años a las esferas donde se decide la economía nacional, Pavel Vidal Alejandro y Omar Everleny Pérez, nos dejan la siguiente advertencia: “La época de los tipos de cambios múltiples ya quedó atrás en el tiempo a nivel internacional como opción efectiva dentro del diseño de los esquemas de política cambiaria, debido a su probada ineficiencia y por todos los costos que ocasiona.”

Cito de la revista cubana Espacio Laical, No-1 del 2014. Los articulistas señalan las negativas experiencias de Argentina y Venezuela, deseando que en Cuba tales decisiones “sean solo un mecanismo transitorio, esperando la convergencia definitiva con el tipo de cambio de la población.”

El trasfondo es aceptar al mercado, cuya obligada presencia es el gran dilema de los comunistas en cuanto a diseñar la economía. El funcionamiento óptimo de las relaciones monetario-mercantiles exige una sola moneda, denominador común para todas las acciones económicas.

Hasta hoy lamentamos la inexistencia de una autocrítica profunda, sincera, por parte del liderazgo histórico de la revolución, en cuanto a sus continuados ensayos económicos, signados por elocuentes cifras negativas.

Una vez más aparece el espectro de las apariencias nublando las realidades. Tal vez finalmente tendremos una sola moneda en los bolsillos y varias a la hora de medir la economía real.

Terminaremos a medias, nadando eufóricos rumbo a una playa cuyas arenas esperan por nuestra pisada de homo erectus, y sapiens a la vez.
—–
vicentemorin@yahoo.com


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