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El Fidel Castro de Girón (II)

Al extremo derecho de la foto, Fidel en Girón

Foto: Archivo

En víspera de otro aniversario del ataque a Playa Girón, el periódico publica hoy la segunda parte y final de un material sobre asociado a los sucesos de la invasión por Bahía de Cochinos. RadioBaracoa reproduce el texto.

 

Por esa zona es el golpe principal

En las primeras horas de la madrugada del 17 de abril, con las informaciones que llegaron al Punto Uno sobre los combates en Playa Larga y en Playa Girón, Fidel junto con los oficiales que le acompañaban en el Estado Mayor, evaluó las condiciones excepcionales de la zona de la Ciénaga de Zapata, su aislamiento del resto de la Isla a la que se une solo por tres terraplenes construidos por la Revolución en sus dos años de gobierno. Durante ese análisis, el Comandante en Jefe apreció que si el enemigo desembarcaba por allí, había que garantizar el acceso de nuestras tropas por una de las tres carreteras y decidió garantizar la que estaba más próxima: la de Australia a Playa Larga. Y esa fue la misión que se le dio a la Escuela de Responsables de Milicias de al frente de la cual se encontraba el capitán José Ramón Fernández.

“¿Cómo pudimos darnos cuenta —preguntó Fidel— de que aquella podía ser la dirección principal? Al continuar llegando de los desembarcos en Playa Larga, que ya se habían producido combates con los milicianos que custodiaban el lugar y también sobre desembarcos por Playa Girón, la primera deducción que hicimos nosotros fue la siguiente: estos, efectivamente, van a tratar de ocupar un pedazo del territorio nacional; estrategia que tenía mucha lógica, porque no era de suponer que ninguna expedición mercenaria fuera a derrotar al pueblo de , aquello tenía que ser el inicio de un mecanismo para organizar una intervención de Estados Unidos a través de la OEA. Eso era clarísimo, ya tenían los dispositivos creados para formar un gobierno […] para instrumentar la intervención extranjera”.

“Sin embargo, lo que viene a confirmar definitivamente la idea de que por allí era el golpe principal es cuando, al amanecer, lanzan a los paracaidistas para tomar la carretera de Yagua­ramas a San Blas, Covadonga-San Blas, Australia-Playa Larga, precisamente en la zona de la ciénaga”. 1

La concepción del plan enemigo, desde el punto de vista estratégico y táctico era acertada, pues en esa franja de tierra firme entre la costa y la Ciénaga de Zapata, entre Playa Larga y Playa Girón podían desembarcar hombres y armamentos pesados por la bahía de Cochinos y utilizar el aeropuerto recién construido por la Revolución. Geográficamente, esta área está separada de la tierra firme por una gran ciénaga y solo puede llegarse a ella por las tres carreteras señaladas por Fidel.

Aniquilar las fuerzas mercenarias lo más rápido posible

A partir del conocimiento de la estrategia del enemigo, el Comandante en Jefe esbozó nuestra estrategia que consistía en: aniquilar las fuerzas mercenarias lo más rápidamente posible, de manera que el enemigo no tuviera tiempo para actuar; tomar inmediatamente parte del territorio que sería ocupado por el enemigo, es decir hacer una cabeza de playa en el mismo lugar que el enemigo pensaba hacer la suya; y no dejar de batir al enemigo bajo ninguna circunstancia, utilizando todas las armas de infantería, los tanques, la artillería y la aviación.

Para materializar esa estrategia, personalmente Fidel dirigió todos los movimientos y acciones de la infantería, los tanques, la artillería y la aviación. Asimismo, organizó la cooperación entre esas fuerzas y unidades durante las acciones combativas.

Una pequeña muestra de ello son las más de cien órdenes que dio, entre las 03:30 horas y las 13:30 del día 17, cuando se dirigía hacia la zona de operaciones. Esas órdenes, preguntas o palabras de aliento eran cortas y precisas, por ejemplo:

“No dejar pasar de Pálpite”; “Limpiar primero de paracaidistas”; “¿Cuántas baterías te quedan?”; “Moviliza las seis baterías y deja una de guardia, que vamos a resistir”; “¿Qué hicieron el Sea Fury y el chorro?”; “Hay que mandar dos baterías de antitanque de 85 más para Jovellanos”; “¿Cómo está la moral de la gente?” “¡Perfecto! Hasta luego”; “Para mañana vamos a tumbar aviones pero hoy vamos a hundir barcos”.

En las decisiones del Comandante en Jefe se destaca el empleo que hizo de los escasos aviones que tenían la Fuerza Aérea Revolucionaria: primero los empleó para hundir barcos y cortar el desembarco; después para la protección de la infantería y por último para la cooperación del avance de los tanques.

Recuerda el entonces capitán José Ramón Fernández que cuando —alrededor de las 12:37 del día 17—, le informó al Comandante en Jefe que se había tomado Pálpite, Fidel exclamó: “¡Ya ganamos! ¡Ya ganamos la !… Les hemos hundido dos barcos y tres lanchones y si ellos no se dieron cuenta de que tienen que defender Pálpite están perdidos”. La importancia del hecho estaba en que aún no habían transcurridos 12 horas del desembarco y ya las fuerzas revolucionarias habían creado una cabeza de playa dentro de la cabeza de playa que intentaban crear los mercenarios.

La estrategia de Fidel contempló organizar la defensa hacia el oeste y hacia el este para de ese modo dividir al enemigo.

Para ello, ordenó al batallón 111 separar las unidades mercenarias que estaban al norte de San Blas de las que se encontraban en Girón; y que el batallón 144 aislara las de playa Larga de las que ocupaban Girón. Con esto, dividirían al enemigo en tres grupos separados unos de otros y podría ser aniquilado con mayor rapidez.

El hoy general de división de la reserva José Ramón Fer­nández afirma convencido que, si se hubiera logrado esto, Gi­rón hubiese caído el día 18. Pero, desafortunadamente, esto no se ejecutó por el batallón 111 ni tampoco por el batallón 144, por lo que al salir mal la operación, el enemigo situado en Playa Larga huyó y unido con la fuerza principal contribuyó a la defensa y fuerte resistencia que hicieron en Playa Girón.

Fidel llegó a la zona de operaciones la tarde del 17 de abril. En el Puesto de Mando del central Australia, el Comandante en Jefe continuó dando órdenes sin descanso. Uno de los lugares que mejor conocía Fidel era la Ciénaga de Zapata, “tanto como la Sierra Maestra o como la palma de su mano”, dijo una vez. De sus recorridos por la ciénaga, él sabía de un camino poco transitado que salía a dos kilómetros al oeste de Playa Larga y comenzó a preparar por ese lugar una operación para salir a la retaguardia de Playa Larga en horas de la madrugada del 18 de abril.

Una acción diversonista del enemigo

En medio de esta situación, el Comandante en Jefe recibió la información de que se estaba produciendo un ataque enemigo por el oeste de . Luego se supo que en realidad fue una acción diversionista del enemigo que, utilizando medios electrónicos, logró dar la impresión de un desembarco y de combates por las zonas de Cabaña y Bahía Honda. Ante la gravedad de esa noticia —y después de solicitar varias veces que confirmaran la veracidad de esa información, pues tenía mu­chas dudas—,  Fidel se vio obligado a trasladarse inmediatamente a , para enfrentar la agresión a la capital.

Acerca de este hecho, Fidel rememora: “Yo estoy organizando el ataque y en ese momento —sería la una de la mañana, una y media, no puedo precisar— me informan que se está produciendo un ataque por el oeste de La Habana […] Cuando llego a La Habana al amanecer, se comprueba que no se había producido el desembarco. Y entonces el compañero que yo dejé allí encargado de la misión no conocía los lugares y no se llevó a cabo el ataque de tanques por la retaguardia de Playa Larga y el enemigo se retira y se puede concentrar en Girón.2

“Siempre sentiré el dolor de aquella operación de flanco izquierda —dijo Fidel— que no pudiera realizarse la misma madrugada”3, pues de haberlo logrado, el enemigo hubiese sido derrotado con mayor prontitud.

Otra de las decisiones estratégicas de Fidel fue la de crear un bolsón con un grupo de unidades en la zona de Yaguaramas, con la orden de no efectuar disparos, para que los mercenarios al tratar de huir por esa dirección fuesen capturados. Esa orden se la dio al entonces comandante Raúl Menéndez Tomasevich a las 11 y 50 horas del 19 de abril.

Cuando las manecillas del reloj marcaban la 1:43 horas de la tarde del 19 de abril, Fidel precisó las últimas indicaciones a su estado mayor en el Punto Uno y partió nuevamente hacia la zona de operaciones, esta vez por Covadonga.

Se te quieren escapar, agárralos

Entre las 02:30 o 03:00 de la tarde del 19 de abril —mientras Fidel se trasladaba a la zona de operaciones—, el compañero José Ramón Fernández recuerda que él estaba cerca de Playa Girón cuando le señalan dos barcos de guerra que se aproximaban: “Estaban a unos dos kilómetros de la costa y cuando miro con los anteojos, veo a dos destructores norteamericanos, que escoltaban y protegían la flota mercenaria, que en ese momento se mueven hacia la costa y penetran en nuestras aguas jurisdiccionales”.

Fernández narra en detalles cómo él vio que empezaban a salir botes de los barcos y botes de Girón hacia los barcos y cómo él le envió un mensaje a Fidel “del que no me arrepiento, pero que en cierto grado me abochorno” —afirma sonriente—, en el cual le solicitaba un batallón de infantería y un batallón de tanques, porque se estaba produciendo un nuevo desembarco.

La respuesta de Fidel al gallego Fernández fue: “Lo que se te quieren es escapar, agárralos”.

Fernández, hombre de gran sabiduría, no puede dejar de reírse mientras nos cuenta: “¿Se imaginan ustedes? Yo estoy mirando los barcos con los binoculares, y es Fidel quien, desde donde no se veía el mar, dedujo con claridad cuál era el propósito de los destructores y qué operación planeaban”.

Esa apreciación de Fidel contribuyó a evitar que los mercenarios se escaparan.

Hasta que las esteras se mojen con el agua de la playa

En horas de la tarde del 19 de abril, Fidel arribó al Helechal para dirigir personalmente la ofensiva final a Playa Girón. Tan pronto llega, precisa a varios oficiales, el plan de cómo sería la ofensiva final: “Hay que llegar a Girón y tomarlo antes de 72 horas, por cuestiones ”. Entonces se subió sobre un tanque de guerra y desde allí comenzó a hablarle a la tropa y a los oficiales reunidos. Y dijo:

“El enemigo trata de reembarcar y simular ante el mundo que el ataque ha sido una comedia de nuestra parte. ¡No permitamos que escape uno solo de ellos!

“¡Adelante!, ¡No nos detengamos hasta llegar a la playa! Si cae el primero, llega el segundo, si cae el segundo llega el tercero, pero se llega a la playa ahora mismo.

“Que no se detengan los tanques hasta que las esteras se mojen con el agua de la playa, porque cada minuto que esos mercenarios estén sobre nuestro suelo entraña una afrenta para nuestra Patria”.4

Al concluir sus palabras, cuando dice que él irá en el tercer tanque, se produjo la negativa de todos los compañeros.

Según Abrahan Maciques, quien era uno de los presentes, esa negativa fue una reacción lógica de todos los compañeros para que el Comandante en Jefe no se arriesgara, para protegerlo.

La respuesta de Fidel los dejó impactados a todos. “… dijo enérgicamente, que él era el Jefe de la Revolución y que como Jefe de la Revolución, él tenía el derecho […] de combatir y de entrar en Playa Girón igual que lo iba a hacer el resto de los compañeros”.5

Seguido por el silencio, Fidel subió al tercer tanque y no paró hasta llegar a su destino.

Playa Girón —el último punto defendido por los mercenarios—, cayó a las cinco y 30 de la tarde.

Fuente: Granma

Trabajo relacionado: El Fidel Castro de Girón

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