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Ejercer el periodismo en Cuba

Vicente Morín Aguado

Un aporte al artículo de Frank Simón: La Prensa que agoniza y las prensas que florecen.

Foto: Juan Suárez

Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — El autor de referencia reitera un argumento básico: el destinatario obligado de cualquier ejercicio periodístico se nombra lector. Ampliando el concepto hasta la retórica comunista prevaleciente, diríamos pueblo. La primera advertencia es que en los sistemas totalitarios de partido único conocidos, es notorio el distanciamiento entre la proclama y la puesta en ejecución de lo proclamado.

Cualquier comunicador social, sin importar medio o régimen político, comprende que se debe a la masa de personas atentas a sus propuestas. Los líderes de nuestro país bien lo saben, de otra forma no tendría sentido mantener la inmensa maquinaria de difusión de ideas que crean, a la vez cortando al máximo cualquier competencia a su preciado monopolio.

La solución es simple, está predeterminado qué debe interesarle al “querido pueblo”. Ejemplo: Octavio Paz o Mario Vargas Llosa, premios Nobel de Literatura, no son recomendables.

Al comentar el artículo que inspira estas notas, José Darío Sánchez, escribió: “Si la prensa digital alternativa cubana llegara a todo el pueblo…hoy por hoy Diario de Cuba, 14 y medio, etc. se llevarían a todos los lectores de la prensa oficial por amplio margen. Nadie leería a Granma, Juventud, Trabajadores,…pero, la censura, ¡siempre la censura!”

Viene a colación otra advertencia sobre los modales que aplican nuestros habilidosos dirigentes: crear una frontera nebulosa, deliberada, entre lo que puede o no puede ser, tal es el caso de Diario de Cuba y Havana Times que no están bloqueados a los internautas.

Ese lector para quien debemos escribir, se preguntará, ¿Entonces qué sucede?

La paradoja radica en que luego de varias décadas con Internet casi totalmente prohibido -de facto y por los precios-, ahora miles de personas se reúnen diariamente en los numerosos puntos -pasan de cincuenta- habilitados para WI-FI. Antes pagaron sin ruborizarse el equivalente a dos dólares la hora con tal de escaparse en Facebook buscando amigos del más allá o video llamando a sus seres queridos. Es raro verlos, al menos unos minutos, explorando la información alternativa a su alcance.

Falta mucho para que la mayoría de mis compatriotas asuma el periodismo digital como fuente informativa veraz, inmediata y fácil de alcanzar. El discurso oficial no se cansa de estigmatizar a los periodistas llamados independientes. Cualquier informador profesional enfrenta la injuria de ser considerado ilegal, contrarrevolucionario o  sencillamente “problemático”, cuando se presenta como colaborador de un medio en la WEB.

Frank Simón esbozó la idea central de un asunto medular:

“Mientras llega el momento de escribir de veras y no el de preguntar de qué lado se escala mejor y más rápido, habrá este periodismo subterráneo, rebelde, inconforme, que no pide permiso, este que no entra en concertaciones, este cuya agenda es el lector, sí, porque lo alternativo no solo es colocarse al otro lado, sino estar del lado correcto, junto a la ética que nos duele.”

Supongamos que una autoridad exige a un científico certera respuesta sobre determinado asunto. El pensador conoce la fórmula apropiada, compuesta por seis factores, muestra la ecuación a su Jefe, quien, dubitativo, hace una mueca ligada a la siguiente advertencia -de acuerdo, pero el factor # 5 no puede ser esgrimido, se trata de un asunto político estratégico delicado: ¡Óbvialo!-. ¿Podrá el competente académico ofrecer la conclusión correcta?

Tal sucede a la prensa “revolucionaria” cubana, en aras de preservar intereses políticos “superiores”, tiene que ignorar  determinados aspectos de la realidad. Tal sucede con las remesas monetarias cuando se analiza la economía nacional. Los especialistas soslayan, minimizan o simplemente olvidan que se trata del aporte neto más cuantioso al Producto Interno Bruto del país. Los líderes revolucionarios parecen avergonzarse de este hecho económico.

Bastan las tres advertencias enunciadas para comprender el dilema del periodismo atado al Partido Comunista de Cuba:

1-Trabajan para el pueblo, pero la interpretación de este axioma viene signada por una burocracia recelosa de ese cuarto poder que es preciso controlar en detalle.

2- Los límites entre lo legalmente permitido-prohibido en Cuba son difusos, siempre habrá espacio para justificar prácticas censurables, creando la consecuente confusión entre los lectores.

3- Las ecuaciones planteadas a la hora del análisis difícilmente contarán con todos los factores predeterminados, queda a los informadores la fraseología justificativa del engaño.

No es raro entonces hablar de La prensa que agoniza y las prensas que florecen.

 

Vicente Morín Aguado: muchasemes@outlook.com

 


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