Mas de 200,000 enlaces a la prensa Cubana . Miles de visitantes diario. Necesitamos un servidor mas fuerte. Ayudanos por favor.


Necesitamos una sociedad más justa

Osmel Ramírez Álvarez

Foto: Oliver Doual

Foto: Oliver Doual

HAVANA TIMES — Hace poco escuché a Evo Morales expresarse muy mal del centrismo en uno de sus discursos de campaña para la reelección. Dijo literalmente que para él “solo había izquierda y derecha: o eres una cosa o eres la otra”. Que “el centrismo es un fraude, un camuflaje para engañar a los pueblos”. Es conocido también que en todas sus alocuciones ataca al capitalismo, como antítesis maligna de lo que él considera “socialismo”.

Vemos en Venezuela a Maduro siguiendo el estilo socialista de Chávez (también anticapitalista), mientras ceden terreno a un ritmo vertiginoso ante los grupos políticos que representan los intereses del capital. Después de haber tenido una década y media de hegemonía política, en vez de enamorar más al pueblo lo han asqueado y ahora no gozan de un apoyo mayoritario. Algo contradictorio a simple vista, pero muy lógico si se analizan las posturas erradas que se asumieron bajo la influencia del socialismo ortodoxo-radical.

Por su parte, en Ecuador vemos a Correa con gran talento político, con ideas de trasfondo socialistas-moderadas, pero queriendo adelantar algunos proyectos legislativos fuera de lugar, con sabores a un pasado errado. Semejante posición también tiene Daniel Ortega en Nicaragua, al menos a nivel de discurso.

Mayor éxito han tenido los líderes de la izquierda centrista en países como Brasil, Argentina, Uruguay y República Dominicana. Han potenciado el desarrollo económico de la mejor manera posible: con proyección social, pero sobre la base de promover el desarrollo capitalista nacional. Aun así han perdido poder político momentáneamente, (no liderazgo), frente a las fuerzas de la extrema derecha, por diversas causas.

En los EUA un candidato de posiciones centristas (o podríamos decir socialistas moderadas), como Bernie Sanders, ha logrado aglutinar un segmento importante del electorado demócrata. Y aunque tiene pocas posibilidades reales de ser el próximo inquilino de la Casa Blanca, ha demostrado que esas ideas progresistas de equidad dentro de la democracia y del capitalismo son también reclamadas por la sociedad estadounidense.

Foto: Oliver Doual

Foto: Oliver Doual

Por otro lado PODEMOS en España ha ganado un espacio político importante, marcando diferencia tanto de la izquierda radical como del pseudo-socialismo tradicional. Tsipras en Grecia llegó al poder con ideas socialistas moderadas y la más cruda realidad lo ha empujado hacia posiciones más de centro-derecha. Los socialdemócratas gobiernan en Francia y en el norte europeo o gobiernan o son una importante fuerza política cuyo legado, “el estado de bienestar”, aún se preserva como una conquista invaluable.

Más al extremo vemos a Cuba preservando el socialismo marxista-leninista; forzada a realizar cambios por la crisis, pero con la cautela de que sean lo menos profundos posible, para que no afecte el control político de la élite partidista. China y Viet Nam también inalterables en lo político, pero con grandes aperturas al capital y exhibiendo por ello buenos resultados económicos. Una especie de Socialismo de Mercado que les ha funcionado para salir de la debacle en que se sumergieron con el modelo netamente ortodoxo, similar al que Cuba trata de preservar.

Corea no merece ni mención. Es el colmo del ideal socialista exacerbado: un estado militarizado, cerrado al resto del mundo, con un control social diez veces más intenso que el cubano. Mejor ni hablar.

El escenario socialista está más o menos así. A nadie le cabe duda, pues es un hecho irrefutable, que el modelo ortodoxo no funciona ni funcionará de manera sostenible. El socialismo de mercado, que mantiene el totalitarismo ortodoxo en lo político y se abre al mercado en lo económico, funciona en lo que resuelve (la economía); pero lo que deja pendiente (la política), es una bomba de tiempo que ha de estallar algún día si no se apresuran al cambio.

China de esa manera se ha convertido en la segunda economía mundial y es un actor decisivo en el equilibrio internacional actual. El empoderamiento económico de sus ciudadanos reclama justicia política y reclama democracia. Probablemente la mayor crisis que azotará  los mercados en un futuro cercano sea producto a las convulsiones políticas que se puedan producir en el gigante asiático, si no promueven pronto un sistema político que sea verdaderamente democrático.

Foto: Orlando Garcia

Foto: Orlando Garcia

Actualmente, si se es objetivo, hay que ver al ideal socialista solo contrapuesto al neoliberal, a la dictadura del capital. ¡Solo eso! El marxismo-leninismo no lo ve así. Promueve la eliminación del capital para conseguir la justicia social; el dogma de la vanguardia partidista, que deviene en dictaduras de izquierda inviables y enquistadas en el poder.

Al final, donde menos voz y mando ha tenido la mayoría social (los trabajadores) es en el socialismo ortodoxo; ese que todavía muchos llaman equivocadamente “socialismo real”. Mejor digámosle “irreal”. Los sindicatos terminaron siendo marionetas del Partido. Por eso hace tiempo que los pueblos no siguen esos partidos socialistas-radicales y son minoría política en todas partes.

No me importa lo que digan los especialistas o los clásicos. Unos y otros están pensando el socialismo para los hombres y mujeres del siglo XIX y con las ideas y doctrinas del  XIX. Los ciudadanos del siglo XXI tenemos otras características y otras expectativas, las cuales demandan nuevas doctrinas que se ajusten a nuestra realidad.

Yo lo veo así: es tarea de los seres humanos más juiciosos frenar la depredación del planeta; frenar las grandes desigualdades y sus grandes consecuencias; hacer del mundo un lugar mejor, más justo, más equitativo y verdaderamente sostenible. La mayoría de los seres humanos están tan concentrados en su propia supervivencia o en vivir intensamente sus vidas personales, que dan poca importancia a los problemas globales o a la propia esencia de sus asuntos. El altruismo es virtud de pocos.

Si lo dejamos todo en manos del capital, con su sed inagotable de ganancias, a dónde iremos a parar. Con seguridad el mundo subdesarrollado no alcanzará el nivel de vida de los USA o de Europa. Tampoco para frenar su ímpetu arrollador debemos destruirlo como aconsejó Marx, porque sería un suicidio tanto para el bienestar actual como para el progreso futuro. Ni ceder nuestros derechos a una élite política, que luego nos hace más daño que el propio capital. Debemos, pues, buscar el equilibrio.

Continuará…


Go to article


Go to Source Site

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *