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¿Qué interés presta la industria alimentaria cubana a la salud de sus consumidores?

Yenisel Rodríguez Pérez

Foto: losportales.cu

Foto: losportales.cu

HAVANA TIMES – Hagamos un sencillo experimento. Busque en la información nutricional de los refrescos Ciego Montero el por ciento que representa su contenido de en una dieta de 2000 calorías para un día.

Les adelanto el resultado: la información está omitida.

¿Saben cuánta azúcar posee esa lata de refresco en su versión con sabor a naranja? ¡30 gramos! Esa cantidad es el límite superior para una ingesta diaria en una dieta saludable.

O sea, toda la azúcar que usted haya consumido antes o después de beber ese refresco, le asegurará una sobredosis. La dosis excesiva podrá alcanzar fácilmente niveles altamente perjudiciales si se práctica el hábito de insértalo en meriendas, fiestas paseo o como recompensa infantil.

Un amigo opina que hacerse diabético es casi tan malo como infectarse de VIH, sin embargo, a la mayoría parece no importarle mucho. De lo anterior se aprovecha nuestra industria alimentaria y por lo mismo favorece la pervivencia de estos malos hábitos alimenticios.

Ejemplos como estos sobran en nuestro mercado interno, lo cual va de la mano de la inefectividad de las instituciones encargadas de controlar el desempeño industrial en el tema de la salud pública. Hoy nuestros proveedores ven luz verde para cuanta bazofia nos quieran vender.

Y para qué hablar de los programas sociales para la alimentación que se aplican en .

Está, por ejemplo, el tristemente célebre Lactasol. No creo que exista en el mundo un producto tan dulce como este. Una bebida instantánea de soya y chocolate para personas de la tercera edad, que sospecho sea una estrategia de decreciemenato poblacional forzado. Se “pudren” en las bodegas.

Tenemos el caso de empaques desactualizados del contenido de sus productos, ocultando la disminución en calidad de estos sin que muchas veces quede reflejado en el precio final.

Decíamos que ejemplos sobran y la pregunta queda más que respondida con solo echarle un vistazo a nuestro entorno de consumo. Por eso no debemos dejar de tomar nuestras precauciones en un mercado colonizado por la indolencia del fiscalizador y la avaricia del burócrata.

No dejemos que Ciego Montero nos “ciegue”.

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