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Adiel Palma: “la vitamina del corazón, Comandante”

“La primera vez que saludé a Fidel fue en 2004, al regreso de los Juegos Olímpicos de Atenas. Éramos parte del último grupo de la delegación cubana y (Ariel) Pestano y yo veníamos con la bandera cubana. Recuerdo me preguntó. ‘¿qué vitamina tú tomas?’; ‘la del corazón, Comandante’, le respondí. ‘Entonces mantente’, dijo.

Así de escaso en palabras; pero nunca en significados, aconteció el diálogo entre el líder de la Revolución y el lanzador cienfueguero Adiel Palma. Y hoy, cuando toda Cuba pone en una flor y una firma el tributo ante la pérdida física, tampoco se necesitan tamañas explicaciones: un campeón olímpico siempre exhibe su gloria en el pecho.

“Pude saludarlo en tres ocasiones. Esa, la de 2004, fue un contacto rápido. Conversamos un poco más en la segunda, en 2006, al volver del Clásico Mundial. La otra fue ese mismo año, cuando nos entregaron la bandera de equipo deportivo del país. Ahí tuve la oportunidad de estrechar su mano y darle un abrazo. La ceremonia tuvo lugar en el teatro Karl Marx. Yo iba de salida y me avisan que Fidel me había mandado a buscar. Ya junto a él me preguntó por el resto del equipo, porque en ese momento solo estaba una representación de nosotros: qué hacían, cómo andaban en el entrenamiento…

“Siempre estuvo al pendiente de todos los atletas, de la preparación, los problemas personales, la familia… Después de su caída en Santa Clara no tuvimos otro contacto con él; pero seguimos muy atentos a su salud, mayormente a través de Tony (Castro), su hijo”.Adiel Palma: “la vitamina del corazón, Comandante”

Con una vida sobre el box, Palma sabe de imprevistos y aquellas cuestiones que, no por sospechadas e incluso previsibles, dejan de sobresaltar. En eso, la vida y el béisbol juegan en una misma novena.

“Imagínate, en cierta forma estábamos preparados, pues algún día lo íbamos a perder físicamente e igual sorprendió la noticia. Lo supe al día siguiente. Fue el niño mío quien, temprano en la mañana, se me acercó y dijo: ‘murió Fidel’. Me quedé unos minutos sin poder reaccionar, pensando mil cosas… Él lo anunció en su discurso en el Congreso del Partido, que sería su última vez hablándole al pueblo. Fue una especie de despedida.

“Nos toca seguir sus ideas, mantener su estirpe, su espíritu; esa voluntad que lo distinguía. Eso nos queda. De cierta forma, cuando salíamos al terreno representando al país en un partido importante, lo hacíamos con esa garra, pensando en él.

“En estos días le he dado muchas vueltas a su concepto de Revolución. Lo confrontaba con lo plasmado en las Sagradas Escrituras sobre el amor y son notables las coincidencias. Era un hombre con una visión muy grande. Me atrevería a compararlo con un mesías, el mesías de Cuba… No creo haya existido otro hombre, a no ser Jesucristo, con cualidades similares a las suyas. Dicen que cada muchos años nace una persona así de excepcional… Ojalá y el próximo sea cubano también”.

 


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