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Antonio Muñoz: “voy a seguir llorando a Fidel”

Cuando se conoció la noticia de la muerte de Fidel y las reacciones permitieron alguna asociación, muchos en Cienfuegos pensaron en Antonio Muñoz. Si todavía podíamos comprender el dolor ajeno en la pequeña brecha que dejaba el propio, llegaba hasta el hijo de Petrona nuestro pensamiento. Devoción: esa es la palabra. De ambas partes, pudiera decirse. Dos gigantes, más allá de la estatura física. ¿Cómo asumiría el del Escambray esta pérdida?

Muñoz fue de los primeros en llegar el lunes, cuando dio inicio el tributo al líder de la Revolución en la sede de la Asamblea Provincial del Poder Popular en Cienfuegos. Flor en mano, conversador siempre, esta vez lucía más sobrio que de costumbre. Solemne, en la amplitud del término.

“Recibí la noticia a las 5 de la mañana. Me levanté a esa hora, preparé la cafetera para ponerla en el fogón y cuando puse el televisor y vi la noticia, no sabía si poner la cafetera en el fogón o quedarme con ella en la mano… Fui al cuarto y le conté a mi familia. Desde ese momento, ni mi esposa ni mi hijo durmieron más: yo quise que estuvieran conmigo, acompañándome, para que, de alguna forma, Fidel siguiera con nosotros”.

No hacían falta preguntas. Casi nunca las necesita un periodista frente al inigualable Antonio Muñoz. Su voz de trueno se escuchaba triste; pero vital. No divagó ni buscó tiempo para organizar las ideas: eran muchas las horas asimilando la ausencia con la presencial vigencia de los recuerdos. Pero solo los enumeraba, sin conseguir abarcar el final del relato.

“Yo tengo muchas anécdotas con él… Aquella de correr y darle la vuelta al cuadro con un bate en la mano después de un cuadrangular. Fidel me preguntó por qué lo hacía y le respondí que el comisionado me había dicho que si no daba jonrón, no me regalaba el bate. Y él me dijo: ‘¡si tú te has ganado millones de bates!’… Otra vez le pedí que me dedicara una pelota y me puso: ‘un millón de felicitaciones para Antonio Muñoz, de Fidel Castro’… Y en otra estaba en el Escambray, mi lugar de origen y él andaba de recorrido y cuando me vio mandó a parar los carros, se bajó y fue a saludarme…

“Fidel es mi padre, mi existencia, es lo que hoy vivo: la Revolución Cubana. Mi padre me trajo al mundo y Fidel me hizo lo que soy para poder darte esta entrevista hoy. El mejor homenaje para él es ser cada día mejores en nuestra vida, por lo que nos juró y nos cumplió. Ahora nos toca a nosotros decirle: ‘descansa, nosotros estamos aquí para continuarla’.

“Te digo: en estos días he hablado mucho de Fidel y he llorado muchas veces a Fidel. Y voy a seguir llorando a Fidel”.


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