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Del N-O a la contaminación de la bahía

Miguel Martel Arbelo es un viejo conocido en nuestra Redacción. Su responsabilidad ciudadana lo trae esta vez con interrogantes, para él, sin respuestas. Ya no le restan puertas por tocar en la ardua gestión de hacer de su “Pastorita” un mejor reparto para el disfrute de sus vecinos.

“El edificio N-O, donde vivo, es el lugar más bajo del reparto. Normalmente, cuando llovía se inundaba, pues está colapsado todo el sistema de colectores; pero el agua subía a un nivel aceptable. Sin embargo, a partir de una inversión del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), el problema se ha agravado, porque instalaron una conductora sin la capacidad suficiente”, nos cuenta.

Refiere Martel la rehabilitación del sistema de tratamiento de residuales ejecutada por la ECOI 12, desde el segundo semestre de 2015 hasta febrero de este año. “Es un infierno —continúa—, al más mínimo aguacero los albañales no pueden evacuarse y empiezan a retroceder, los registros vierten las dos aguas mezcladas”.

Mariela Rodríguez Morales, vecina del primer piso del N-O, confirma la historia: “Llevo 25 años viviendo aquí y como esta última vez (septiembre 2016), nunca había ocurrido. Era agua sucia, negra, con mal olor, llegó hasta los límites del balcón. Llueve poco y se inunda, yo pienso que si viene un ciclón, nos evacúen”.

Mientras, Henry Aguilera Castillo, inversionista de la delegación provincial del INRH, niega esta correspondencia: “El problema viene desde hace más de quince años, no lo provocó la inversión”.

Unido a las molestias a la población, el asuntó despertó otra preocupante en torno a las consecuencias medioambientales: ¿esta conexión de la red pluvial y el alcantarillado de Pastorita representaba una significativa carga contaminante a la bahía?

EL CASO PASTORITA

La rehabilitación del sistema de tratamiento de aguas residuales en Pastorita, constituyó, en su momento, una obra inducida del Polo Petroquímico. La paralización del mismo afectó la ejecución, ya para entonces avanzada, y el INRH de Cienfuegos decidió financiarla, con un monto cercano a los dos millones y medio de pesos.

“Era necesario darle valor de uso a todo el sistema, por eso asumimos el trabajo. En este reparto existe mucha vinculación entre las dos redes por falta de mantenimiento e indisciplina tecnológica, tanto de personas naturales como, quizás, de la misma institución de Acueducto, porque ante una tupición, lo más fácil es conectarla al pluvial”, explica Pablo Fuentes Chaviano, delegado provincial del INRH.

La inversión implicaba devolver la funcionalidad de las lagunas de oxidación, la estación de bombeo y las conductoras que unen a dichos componentes. De esa forma, se aseguraría que el agua evacuada del reparto recibiera el tratamiento establecido y llegara a su destino, la bahía, sin representar un peligro de contaminación para esta. Como era de esperar, el punto de máxima recogida de residuales pertenecía al pluvial (agua de lluvia), y ello justificó la conexión a este del nuevo sistema. Pero bastó la primera precipitación para demostrar limitaciones funcionales.

Lo explica el ingeniero hidráulico Fermín Arnaldo Montalvo Colarte, especialista del ramo en la Empresa Provincial de Acueducto y Alcantarillado (EAA): “Existe una infraestructura colectora capaz de asumir un determinado volumen de agua por unidad de tiempo (flujo), y cuando llueve, excede la capacidad para la que fue diseñada el conducto, de ahí los desbordamientos”.

¿La solución? “A los pocos días de terminado el trabajo se construyó un fusible para las épocas lluviosas. Levantamos un muro en la tubería para limitar el paso al pluvial en tiempo de seca, con una altura adecuada para permitir aliviar la situación cuando subiera el nivel de las aguas”, declara Fuentes Chaviano.

La modificación reincidió en el mismo daño que intentaba enmendar: en época de lluvia una parte del residual regresa al camino del pluvial y de ahí a la bahía, sin los filtros exigidos en dicho tránsito, como lo establece el artículo 95 de la Ley 81 del Medio Ambiente, pues las aguas residuales “de la actividad económica y social, antes de ser vertidas al medio ambiente, tienen que recibir el tratamiento correspondiente para que no contaminen los embalses y cuerpos de aguas terrestres y marítimas”.

Violaciones como estas fueron frecuentes en décadas anteriores. Acometerlas hoy institucionalmente, en momentos cuando las inversiones resultan casi un lujo, parece fuera de toda lógica.

“El vertimiento antes era de un ciento por ciento, yo lo bajé a un 10, ¿hay efectividad o no? Si un residual se va por otro lado, este no es el alcance del trabajo, sino que el sistema de tratamiento funcione con eficiencia y cumpla la norma de vertimiento. Tratamos de garantizar la mayor colección posible; pero no hicimos nada en el sistema de distribución”, fueron los argumentos del delegado provincial del INRH.

Por su parte, el inversionista de la propia entidad añade que una solución definitiva atraviesa el prisma del financiamiento. Según sus consideraciones, deben enfrentar el problema paulatinamente, “se resuelve esta fuente contaminante en situaciones normales, si no hay lluvia, si no hay un escurrimiento importante”.

Como responsable estatal de las redes y su regulador, Recursos Hidráulicos deviene juez y parte en el proceso. Resulta, en la mayoría de los casos, inversionionista y cuentan con los cuerpos de inspección para controlar el uso y la explotación del sistema.

Sobre este particular, concluye el delegado: “Se viola la Ley 81, sí, y la propia ley de nosotros, el Decreto ley 138 de las aguas terrestres, porque la provincia tiene una cobertura de tratamiento de residuales solo de un 38 por ciento y de esos, el 70 por ciento en mal estado, o sea, afectamos el medio en una proporción importante”.

PRONÓSTICOS

En la provincia existe el Grupo Bahía, bajo la dirección del Gobierno y con el asesoramiento del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma). Una de sus especialistas, Danary del Toro Mena, nos muestra un diagnóstico del territorio: “Se han identificado cerca de 190 fuentes contaminantes de manera general, donde también se incluyen los residuales”.

Lo más cómodo resulta culpar a la ciudadanía de tales atrocidades, mas la irresponsabilidad no es privativa de un solo sector. Así lo considera Fermín Arnaldo Montalvo Colarte, especialista de la EAA: “Sin el consentimiento de las direcciones técnicas, determinados jefes de cuadrillas nuestras se arrogan el derecho de incorporar sistemas de aguas residuales al drenaje pluvial urbano; la antigua zanja de Dorticós es un ejemplo”.

De manera paralela inciden en la contaminación, Palmira, Lajas, Cartagena, Cruces, Abreus y la mayor parte de Rodas, localidades todas carentes de alcantarillado, cuyos albañales vierten directo al entorno. En la ciudad, “Pueblo Griffo está colapsado, Tulipán tiene muchos tanques sépticos individuales mal construidos, hay una (in)cultura de conectarse a la zanja y eso vincula al arroyo Inglés, y al Calabaza. En Punta Gorda tampoco hay, solo un sistema de tratamiento de los años 50 de seis o siete viviendas, cuyos colectores van al mar; las fosas particulares también se conectan ahí”, explica el ingeniero Pablo Fuentes Chaviano.

La institución muestra ahora manos atadas ante posibles proyecciones. Tres millones de pesos para inversiones en 2016, presupuesto más bajo de todo el país, ha limitado la construcción de grandes obras y para el año próximo prevén “inversiones cero”, palabras textuales. La legalidad se hará de la vista gorda hasta que el dinero le restituya su valor o el medio ambiente nos cobre la factura.


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