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Fidel nos marcó desde el mismo 1950

Fundador de los periódicos Vanguardia, de Villa Clara, y 5 de Septiembre, de Cienfuegos, el historiador y escritor Andrés García Suárez guarda valiosos recuerdos de su experiencia personal cerca del Comandante en Jefe Fidel Castro. De ese rico caudal de vivencias nos cuenta y reflexiona.

“Fidel está en Cienfuegos y en mí desde noviembre de 1950 cuando llegó a esta ciudad en apoyo a una huelga que los estudiantes teníamos en el instituto de Segunda Enseñanza, del que yo era delegado de la Asociación de estudiantes de cuarto año. Entonces conocí a aquel joven animoso, valiente, inteligente, ingenioso y tremendamente vital.

“Desde ese momento me marcó y lo admiré. Era alguien distinto en un país convulso, con inmensa población carente de los más elementales derechos ciudadanos y que pasaba mucho trabajo para poder vivir. Mi familia misma, por no poder pagar alquiler nos desahuciaron. Pues en medio de aquellas calamidades sociales llegó ese hombre en muestra de solidaridad con el estudiantado cienfueguero, y por cuya actitud decidida y valerosa fue hecho preso y trasladado al vivac de Santa Clara.

“Tras el triunfo de la Revolución, en la memorable noche del 6 de enero de 1959 volvimos a tener un encuentro con Fidel, esta vez convertido en el jefe guerrillero victorioso al frente de la Caravana de la Libertad, cuando se desvió de su ruta de la Carretera Central para visitarnos. En ese multitudinario recibimiento en el parque Martí, donde comenzó la empatía entre él y este pueblo, expresó: ‘A Cienfuegos teníamos que venir a rendir tributo a los mártires y a saludar al heroico pueblo del 5 de septiembre’.

“Ese es el orgullo que siempre he sentido como cienfueguero. Ahora bien, de periodista guardo invaluables anécdotas relacionadas con el máximo líder de la Revolución. Por ejemplo, trabajando en el periódico Vanguardia, Arnaldo Milián, primer secretario del Partido en la antigua provincia de Las Villas, nos encargó a Tomás Álvarez de los Ríos* y a mí escribir un libro sobre las transformaciones en las lomas del macizo de Guamuhaya.

“En esas incursiones periodísticas que luego cuajaron en las páginas de El Escambray en ascenso, nos encontramos en tres ocasiones con Fidel. La primera fue en un concentrado rural de alumnos de quinto y sexto grado, donde lo vimos en short verde olivo y camiseta mientras jugaba baloncesto. La segunda, en el hospitalito de El Nicho mientras escuchaba las quejas de la población por la intermitencia de médicos y su promesa de que eso se resolvería de inmediato, tal y como en efecto se solucionó en plazo breve.

“De nuevo en medio del lomerío fuimos testigos de la inmensa humanidad de Fidel. Recuerdo que en una conversación con constructores de caminos reparó en un obrero apartado y remiso a hablar. Se llamaba Mateo Ojeda Macías y era engrasador de la brigada. Se interesó por tal retraimiento y supo la causa: el muchacho padecía de labio leporino. El Comandante lo llamó aparte y con su brazo sobre los hombros del afligido le preguntó: ‘¿tú te quieres arreglar el labio ese?’ Aquel le respondió sin respirar: ‘¡Yo sí, Comandante!’, y cuando sus compañeros enterados de la buena nueva comienzan a hacerle chanzas, el Fidel que recordaré siempre como hombre en extremo sensible les dijo: ‘Si nosotros somos capaces de derrumbar esas lomas, de arreglar los buldóceres esos cuando se rompen, ¿¡cómo no vamos a ser capaces de arreglar a los hombres!?…’. El 15 de enero de 1971 fueron a buscar a Mateo a la brigada, lo operaron en la capital, lo hospedaron en el hotel Habana Libre ‘que hasta en el elevador me monté’ –contaba– y tras dos operaciones ‘¡quedó nuevo y hasta encontró novia!’, jaranearon sus compañeros.

Precisamente en la zona de la Ciénaga de Zapata donde ocurrió la Victoria de Playa Girón, realizaba como periodista del 5 de Septiembre, en marzo de 1981, un grupo de reportajes y entrevistas para publicar en el vigésimo aniversario de esa gran jornada histórica al mes siguiente. Allí, en dos ocasiones distintas, el fotógrafo que me acompañaba, y yo, nos encontramos con Fidel, que realizaba un recorrido por esos lugares históricos, y controlaba las nuevas obras en la playa remozada. En la segunda de ellas, ¿puedes creerme esto?, se acordó de nosotros y me dijo: ‘Vengan acá, ¿ustedes no son los periodistas de Santa Clara?’. No resultó una entrevista formal, pero sí una enjundiosa conversación sobre aspectos históricos y constructivos de aquel territorio antaño preterido, que fueron publicados en su oportunidad. Pero para mí lo más emocionante fue que Fidel nos recordara de aquellos encuentros en las montañas del Escambray. Sólo un hombre como él podía ser capaz de recordar a un reportero con quien se había cruzado ¡diez años antes!

“Los cienfuegueros tuvimos la suerte de tenerlo muy a menudo por acá, ya fuera durante los frecuentes chequeos de la marcha de las muchas obras en construcción aquí, o acompañando a visitantes de alto nivel a quienes invitaba venir con él; en fin, nuestra provincia atesora el privilegio de haber contado con su presencia en múltiples oportunidades”.

Andrés, ¿cómo definir a Fidel con una sola palabra?

“¡Inmortal!, Fidel es inmortal, no tengo dudas”.

(*) Periodista y escritor espirituano (1918-2008), colocó en su hogar unos 5 mil proverbios y frases impresos sobre ladrillos “a cara vista”, que caracterizan el exterior del inmueble, convertido hoy en el Museo de los Refranes.


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Fidel nos marcó desde el mismo 1950

Fundador de los periódicos Vanguardia, de Villa Clara, y 5 de Septiembre, de Cienfuegos, el historiador y escritor Andrés García Suárez guarda valiosos recuerdos de su experiencia personal cerca del Comandante en Jefe Fidel Castro. De ese rico caudal de vivencias nos cuenta y reflexiona.

“Fidel está en Cienfuegos y en mí desde noviembre de 1950 cuando llegó a esta ciudad en apoyo a una huelga que los estudiantes teníamos en el instituto de Segunda Enseñanza, del que yo era delegado de la Asociación de estudiantes de cuarto año. Entonces conocí a aquel joven animoso, valiente, inteligente, ingenioso y tremendamente vital.

“Desde ese momento me marcó y lo admiré. Era alguien distinto en un país convulso, con inmensa población carente de los más elementales derechos ciudadanos y que pasaba mucho trabajo para poder vivir. Mi familia misma, por no poder pagar alquiler nos desahuciaron. Pues en medio de aquellas calamidades sociales llegó ese hombre en muestra de solidaridad con el estudiantado cienfueguero, y por cuya actitud decidida y valerosa fue hecho preso y trasladado al vivac de Santa Clara.

“Tras el triunfo de la Revolución, en la memorable noche del 6 de enero de 1959 volvimos a tener un encuentro con Fidel, esta vez convertido en el jefe guerrillero victorioso al frente de la Caravana de la Libertad, cuando se desvió de su ruta de la Carretera Central para visitarnos. En ese multitudinario recibimiento en el parque Martí, donde comenzó la empatía entre él y este pueblo, expresó: ‘A Cienfuegos teníamos que venir a rendir tributo a los mártires y a saludar al heroico pueblo del 5 de septiembre’.

“Ese es el orgullo que siempre he sentido como cienfueguero. Ahora bien, de periodista guardo invaluables anécdotas relacionadas con el máximo líder de la Revolución. Por ejemplo, trabajando en el periódico Vanguardia, Arnaldo Milián, primer secretario del Partido en la antigua provincia de Las Villas, nos encargó a Tomás Álvarez de los Ríos* y a mí escribir un libro sobre las transformaciones en las lomas del macizo de Guamuhaya.

“En esas incursiones periodísticas que luego cuajaron en las páginas de El Escambray en ascenso, nos encontramos en tres ocasiones con Fidel. La primera fue en un concentrado rural de alumnos de quinto y sexto grado, donde lo vimos en short verde olivo y camiseta mientras jugaba baloncesto. La segunda, en el hospitalito de El Nicho mientras escuchaba las quejas de la población por la intermitencia de médicos y su promesa de que eso se resolvería de inmediato, tal y como en efecto se solucionó en plazo breve.

“De nuevo en medio del lomerío fuimos testigos de la inmensa humanidad de Fidel. Recuerdo que en una conversación con constructores de caminos reparó en un obrero apartado y remiso a hablar. Se llamaba Mateo Ojeda Macías y era engrasador de la brigada. Se interesó por tal retraimiento y supo la causa: el muchacho padecía de labio leporino. El Comandante lo llamó aparte y con su brazo sobre los hombros del afligido le preguntó: ‘¿tú te quieres arreglar el labio ese?’ Aquel le respondió sin respirar: ‘¡Yo sí, Comandante!’, y cuando sus compañeros enterados de la buena nueva comienzan a hacerle chanzas, el Fidel que recordaré siempre como hombre en extremo sensible les dijo: ‘Si nosotros somos capaces de derrumbar esas lomas, de arreglar los buldóceres esos cuando se rompen, ¿¡cómo no vamos a ser capaces de arreglar a los hombres!?…’. El 15 de enero de 1971 fueron a buscar a Mateo a la brigada, lo operaron en la capital, lo hospedaron en el hotel Habana Libre ‘que hasta en el elevador me monté’ –contaba– y tras dos operaciones ‘¡quedó nuevo y hasta encontró novia!’, jaranearon sus compañeros.

Precisamente en la zona de la Ciénaga de Zapata donde ocurrió la Victoria de Playa Girón, realizaba como periodista del 5 de Septiembre, en marzo de 1981, un grupo de reportajes y entrevistas para publicar en el vigésimo aniversario de esa gran jornada histórica al mes siguiente. Allí, en dos ocasiones distintas, el fotógrafo que me acompañaba, y yo, nos encontramos con Fidel, que realizaba un recorrido por esos lugares históricos, y controlaba las nuevas obras en la playa remozada. En la segunda de ellas, ¿puedes creerme esto?, se acordó de nosotros y me dijo: ‘Vengan acá, ¿ustedes no son los periodistas de Santa Clara?’. No resultó una entrevista formal, pero sí una enjundiosa conversación sobre aspectos históricos y constructivos de aquel territorio antaño preterido, que fueron publicados en su oportunidad. Pero para mí lo más emocionante fue que Fidel nos recordara de aquellos encuentros en las montañas del Escambray. Sólo un hombre como él podía ser capaz de recordar a un reportero con quien se había cruzado ¡diez años antes!

“Los cienfuegueros tuvimos la suerte de tenerlo muy a menudo por acá, ya fuera durante los frecuentes chequeos de la marcha de las muchas obras en construcción aquí, o acompañando a visitantes de alto nivel a quienes invitaba venir con él; en fin, nuestra provincia atesora el privilegio de haber contado con su presencia en múltiples oportunidades”.

Andrés, ¿cómo definir a Fidel con una sola palabra?

“¡Inmortal!, Fidel es inmortal, no tengo dudas”.

(*) Periodista y escritor espirituano (1918-2008), colocó en su hogar unos 5 mil proverbios y frases impresos sobre ladrillos “a cara vista”, que caracterizan el exterior del inmueble, convertido hoy en el Museo de los Refranes.


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