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Fidel y el significado de su alegato “La historia me absolverá”

En este documento esencial de la historia de , Fidel cantó las 40 a los asesinos, examinó y echó luz sobre tanto crimen silenciado; a la vez que propuso un acercamiento al mañana desde el plano de la conciencia cívica revolucionaria

Siempre he pensado a ese documento magno de la historia cubana que es La Historia me absolverá, de Ruz, menos como un alegato de que como una obra que arrojó luz sobre la oscuridad de una época, al tiempo que se proyectaba como una flecha de certezas hacia un futuro mejor que imaginaba y creía posible su autor.

Sus premoniciones se hicieron realidad, y la historia absolvió con creces a quien condujo al puerto exacto la nave de la , desde los tiempos de la , la , las epopeyas de los ’60 y este medio siglo de avances de nuestro .

La historia no solo absolvió, sino premió con creces al líder histórico que hoy, octogenario y guardando cama a causa de la enfermedad que lo aquejó hace dos años, continúa marcando el camino, mostrando la seña, brindando la guía a su pueblo y al mundo mediante sus sistemáticas reflexiones.

Al presentar Fidel Castro este alegato fundacional, durante el juicio por el asalto al cuartel Moncada, en 1953, está haciendo eso, pero además trazando un manifiesto al futuro, esbozando la línea programática para la definitiva liberación antiimperialista. He ahí su importancia cimera.

La Historia me absolverá, que consiguió reagrupar alrededor de Fidel y sus ideas a los miembros de la e integrar nuevos miembros a la causa, es una pieza de nuestra historiografía acaso impensable para generarse en aquel instante de no ser escrita por una persona con el sentido del momento y el talento visionario de Fidel.

“Libro pequeño por su paginación, pero obra grande por su contenido”, como lo denomina la periodista ­quien cubriera el hecho histórico­, La Historia… desmorona como castillo de naipes el laberinto de falacias que había levantado el gobierno de Fulgencio Batista en torno a los hechos del Moncada.

En condiciones muy difíciles, Fidel debió referirle a los señores magistrados la tropelía de crímenes de aquel desgobierno, antes de centrarse en los problemas cardinales que, a su juicio, debía enfrentar el primer gobierno electo como parte de la voluntad popular.

“El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia ”, observa Fidel.

El joven revolucionario denuncia a renglón seguido que la Cuba de los ’50 continúa siendo una factoría de materia prima, y que es vital industrializar al país. Agrega que tan grave o peor es la tragedia de la vivienda. Hay en Cuba 200.000 bohíos y chozas; 400.000 familias del campo y de la ciudad viven hacinadas en barracones, cuarterías y solares sin las más elementales condiciones de higiene y salud; 2.200.000 personas de nuestra población urbana pagan alquileres que absorben entre un quinto y un tercio de sus ingresos, afirma.

El prisionero convertido en autodefensor añade que 2.800.000 personas de la población rural y suburbana carecen de luz eléctrica a la sazón.

“De tanta miseria sólo es posible liberarse con la muerte; y a eso sí los ayuda el Estado: a morir. El noventa por ciento de los niños del campo está devorado por parásitos que se les filtran desde la tierra por las uñas de los pies descalzos (…)”, impugna con fuerza el abogado en su alegato de autodefensa.

No se olvida de enjuiciar con severidad que el acceso a los hospitales del Estado, siempre repletos, sólo es posible mediante la recomendación de un magnate político que le exigirá al desdichado su voto y el de toda su familia para que Cuba siga siempre igual o peor.

En opinión del acusado erigido en acusador, “los problemas de la República sólo tienen solución si nos dedicamos a luchar por ella con la misma , honradez y patriotismo que invirtieron nuestros libertadores en crearla”.

Texto para nada despojado de un vuelo literario que lo empina en tanto testimonio literario de calibre, Fidel, al denunciar, escribe cosas tan inspiradas como reales y poco dichas, sin embargo, por un intelectual, como las que siguen:

“En todo grupo humano hay hombres de bajos instintos, criminales natos, bestias portadoras de todos los atavismos ancestrales revestidas de forma humana, monstruos refrenados por la disciplina y el hábito social, pero que si se les da a beber sangre en un río no cesarán hasta que lo hayan secado (…)”.

Al contextualizarlas, no debe dejar de decirse que se relacionan con los sicarios batistianos, pero tanto estas como otras afirmaciones del patriota y escritor revisten una agudeza asombrosa en su capacidad y sencillez para definir justamente conceptos, ideas, percepciones sobre la naturaleza del Estado, las revoluciones, los seres humanos.

La Historia me absolverá, por tanto, es un material historiográfico fundacional riquísimo, pero además un texto literario de belleza y hondura.

Más que nada, devino parteaguas indiscutible a la hora de afrontar el análisis de la Cuba neocolonial.

Fidel cantó las 40 a los asesinos, examinó y echó luz sobre tanto crimen silenciado; a la vez que propuso un acercamiento al mañana desde el plano de la conciencia cívica revolucionaria.

Absolutamente indispensable para conocer nuestra historia.

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