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Varela recuerda a Fidel: “Nunca le dije quién yo era”

“Mi primer contacto con Fidel fue en el Congreso de la Juventud del Partido Ortodoxo, en la década del 50. Me pareció un joven con ideas muy revolucionadoras. Las Villas llevó una moción por paz con visos socialistas que arrancó titulares al periódico Hoy, y el primero en respaldarla fue aquel delegado por La Habana”.

Eran tiempos en que el joven Manuel Varela Pérez tendría que dejar sus estudios para hacerse dependiente de la tienda El Siglo, sostener económicamente a sus padres y estudiar de noche.

“Tengo el privilegio de haber tenido contacto con él nuevamente en noviembre de 1950, cuando vino a Cienfuegos a apoyar junto a otros compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) la huelga que sosteníamos en el Instituto de Segunda Enseñanza contra el gobierno corrupto de Carlos Prío”.

Pero el acto estaba prohibido y Fidel se personó en la casa del propio jefe de la Policía, capitán Manuel Pérez Borroto Marrero, pero la obstinación de los personeros del régimen, terminó por llevarlo junto a su compañero Enrique Benavides Santos, preso al Vivac.

“Fidel insistió en que el acto iba. Y como Benavides ya no podía ser uno de los oradores, me dijeron: Varela, usted hablará frente al Ayuntamiento, donde se habían instalado altoparlantes, sillas, y convocado al pueblo. Por azar me convertí en locutor de aquella manifestación”.

El 14 de diciembre Varela Pérez estaría también en el juicio de la causa 543 de 1950, seguida por los delitos de Agitación y Contra el Orden Público, ante el tribunal de Urgencia de la Audiencia de Las Villas.

“Fui testigo del primer acto de autodefensa de Fidel, de cómo pidió una toga para emprenderlo”.

Luego vino el Moncada, la Sierra, el triunfo, la Caravana de la Libertad aquel 6 de enero… donde volvió a verlo.

Varela, uno de los maestros sin plaza en 1959, se presentó a la primera convocatoria de oposición, y obtuvo un puesto. Fue maestro 40 años y siempre lo acompañó en su aula una foto del líder.

Sin embargo, fue su vocación de periodista y el ejercicio que desde 1951 y como parte del Movimiento de Corresponsales Voluntarios que lo hizo colaborador del periódico Ahora y de las ondas radiales de la COCO, más tarde de las radios Rebelde y Reloj, los que le llevarían una vez más ante la presencia de Fidel.

“No puedo cuantificar las coberturas en que participé durante sus visitas a Cienfuegos. Decenas… Recuerdo una anécdota: cuando vino con Erich Honecker, el presidente de la República Democrática de Alemania (RDA), a la inauguración de la Fábrica de Fertilizantes Nitrogenados (23/2/1974). Yo iba dando por Radio Reloj minuto a minuto su recorrido, pero se me perdió, se nos perdió a todos. Resulta que como iba manejando su jeep, montó al premier y se escapó para llevarlo a la Fábrica de Motores Diesel, y reapareció por la Calzada de Dolores”.

Fueron muchas más: cuando se bajó en Prado y Castillo y aquello se llenó de pueblo… durante la construcción de la CEN, luego cuando el huracán Michelle en 2001, su última visita”.

¿Y nunca le dijo que ya se conocían, nunca le recordó que usted había sido el orador de aquel acto en 1950?

“Nunca le dije quien yo era, que nos conocimos cuando ambos éramos delegados de la Juventud Ortodoxa, yo por Las Villas, el por la capital. Me limité a mis funciones de periodista, y te confieso que me temblaba la mano al poner la grabadora por ese respeto que inspiraba al tenerlo delante, porque era un viejo conocido desde que ambos éramos jóvenes.

Y aún tiembla al hablar del hombre que —contra toda la lógica y sapiencia de este reportero de 80 años—, siente vivo.

“Desde el punto de vista político y estratégico no va morir nunca. El creó un movimiento, una obra perfectible, porque nada humano es acabado, pero tampoco hay ningún proceso político más justo y dignificador que la Revolución Cubana; que tenemos errores, es cierto, pero por eso mismo creo que no va a morir nunca, será nuestro guía, desde el punto de vista ideológico jamás morirá”.


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