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Acaparadores: una ¿raza? indeseable

Son las 8:00 a.m. y una multitud pulula frente a la tienda antes de abrir. Por alguna razón ya conocen qué mercancía será vendida y su precio. Más de la mitad son revendedores de productos, quienes luego parten raudos a pregonar, como en feria de sábado, a las puertas de otros establecimientos, a lo largo del Boulevard y hasta por los barrios.

Los acaparadores comercian con artículos rebajados o con algunos altamente cotizados, con déficit de producción. Tales individuos son verdaderos economistas en cuanto a la obtención de ganancia. Poseen un listado de precios interno, el cual les permite alcanzar hasta el doble, e incluso el triple, sobre del monto original, de por sí penalizado en los mercados estatales.

Por ejemplo, el acondicionador o champú para el cabello y el gel de baño, con un valor de 25.00 o 50.00 pesos MN, resultan revendidos al doble; y lo lamentable del suceso ocurre cuando al “no poder(mos) limitar la compra”, la acción acontece a escasos metros de la entidad emisora. Igual sucede con las gafas para sol, cintos, vasos, jabones…

Bajo la vista permisiva de muchos, proponen desde una pitusa de “marca”, medias para hombres, “calientitos”, pullovers…; celulares, duchas eléctricas, ollas, módulos de cocción… y divisa. Para ellos, el cliente —estafado la mayoría de las veces—, ¡siempre tiene la razón!, pues, de no contar con el modelo del equipo o talla de alguna ropa, lo consiguen con una breve gestión en la cofradía, tan rápidos como un abrir y cerrar de ojos.

¡Eso sí, andan muy “organizados”!, tanto que basta conque alguien grite una palabra clave, para que se produzca la dispersión inmediata hacia un lugar seguro. Pasada la tempestad, regresan, sanos y salvos, a sus andanzas.

Aunque la especulación es tan vieja como la humanidad, el término “mercado negro” surgió en Europa durante la Primera Guerra Mundial, con la introducción del racionamiento en los países beligerantes. Este tipo de ¿gestión comercial? aparece en tiempos de crisis o en países de economía planificada, cuando se imponen controles de precios y limitaciones de bienes, con el fin de asegurar una distribución equitativa.

En Cuba, su auge vino con mayor ímpetu aparejado a la despenalización del dólar y con la apertura de las Tiendas Recaudadoras de Divisas. La actividad ilícita cuenta con su propia estructura interna; no obstante, existen vendedores independientes.

Les invito a realizar un ejercicio matutino, y no se asusten, no se trata de gimnasia. Caminen cada mañana por la calle 33 desde la avenida 58 hasta la esquina del Bulevar, fíjense en las personas sentadas en los muros, recostados a las paredes; incorpórense a la avenida peatonal y observen con detenimiento, sobre todo a aquellos ubicados en áreas cercanas a las tiendas o sentados en los bancos; luego suban por la calle 35 hasta la “Mimbre”. Finalmente dirijan sus pasos hacia “Castillo”. Tal “operación” pueden repetirla por varios días. Se los garantizo: conocerán, identificarán, en un santiamén, a los especímenes que componen esta raza indeseable en la ciudad.

En el Código Penal, la especulación y el acaparamiento están en la misma figura delictiva, la cual tiene una sanción de tres meses a un año de privación de libertad o multa de 100 a 300 cuotas, junto a la confiscación de las mercancías. Bien valdría una repasadita por estos días de fin de año, cuando muchas tiendas realizan rebajas de precio.

Las autoridades competentes, entiéndase los encargados del orden interior, deberían ser más enérgicos en la aplicación de las leyes, y establecer un permanente “gardeo” sobre estos individuos. Sería muy sano y beneficioso también el accionar de los trabajadores de las propias instalaciones comerciales o gastronómicas, ¡y no solo las TRD!, sino de cualquier centro, para juntos, ayudar a la eliminación de estos focos de ilegalidad, y por qué no, de sus suministradores.

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