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Conmemorarán Operación Tributo y caída de Maceo en Cienfuegos

Este miércoles 7 de diciembre, en Cienfuegos como en toda Cuba y a solo 72 horas de haber inhumado las cenizas de nuestro invicto Comandante en Jefe y henchido el patriotismo por las muestras de reafirmación brindadas por el pueblo de la Isla a lo largo de cada uno de los minutos de los nueve días de duelo, conmemoramos una fecha de honda significación emocional: la Operación Tributo y la caída en combate del Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro.

A las tres de la tarde del 7 de diciembre de 1989, cuando Cuba recordaba el último combate de Maceo y de su ayudante Panchito Gómez Toro en su aniversario 94, en los 169 municipios del país se pusieron en marcha los cortejos fúnebres para llevar hasta su último destino (el Mausoleo de los Caídos por la Defensa), los restos de los combatientes internacionalistas que perdieron su vida durante los más de 13 años de presencia solidaria cubana en Angola y en otros escenarios de ayuda a pueblos hermanos, como Etiopía y Nicaragua.

Un total de 2 mil 085 combatientes murieron en el cumplimiento de misiones combativas, y otros 204 fallecieron mientras realizaban tareas de carácter civil.

La ceremonia central nacional de despedida de los héroes caídos tuvo como escenario el Mausoleo de El Cacahual, junto a la tumba de Antonio Maceo Grajales y Panchito Gómez Toro.

Durante los años de la ayuda solidaria el Gobierno cubano informaba a los familiares la muerte de un combatiente, en combate o por accidentes y enfermedad, pero resultaba imposible en medio de la guerra, en tierras lejanas, repatriar los cadáveres y sepultarlos en sus lugares de origen.

¡Esperar fue un reto y un desafío de paciencia! Fidel había dicho que “de Angola, cuando termine la guerra, solo nos llevaremos la satisfacción del deber cumplido, y los restos de nuestros compañeros caídos”.

Al humanitario y leal gesto se le llamó Operación Tributo. Aquellos restos no pertenecían solo a sus familiares allegados, sino a la historia de todos los cubanos. Se unieron así el sentimiento de la victoria, la reafirmación de la utilidad de un esfuerzo que contribuyó a cambiar el destino de África, y el profundo dolor por los desaparecidos.

Traslado a la Patria el 6 diciembre de 1989 de los restos de los 2 085 mártires que cumplían misiones militares y 204 en tareas civiles, caídos en misiones en África, para darles sepultura en los “Panteones de los Caídos”, en cada uno de los municipios del país. /Foto: Internet

Ese momento llegó luego de los acuerdos de paz de diciembre de 1988, que pusieron fin a las incursiones de los racistas sudafricanos dentro del territorio de Angola e hicieron posible la independencia de Namibia y la liquidación en años siguientes el oprobioso sistema del apartheid.

La Operación Tributo fue, además, el símbolo de que una época se cerraba y otra se abría en la vida de la Revolución. Coincidió con el ya evidente desplome de los países socialistas de Europa, y el derrumbe de la URSS. Cuba tenía que reagrupar las fuerzas para una nueva batalla en que la principal misión internacionalista -y el mejor servicio del movimiento revolucionario- sería defenderse a sí misma y preservar la independencia y el socialismo.

En las honras fúnebres de aquel 7 de diciembre habló Fidel. Dijo que dos de los más grandes valores creados por el hombre, el patriotismo y el internacionalismo, se unían para siempre en la historia de Cuba.

“Los espartanos decían: “Con el escudo o sobre el escudo”. Nuestras tropas victoriosas regresaron con el escudo (…) la Revolución no vaciló en arriesgarlo todo…

“Estos hombres y mujeres a los que hoy damos honrosa sepultura en la cálida tierra que los vio nacer, murieron por los más sagrados valores…

“Ellos murieron luchando contra el colonialismo y el neocolonialismo (…) el racismo y el apartheid (…) el saqueo y la explotación de los pueblos del Tercer Mundo (…) por la independencia y la soberanía (…) por el derecho al bienestar y al desarrollo de todos los pueblos…

“Murieron para que no existan hambrientos, mendigos, enfermos sin médicos, niños sin escuelas, seres humanos sin trabajo, sin techo, sin alimento (…) para que no existan opresores y oprimidos, explotadores y explotados (…) por la dignidad y la libertad de todos los hombres (…) por la verdadera paz y seguridad para todos los pueblos (…) por las ideas de Céspedes y de Máximo Gómez (…) por las ideas de Martí y de Maceo (…) por las ideas de Marx, Engels y Lenin (…) por las ideas que la Revolución de Octubre expandió por el mundo (…) por el socialismo, por el internacionalismo, por la Patria revolucionaria y digna que hoy es Cuba. Sabremos ser capaces de seguir su ejemplo”, dijo Fidel.

Un día como el de este 7 de diciembre, también, pero en 1896, Antonio Maceo y Grajales -segundo jefe del ejército mambí- murió en combate.

Un día como el de este 7 de diciembre, también, pero en 1896, Antonio Maceo y Grajales -segundo jefe del ejército mambí- murió en combate. /Foto: InternetUn día como el de este 7 de diciembre, también, pero en 1896, Antonio Maceo y Grajales -segundo jefe del ejército mambí- murió en combate. /Foto: Internet

En gesto de devoción y lealtad, su ayudante, el capitán Francisco Gómez Toro – hijo del Mayor General Máximo Gómez, General en Jefe de los insurrectos- trató de rescatar su cuerpo y murió junto a él a causa de sus heridas y las agresiones de los soldados españoles que lo cercaron.
La muerte de Maceo resultó un duro golpe para el movimiento independentista. Máximo Gómez, en carta de pésame a la viuda, María Cabrales, reconoce que “…con la desaparición de ese hombre extraordinario, pierde usted al dulce compañero de su vida, pierdo yo al más ilustre y al más bravo de mis amigos y pierde en fin, el ejército libertador, a la figura más excelsa de la Revolución. A esta pena se me une, allá en el fondo del alma, la pena cruelísima también de mi Pancho, caído junto al cadáver del heroico guerrero y sepultado con él, en una misma fosa, como si la Providencia hubiera querido con este hecho conceder a mi desgracia el triste consuelo de ver unidos en la tumba a dos seres cuyos nombres vivieron eternamente unidos en el fondo de mi corazón”.

El 22 de octubre de 1895, desde Mangos de Baraguá, en Oriente, Maceo y Gómez, habían partido, rumbo a Occidente, con la histórica columna invasora. Pretendían, y lograron, superar perfiles regionalistas, impedir el desempeño de la zafra azucarera y ampliar la base social del Ejército Libertador, al incorporar nuevas poblaciones y sectores sociales a la lucha. Culminó la invasión en Mantua, Pinar del Río, en uno de los poblados más al occidente de la isla de Cuba, el 22 de enero de 1896. Hasta allí llegó el general Maceo. En apenas 90 días, los mambises habían enfrentado 150 mil militares españoles y 60 mil hombres listados como voluntarios; desarrollado 27 combates, y ocupado 22 pueblos.

Finalizada la invasión, el Lugarteniente General regresó a Pinar del Río e inició en esa provincia diversas acciones cuyos objetivos eran garantizar el éxito de la campaña, y sobre todo, neutralizar los efectos de la reconcentración y la propaganda española, la cual enfatizaba la eficacia de esa siniestra maniobra pacificadora. Fue entonces cuando libró Maceo memorables batallas como la de Paso Real, o la de Ceja del Negro, en Cacarajícara, el 4 de octubre, donde desplegó, una vez más, su pericia de estratega militar, habilidad política, dotes de líder y extraordinaria valentía. En uno de esos combates, el dos de diciembre, en Loma de San Juan de Dios, resultó herido Panchito Gómez.

Cruzó Maceo la trocha que se extendía desde Mariel a Majana, pero no se encontró con el pelotón de refuerzo que debería asistirlo; no obstante lo adverso de la situación, decidió continuar su marcha hacia La Habana.

El capitán Francisco Gómez Toro murió junto a Maceo a causa de sus heridas y las agresiones de los soldados españoles que lo cercaron./Foto: InternetEl capitán Francisco Gómez Toro murió junto a Maceo a causa de sus heridas y las agresiones de los soldados españoles que lo cercaron./Foto: Internet

El ímpetu y la voluntad, cualidades que le eran tan propias, lo llevaron a colocarse en una de las posiciones más desventajosas para el combate, en terreno con cercas de piedras y alambradas, las cuales hicieron estratégicamente muy difíciles las acciones de San Pedro. En aquellas condiciones, guerreó su último combate. Su cadáver fue rescatado y, junto al de su ayudante Panchito Gómez, fueron sepultados secretamente. El Generalísimo Máximo Gómez ordenó 10 días de luto a observarse con el mayor silencio posible en el campo insurrecto.

La hidalguía y la fibra heroica de Maceo y Panchito, los mismos de la historia independentista cubana y de todos nuestros mártires, fueron refrendados también por nuestros combatientes internacionalistas en tierras africanas y de otras partes del mundo. Cuba los recuerda esta mañana a todos, porque ellos son la historia, y sin su participación en esta hoy no seríamos quienes somos.


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