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De Obama a Trump: Cuba y América Latina en la cuerda floja

Por Sara Barderas (dpa)

Barack Obama en la Plaza de la Revolución durante su visita en Marzo 2016 a Cuba. Foto: AP

Barack Obama en la Plaza de la Revolución durante su visita en Marzo 2016 a Cuba. Foto: AP

HAVANA TIMES – En la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, la primera a la que asistió Barack Obama, el presidente de Estados Unidos tuvo que escuchar en abril de 2009 cómo, uno tras otro, varios mandatarios latinoamericanos pedían el fin del embargo a Cuba y criticaban duramente a su país por la política hacia la isla.

“Tuvimos que estar a la defensiva como Estados Unidos estuvo durante años en todo foro en la región por el tema de Cuba”, recordaba hace unos días Ben Rhodes, uno de los asesores más cercanos de Obama. En la Cumbre de las Américas de Panamá del año pasado, todo había cambiado. “Cada una de las relaciones en esa sala había mejorado por nuestra apertura a Cuba”, se congratulaba Rhodes, uno de los artífices del deshielo entre Washington y La Habana.

Retomar las relaciones diplomáticas con Cuba ha sido el mayor éxito de Obama en América Latina. “Cuando uno hace algo que no funciona durante 50 años, es hora de probar algo nuevo”, dijo ante el Congreso de Estados Unidos cuando aquello sucedió el año pasado. Cuba es la pieza central de su legado en una región a la que otros presidentes trataron como un patio trasero en el que poner y quitar Gobiernos.

“Hay críticas, es cierto, pero su estilo y su tono, tan cruciales en las relaciones interamericanas, han sido bien recibidos por toda la región”, dice a dpa Michael Shifter, presidente del centro de análisis Diálogo Interamericano, con sede en Washington. “Obama será recordado por muchos latinoamericanos por lo que hizo con Cuba”.

Donald Trump durante una visita a la Fundación Cubana Americana en Septiembre de 2016.

Donald Trump durante una visita a la Fundación Cubana Americana en 1999.  Foto: miamiherald.com

La entrada de Donald Trump en la Casa Blanca el próximo 20 de enero pone en riesgo todo esto. El futuro presidente ha amenazado con revertir la política de Obama a Cuba, lo que tendría consecuencias en las relaciones con toda una región que se ha sentido aludida con su retórica contraria a la inmigración y sus ataques a México.

“Si Cuba es reacia a llegar a un mejor acuerdo para el pueblo cubano, para el pueblo cubano-americano y para Estados Unidos en su conjunto, pondré fin al acuerdo”, aseguró Trump tras la muerte de , que, dicho sea de paso, no era un entusiasta del acercamiento.

La primera vez que el republicano amagó claramente con revertir esa política fue en Florida en la recta final de la campaña electoral, cuando parecía necesario asegurar el voto cubano en el más importante de los estados sin decidir. Antes se había mostrado de acuerdo y en las primarias republicanas incluso abogó por el final del embargo que Obama no ha podido levantar por la oposición del Congreso.

Ganadas las elecciones, el nombramiento en su equipo de transición del director ejecutivo de un lobby pro embargo se vio como una señal en línea con la dureza hacia Cuba que piden destacados políticos republicanos de origen cubano como Mario Rubio, uno de los senadores por los que Obama no ha podido confirmar al primer embajador estadounidense en la isla tras más de medio siglo.

El deshielo en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba se inició hace ahora dos años, en diciembre de 2014, cuando ambos Gobiernos anunciaron que empezarían a hablar. En 2015 reabrieron las embajadas en Washington y La Habana y en 2016, Obama se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos en viajar a la isla en casi 100 años.

Pizzas al momento. Foto: Juan Suárez

Pizzas al momento. Foto: Juan Suárez

El camino estuvo acompañado entre otras cosas por la flexibilización de las restricciones de viaje, la facilitación de transferencias y la apertura a la importación de algunos productos cubanos, entre ellos medicinas. Obama emitió este octubre una directiva presidencial en su intento de hacer irreversible el proceso y ese mismo mes, Estados Unidos se abstuvo por primera vez en la ONU en la votación sobre el fin al embargo en la que cada año hasta entonces votaba en contra.

Sobre el papel, revertir su política no resultaría imposible para Trump, pero en la realidad se arriesgaría a molestar a muchos. Las encuestas del Pew Research Center, uno de los centros de análisis más prestigiosos de Estados Unidos, dicen que una gran mayoría de los estadounidenses está a favor del acercamiento a Cuba. Empresas estadounidenses ya han desembarcado en la isla y aerolíneas norteamericanas operan desde hace meses vuelos directos entre los dos países. También hay cruceros. Google acaba de firmar un acuerdo con el Gobierno cubano para mejorar el servicio de Internet allí. Hay intercambios educativos y cooperación científica.

“¿Realmente quieren cancelar los planes de viaje de cientos de miles de estadounidenses? ¿Quieren decir a empresas tan diversas como nuestras principales aerolíneas o General Electric o a todas las demás que han estado desarrollando oportunidades de negocio en Cuba que ahora tienen que acabar con esas actividades? ¿Quieren cerrar una embajada que nos permite tener una plataforma de apoyo a la sociedad civil y hablar de derechos humanos?”, se preguntaba Rhodes sobre cómo actuarán Trump y su equipo en la Casa Blanca.

“Nos dañaría en toda la región. La apertura a Cuba ha sido la razón número uno de que hayamos sido capaces de transformar nuestra relación con el hemisferio”, aseguraba el asesor de Obama.

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