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El ratoncito Perez venezolano

Caridad

Crisis financiera en Venezuela.

Crisis financiera en Venezuela.

HAVANA TIMES — Rafael es un tipo que conocí en uno de los pocos trabajos que he tenido en Venezuela. Para los que todavía anden cerca de los cuentos de infancia, su apariencia podría recordarles al Ratoncito Pérez, el que se cayó en la olla por la golosina de la cebolla…  de no ser así, Rafael podría pasar totalmente desapercibido, uno más.

Desde que llegué a la oficina donde coincidimos me advirtieron, aquí roban. Aunque estoy acostumbrada a que en Venezuela abunde la falta de escrúpulos a la hora de apropiarse de objetos ajenos, sí me sorprendió mucho que en un sitio vinculado a una importante figura del gobierno se contrataran personas con esa costumbre. El listado era extenso en objetos y en el tiempo, desde celulares hasta laptops; hacía casi 3 años.

¿Y nadie hacía nada?

Poco a poco he ido conociendo que es habitual que en cada cambio de ministros (algo que puede suceder una o varias veces al año) se “pierdan” muchas cosas en el proceso. Puede desaparecer una flota de autos casi totalmente, un grupo de computadoras, o simplemente dinero. El nuevo ministro achacará los robos a la antigua gestión, y aprovechará su nuevo nombramiento para volver a comprar otra gran cantidad de objetos que terminarán desapareciendo antes del final de su gestión.

También es habitual que comience una serie de reestructuraciones en el edificio donde se encuentren sus oficinas. Las modificaciones son completamente innecesarias, pero contratará a una empresa de su conveniencia y todo el mundo contento. Imagínense este proceso al menos dos veces al año, en cada uno de los 30  ministerios que existen actualmente en el gobierno bolivariano. Obviamente solo estoy mencionando un par de costumbres, ni siquiera me acerco a las innumerables trampas que, también, son habituales para robar el presupuesto anual de cada ministerio.

Un día apareció un grupo de policías en la oficina y se llevaron a Rafael. Mostraron pruebas de que era el responsable de al menos uno de los últimos robos en la oficina. Dicen que lo golpearon, lo mantuvieron preso durante unos días y luego lo dejaron en la calle otra vez. No sé si habrá conseguido otro trabajo dentro del gobierno.

Rafael vivía en un barrio de Caracas, cuando no teníamos mucho que hacer en la oficina contaba sus innumerables aventuras, a veces linchando malandros, a veces huyendo él mismo de la policía. Cuando se lo llevaron preso no bajó su cabeza y me contaron que había asegurado que “limpiaría” la oficina, o sea, que robaría de allí todo lo que pudiera.

Pero no tuvo en cuenta que, al final, era un ladrón de poca monta. Un pobre. Y, por alguna razón, a los pobres casi siempre les llega la “justicia”. Por mi parte me molestaba que robara a sus propios compañeros, con los que compartía y hasta aparentaba solidaridad.  Pero al final no hacía nada diferente de lo que ha estado haciendo todos los tipos y tipas que tienen en sus manos un poco de poder.

No es nada diferente de lo que está haciendo por estos días el gobierno encabezado por Nicolás Maduro, quitando el dinero a los venezolanos más humildes con toda esta historia del cambio del cono monetario.

Todavía hoy, a un par de días de finalizar el año, cientos de personas que hicieron largas colas en el Banco Central de Venezuela para depositar los billetes de a 100 – que estuvieron fuera de circulación y luego volvieron a entrar en circulación – esperan que se haga efectivo este dinero en sus diferentes cuentas en Bancos del estado y privados.

El mandatario habla de un fuerte golpe a las mafias de la moneda venezolana mientras mantienen en su principal Banco el dinero que no es suyo. Pero Maduro y su gente no creen en cuentos infantiles, mucho menos en el ratoncito Pérez.

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