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Las muñecas de Yiana Pich Pérez

Desde hace tiempo en la cama de Camila descansan-retozan muñecas de trapo. Su obsesión por ellas se vuelve infinita, se hace evidente. Cuando alguien le pregunta dónde las venden, siempre responde: “en el carromato de los juguetes” o lo que es lo mismo en la mesa de la artesana Yiana Pich Pérez.

En ese puesto de la feria del Corredor Santa Isabel, en Cienfuegos, habitan una multitud de muñecas. Cada una de ellas es fruto del desvelo de la creación, del trabajo manual. No vienen de una tradición familiar, sino de una vocación, de un oficio convertido en fuerza espiritual.

“No me inspiro en ningún mo­delo; ni siquiera observo alguna foto de determinado objeto cuando confecciono. Es cuestión de establecer pac­to con la inspiración; y las formas, el color, la textura llegan solos…, me fascina lo que hago, lo que hacemos porque tengo un equipo de trabajo”, aclara en los primeros momentos de conversación la joven cienfueguera.

Para no pocos especialistas en el área infantil la muñequería desempeña un papel importante en medio del mundo globalizante y mediático en el cual vivimos: “por eso resulta vital recuperar espacios, y apostar por la creatividad y la potencialidad de los artesanos artistas. Ellos nos hacen recordar que no todo viene de la industria, que no todo sale de una producción seriada…”, agregan.

Las muñecas de Yiana Pich PérezEn la mesa de Yiana Pich la variedad abunda, de todos los tamaños, de todos los colores. “No pesan mucho, en esencia las confeccionamos para el disfrute de los niños, para el juego, y que no tenga solo una utilidad decorativa.

“Casi todas las muñecas salen de retazos, pero algunas de gran formato necesitan más cantidad de tela. La adquisición de los materiales resulta difícil, en Cienfuegos realmente no nos surten suficiente. Por ejemplo, la silicona, los lazos, los adornos, el estambre…, muchas veces los conseguimos a través de otras personas que lo importan.

“También en nuestro taller hacemos ropas para niñas y mujeres, en mi caso disfruto mucho la confección de vestidos infantiles, ya he realizado dos desfiles y en ellos he tratado de rescatar sobre todo el vuelo. En mis propuestas trato de sacar la niñez de esta modernidad invasora, donde no pocos padres deciden vestirlas como mujeres, es decir, short, blusas cortas, pantalones a la cadera, estampados escandalosos… y dejan a un lado nuestra identidad”, agregó Pich Pérez.

Tales concepciones son llevadas a la realización de las muñecas. La sobriedad se asoma en cada creación. Igual el uso de textiles casi desaparecidos del vestir cubano como la guinga y el satín.

“Hay tejidos que no puedo usar, porque la feria es al sol y se dañan mucho. Tratamos de mezclarlo todo, ahí está el reto…

“En algunas incluimos la técnica de paper mache, esas tienen un fin más decorativo. También comercializamos otras que aluden a íconos de la religión afrocubana (…) Es tan importante la fantasía, es tan importante no dejar morir nuestras tradiciones manuales, es tan importante ver la sonrisa de los niños cuando acurrucan entre sus manos a una muñeca de trapo (…) Yo seguiré en el carromato de los juguetes, como sé que alguien le dice”.

Yiana Pich Pérez, a veces, luce tan pequeña al lado de sus creaciones. A veces, incluso, hasta se parecen a ella misma.

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