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Los espejuelos en Cuba

por Elio Delgado Valdés

HAVANA TIMES — Tengo 55 años de edad, desde los 30 uso espejuelos. Siempre para los cubanos ha sido la misma historia, los turnos para medirte la vista en el policlínico son reducidos. Tienes que madrugar y eso no asegura que ese día puedan atenderte.

Son muchos los inconvenientes, el primero, que la doctora venga a trabajar o que ese día no fumiguen o si la compañía eléctrica está cambiando un poste o dando mantenimiento, entonces no hay luz, las embarazadas y los niños tienen prioridad, no lo cuestionamos, en fin, todo lo que te cuente.

Cuando logras  tener tu receta con la graduación de la vista, supuestamente en la óptica deben existir los cristales y las armaduras, pero no es así, cuando hay uno, falta el otro, la muerte en el comunismo, te sabes el cuento.

Yo no te estoy diciendo mentira, fui a la óptica Almendares, ubicada frente al Capitolio Nacional, lugar céntrico y accesible; una señora muy amable y con una linda sonrisa me dice, tienes suerte, hay cristales para esta receta; se agacha atrás de su buró y saca una caja de cartón, puro subdesarrollo, y  empieza a revolcar, sacar y meter las armaduras, lindas algunas y horribles otras; sin perder la sonrisa me mira y me dice, la suerte no fue completa, pero no te desanimes ven la semana próxima, el martes, porque el lunes entra materia prima y seguro algo te sirve, esto no se lo debo decir a los clientes, pero para que no des el viaje por gusto.

Como buen cubano le doy las gracias por el secreto de la información tan bajito como ella me lo dijo. El martes siguiente regresé, hice el tres en la cola; cuando abrieron, no dieron información alguna; nos sentamos y tras esperar mi turno, la linda sonrisa en el rostro me dice, no tienes suerte hoy, hay inventario, los materiales hay que clasificarlos, no te desanimes, ven el lunes próximo.

El lunes 12 de septiembre de 2016 fui el primero en la cola y sí  tuve suerte, tenían armaduras, cristales, corriente, y una señora con una linda sonrisa que me entregó un comprobante después de pagarle cincuenta y un peso con quince centavos, venga a recogerlos en veinte días.

Soñador y siempre sin perder las esperanzas fui en la fecha establecida; muy amable la señora, sacó un enorme libro, lo ojeó por un largo rato y encontró la página que coincidía con mi número 174-H; levanta la vista y sin perder su increíble ecuanimidad me manda a venir en quince días, pues hay atraso en el taller.

Esta historia es una entre muchas, así sucede si acudes a la farmacia en busca del aparato de salbutamol para tu hijo o si acudes al médico de familia para que te remita con el especialista, siempre falla algo y tienes que regresar una y otra vez, sin importar la urgencia, somos una sociedad donde el respeto al prójimo se ha perdido.

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