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Rugidos trasatlánticos

El abril 200 de Fernandina de Jagua —quizás porque marcará el bicentenario de aquella primigenia Colonia, hoy Cienfuegos, con su Centro Histórico Urbano declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2005— excitará a la “ene” potencia el orgullo de los idólatras perlasureños, entre los cuales me incluyo, para cronicar y reseñar la materia o el espíritu de la urbe más iluminada de Cuba, según su denominación asturiana.

Al hurgar un poco más allá de lo notorio hasta ahora, emergen calzadas de interrogantes capaces de atravesar el espacio temporal y guiar nuestras emociones hacia conjeturas palpables. Así, el gozo sube a los ojos con un centelleo feliz, como el que traía David Liéster Martínez Ramos, especialista investigador de la Oficina del Conservador de la Ciudad, cuando me notificó la existencia de otros dos felinos pétreos en la península de la Florida, con idéntica pose a los del parque José Martí.

Quiso el azar que este joven se topara con referencias acerca de ese otro par, pero en Estados Unidos, exactamente en la pequeña villa de San Agustín (Saint Augustine en inglés), el enclave urbano de mayor antigüedad de ese país.

León en la entrada Este al puente nombrado Ponce de León, en San Agustín, la Florida, Estados Unidos. Foto: Tomada de InternetLeón en la entrada Este al puente nombrado Ponce de León, en San Agustín, la Florida, Estados Unidos. Foto: Tomada de Internet

Conocido su hallazgo, pesquisamos varias horas en Internet, y lo que parecía algo conclusivo al inicio, saltó el Atlántico y retrocedió en el tiempo hasta finales del siglo XVI. Pero no coloquemos la carreta delante de los mansos. Vayamos por partes.

Los nuevos miembros de la manada con la esférica debajo de las diestras y siniestras delanteras, cuidan la entrada Este del puente nombrado Ponce de León, en homenaje al explorador hispano que por esta zona, otorgó el nombre de Florida a esa porción de costa en los EE.UU. Dicho viaducto, abierto en 1927, cruza la bahía de Matanzas (¿no le resulta familiar la denominación?) y une la parte más vieja de la localidad con un área de expansión posterior.

Otro dato que relaciona a ese pueblo con la Mayor de las Antillas, aparece en la página 274 del libro Las primeras villas de Cuba, de la historiadora Alicia García Santana: “El Cayo (Remedios) fue el trampolín hacia La Habana y la Florida, donde finalmente los españoles lograron establecer una avanzada permanente, la ciudad de San Agustín, fundada por Pedro Menéndez de Avilés en 1565”

Una plaza como esta no podía prescindir de ornamentos que la prestigiaran, por lo cual, el Dr. Andrew Anderson, alcalde (y mecenas) en dicho asentamiento colonial, encargó en 1925, dos esculturas a la Casa Romanelli, en Florencia, Italia, labradas en mármol de Carrara e inspiradas en las estatuas situadas a ambos lados de la escalinata del edificio Loggia dei Lanzi, en la propia urbe itálica.

Del dúo de “Marzoccos” (así le llaman a esos símbolos heráldicos florentinos), el de la derecha, más anciano, encuentra su origen en los tiempos de Roma, y el de la izquierda es una copia del primero (realizada por Flaminio Vacca, o Vacchi / 1538-1605), cuyo emplazamiento primigenio era Villa Médici, también en la Ciudad Eterna (a su vez sustituido por otro clon cuando dicha propiedad fue vendida por el Gran Duque de Toscana), para hallar más tarde su destino final, y actual, hacia 1789. El escultor italiano encargado de tallarlo, exhibe una obra artística muy reconocida, encabezada por la capilla funeraria del Papa Pío V, en la romana Basílica de Santa María Maggiore.

Resulta entonces llamativo aquello de que la pose y el “ADN mineral” de todos estos soberanos de las bestias descritos desde el trabajo Leones cienfuegueros con primos rusos a acá, sean similares, por tanto podemos introducir la hipótesis de una línea genealógica que inaugura el primogénito de Roma y mantiene el segundón del célebre artista asimismo conocido como Caravaggio, trasladado posteriormente a la Piazza della Signoria.

Después, pupilos de la escuela escultórica florentina se encargarían de garantizar descendencia fiel en forma y contenido. Uno de ellos pudo ser Giovanni Bonnani, padre de los grandes “mininos” del palacio de Vorontsov, en Crimea (1848); otro, el anónimo progenitor de los comprados por el cienfueguero Emilio Fernández Cavada en Nueva York, en 1862; y el que cinceló los hermanos de San Agustín (1927). Sin obviar los “atlantes” de la farmacia La Purísima, hoy “salvavidas” en el hotel La Unión, de la Perla del Sur.

Lo cierto es que la familia está deshecha y sus miembros no buscan pelea o manada, sino compatibilidad.

Varios leones brindan un “genoma” que los singulariza e indican a los expertos un camino dentro del laberinto de sus vidas con rugidos trasatlánticos orientadores, no con migas de pan en el bosque de la incertidumbre. Mientras, ¿quién aporta algo más?

Fuentes consultadas:

1.- CoSA City of St_Augustine, Florida (sitio sobre San Agustín en Internet).

2.- Las primeras villas de Cuba. García Santana, Alicia (pág. 274).

3.- Oficina del Conservador de la Ciudad de Cienfuegos.


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