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El servicio eléctrico en Cuba ¿bolsa negra o subsidio?

Por Osmel Ramírez Álvarez

La cola.  Foto: Osmel Ramírez

HAVANA TIMES — El sábado 15 del presente mes fui a pagar la tarifa eléctrica, pues ya estaba a punto de vencerse el plazo. Como el día anterior fue viernes santo y era feriado, aquello estaba más lleno que de costumbre: ¡la cola era infernal! Llegué a las 8:30 am y a las 11:00 a.m cerraron, sin que pudiese pagar. Tuve que volver el lunes y estaba peor: toda la mañana esperando hasta que lo conseguí rayando los minutos finales. Los primeros habían madrugado.

Hay dos taquillas para pagar, pero casi siempre funciona una sola, mientras el pueblo se abarrota afuera, perdiendo horas de trabajo o de cualquier cosa más productiva que esperar por la ineficacia de una empresa. No hay país que pueda avanzar con semejante práctica.

Es cierto que el cobrador-medidor te visita en casa y puedes pagarlo ahí mismo, y tienes 10 días para hacerlo en la oficina de cobro. Pero todos los días la espera es interminable, porque a cada ruta se le vence el plazo un día distinto, es decir, todos los días hay gente amenazada con el corte del servicio.

También es una realidad que disponer del dinero del pago es una odisea. Yo mismo estoy lejos de tener los ingresos que necesito básicamente para mantener mi familia con decoro, y gano más que la media. Aquí se es muy pobre, se vive mayormente con menos de un dólar diario. Y la corriente eléctrica hasta hace unos años atrás tenía un precio equiparado al salario (9 centavos el KW-H), pero desde hace años, por iniciativa de nuestro invicto Comandante en Jefe, se elevó exponencialmente el precio y solo los primeros 100 KW-H mantienen los 9 centavos. De ahí en adelante asciende hasta los 5 pesos, cuando el gasto excede los 5 000 KW-H.

Cualquier casa consume cerca o por encima de 300 KW-H, porque en Cuba, por iniciativa igualmente de Fidel, se generalizó la cocción de los alimentos con electricidad. Tener un aire acondicionado es un lujo que solo pueden darse los que ganen más de 20 salarios mínimos al mes. Imaginen que 100 KW-H cuestan 9 pesos, pero 200, solo el doble, cuestan 44 pesos, es decir casi 5 veces superior. Y 300 KW-H cuestan 114 pesos, solo triplicando el consumo se incrementa más de 11 veces el precio. Y si fueran 500 KW-H, cinco veces el consumo inicial, se incrementa más de 22 veces. Y así por el estilo, siempre para arriba.

Esta política es para estimular el ahorro; pero más que eso es draconiana, abusiva y ladrona, porque roba los ya diezmados ingresos del pueblo con un servicio básico irrenunciable, y con un pueblo que trabaja para el mismo patrón que vende la corriente y nos paga muy mal, salario semiesclavo, nada acorde con el precio que vende.

A mi lado había una señora, trabajadora de oficina, que solo gana 340 pesos mensuales, madre soltera de dos niños, con apenas los equipos electrodomésticos más elementales y pagaba 106 pesos, que es más del 30% de su salario. Yo mismo pagué 123 pesos y mis padres, con una chequera de jubilación de 225 pesos, pagaron 46 pesos, porque ahorran hasta el infinito, apagando el refrigerador, en penumbras por las noches y cocinando todo una vez por día. Es triste.

Y todo fuese bobería si el resto de los ingresos alcanzara para algo, pero lo demás es incluso más caro que la electricidad. Eduardo Chivás debe estar revolcándose en su tumba al ver  semejantes abusos propiciados por uno de sus pupilos; él que luchó tanto contra las injusticias de este tipo y les legó el slogan “prometemos no robar”.

El Gobierno nos dice que la corriente eléctrica es “subsidiada”, ateniéndose a los cálculos que hacen valorando su costo en dólares, pero a los efectos de nuestros bolsillos es a “bolsa negra”. Es una práctica ya en uso habitual calcular en dólares los servicios que recibimos y comparar su precio a 25 CUP x 1 dólar, para resaltar la generosidad estatal, y comparan con el precio en Nueva York y Londres. Pero ese cálculo es manipulador porque en esos lugares las personas pagan la electricidad 20 veces más cara que los cubanos, pero ganan 125 veces más que nosotros. Los números hablan solos.

Un ardid político mezquino: recuerdo la confusión que causó Fidel en Argentina cuando dijo en una alocución, creo que en una universidad, que en Cuba con un dólar se compraban 125 litros de leche. Verdad y mentira a la vez, porque nadie puede comprar siquiera dos litros de leche a 25 centavos, solo un litro si tienes un niño menor de 7 años; después de esa edad adiós desayuno o pagarla en la shopping (tiendas en divisas), que nos sale a 15 pesos el litro, a padres que ganamos como promedio esa misma cantidad en 8 horas de trabajo.

Teléfonos públicos. Foto: Juan Suárez

Es todo esto de la electricidad, la leche y casi todo lo que nos rodea, ejemplo de la locura generalizada y de cuán injusto se puede trocar un sistema social engendrado como obra de justicia social, pero errado en sus formas. Es disfuncional, no me canso de decirlo.

¿Cómo el sector privado podría crecer con semejante gravamen eléctrico ascendente? Porque sepan que no hay distinción entre tipos de clientes,(no estatales-industriales o de otros negocios que por lógica consumen más), como en el resto del mundo.

Pero a pesar del robo, del precio abusivo, por encima nos obligan a hacer colas interminables para pagarla, so pena de perder el servicio tan vital. Nada, que la capacidad de hacer sufrir es infinita y como bien dice Raúl, tenemos que “resistir, resistir y resistir”.

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