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Un día de verguenza nacional

Alberto N Jones

Donald Trump anunciando en Miami su nueva política hacía Cuba. Foto: AP

HAVANA TIMES — El 16 de junio del año 2017 pasará a los anales de la historia de América Latina y del mundo como un día triste, frustrante, en el cual Cuba se mostró vacilante, insegura, que ha perdido la ofensiva, visión y capacidad de contraatacar que caracterizó a la Revolución Cubana desde la Sierra Maestra.

Con la intención de expresar su gratitud política a la comunidad cubano-americana derechista de Miami, por el sustancial apoyo que le brindaron en la pasada elección presidencial, Donald Trump montó un show de doble propósito allí, donde la joroconería y la amenaza a la Isla prevaleció, en tanto desviaba momentáneamente la atención de los serios problemas legales que lo asedian.

La gran oportunidad pérdida

Un año y tres meses antes cientos de observadores, politólogos y críticos internos y externos se halaban los pelos al ver la diatriba que había desatado una frase mal expresada o peor interpretada del discurso conciliador y aperturista que ofreció el presidente Barack Obama en el bello teatro Alicia Alonso de La Habana, que amenazaba con descarrilar o frenar el objetivo central de la visita.

Escritores, comentaristas y pensadores honestos y oportunistas por igual, no cesaron de cebarse en el mismo, e incluso algunos llegaron a ofender con palabras soeces al visitante, que nos dio un ejemplo  de modestia, sencillez y genuino hombre de pueblo que estaba profundamente interesado en avanzar las relaciones bilaterales de ambos países.

Barack Obama durante su visita a Cuba en marzo del 2016.

Cuba perdió un momento precioso, crítico, en los que algunos prefirieron jugar con el palito, en lugar de proponer acciones complementarias efectivas que expandieran y fortalecieran los logros alcanzados e impulsaran nuevas medidas de distensión.

La pequeña mella que la apertura de relaciones diplomáticas entre los dos países hizo en el embargo, fue ignorado con discursos grandiloquentes, autogratificantes en los que se demandaba el fin del bloqueo a sabiendas, que esa ley estaba codificada, en manos del Congreso de los Estados Unidos y fuera de las atribuciones del presidente.

A pesar de ello, se liberaron los viajes a Cuba, se estimuló el intercambio comercial en el área de la Salud, Agricultura, intercambio científico, cultural y otros, y Cuba, de manera inexplicable, no aprovechó aquellas aperturas milimétricas.

Cuba podía y debía haber promovido la formación de grandes empresas mixtas cubano-americana de la papa, arroz, maíz, cítricos, frutas, avícola, porcino y ganadería, en lugar de retener inútilmente millones de caballerías baldías, improductivas, en tanto el país está obligado a importar alimentos.

Cuba podía haber formado empresas mixtas hoteleras cubano-americanas con cientos de hoteles y casas dilapidadas de la cadena Isla Azul, Campismo y nuevas inversiones en todo el país.

Cuba podía y debía haber eliminado las asfixiantes medidas Aduanales que impiden el ingreso al país de casi todo tipo de bienes, los mismos que la Aduana de los Estados Unidos y el resto del mundo permite y haber convertido esa vía en una fuente de abasto de las grandes necesidades materiales del país, donde miles de productos, equipos, piezas y  enseres en falta podrían haberse satisfecho y generado ingresos millonarios por concepto de impuestos.

Cuba podía haberse ahorrado millones de horas pérdidas por el pueblo, debido al pésimo estado del transporte público, al permitir la importación de camiones, ómnibus y automóviles de uso sin mercado en los Estados Unidos, los mismos que permitieron ingresar al país  en forma de donaciones en años pasados.

Es imperioso que el gobierno reconozca su error de cálculo y modifique la estrategia de supervivencia y desarrollo del país, relajando y liberalizando cientos de actividades laborales,  comerciales, de servicios y productivos inoperantes en manos del Estado.

Ahora con Trump

El espectáculo que se produjo en Miami, al ver el presidente Donald Trump aleccionar a Cuba como a niños de primaria y exigir se implementen medidas verificables por su Gobierno, las mismas que él es incapaz de demandar de ningún municipio en su país, fue deprimente, repugnante y aleccionador.

Dolía ver como otros cubanos celebraban en Miami las amenazas de hambre, desolación y muerte con los que un presidente estadounidense a punto de ser encausado por la justicia de su país, trataba de intimidar a un pueblo heroico, que ha derramado su sangre en la defensa de su independencia, soberanía y el de otros pueblos hermanos.

Cuba puede derribar este revés momentáneo y hacer uso de la masiva ayuda de decenas de presidentes, primeros ministros, Papa, reyes y ministros de relaciones exteriores que han visitado el país en los últimos años, que han renegociado favorablemente la deuda externa de Cuba y dejado substanciales cantidad de dinero para la inversión y desarrollo del país y poco o nada de eso ha tenido lugar.

El futuro de Cuba y el de decenas de países pequeños, débiles y subdesarrollados, depende de la supervivencia de Cuba.  Ninguna medida que conduzca a la preservación y el futuro de millones de hombres, puede debatirse, dudar o postergar su implementación.


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