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El rescate de la agricultura y más en Cuba

Por Alberto N Jones

Gustavo Rodríguez Rollero, ministro cubano de la Agricultura, Foto/archivo: Oriol de la Cruz / AIN

HAVANA TIMES — Para todo el que haya seguido de cerca las tribulaciones, fracasos, logros y retrocesos de la Agricultura cubana, es altamente refrescante leer los discursos, planteamientos y propuestas del ministro Gustavo Rodríguez Rollero, los cuales no se escuchaban en Cuba desde los años en que el Dr. Carlos Rafael Rodríguez ocupaba ese puesto a principios de la década de los 60’s.

Desde entonces ese sector ha transitado por momentos de gloria y enormes retrocesos causados por la propia dirección política de la nación.  Nadie puede ignorar los avances, logros, desarrollo científico y los resultados que alcanzaron en aquel periodo la Ganadería, producción de arroz, azúcar, forestal, silvicultura y otros, fundamentalmente por el fervor y compromisos de una juventud entusiasta, vibrante,  determinada en eliminar el subdesarrollo del país.

La visión/propuesta entonces del Dr. Carlos Rafael Rodríguez acerca del positivo impacto en la sociedad y en la economía que el desarrollo, la producción y la exportación que podrían alcanzar los productos del agro justificaban, que cada profesional en todas sus ramas devengara inicialmente un salario básico de $750.00 mensuales que aumentaría acorde con sus responsabilidades y logros, una vivienda adecuada, transporte, respetabilidad y el reconocimiento de su comunidad como en el resto del mundo, fue rechazado en favor del igualitarismo, la pérdida de autoridad, la supervisión política, el salario insuficiente, la falta de vivienda, transporte y equipos de trabajo.

Como era de esperar, la Agricultura entró en una fase de profunda desorganización, apatía, irresponsabilidad y espiral descendente hasta nuestros días, en el que se han perdido numerosos oficios, técnicas y algunos renglones están en vías de extinción, como resultado de un temor infundado de ayer y de hoy, al pago de salarios decorosos, justos, al campesinado y a los profesionales del ramo un temor infundado, así como al aburguesamiento rural.

En ningún país excepto en la Isla, el trabajador agrícola emigra masivamente hacia las urbes, cuando el campo posee todos los beneficios, comodidades y recursos existentes en las ciudades sin los vicios de estas.

Bohio cubano Foto: panoramia.com

Cuba tiene que dejar atrás el primitivismo impuesto al campesinado que aún vive en bohíos sin agua corriente y letrinas, y así pretende producir las crecientes demandas alimenticias del mundo, arando la tierra con bueyes y arados de palo, sin equipos de transporte propios, con caminos intransitables ni comunicación con el exterior.

Mientras en otros países utilizan brigadas de tractores manejados desde una cabina de control, poseen sofisticados sistemas de riego, siembran y fertilizan con drones y poseen animales selectos con mayores capacidades de producción, en tanto los nuestros se desmedran por una consanguinidad impuesta por nuestro autoaislamiento del mundo.

Todo esto se hace más contradictorio, cuando es el mismo gobierno, los mismos organismos y los mismos funcionarios que se niegan obstinadamente a pagar salarios adecuados y crear condiciones apropiadas para sus trabajadores, mientras gastan más de dos mil millones de dólares anuales importando los mismos rubros alimenticios de la República Dominicana, Panamá, Colombia, Estados Unidos, etc.

Cuba está perfectamente capacitada para producir en sus fértiles suelos, clima benigno y fuerza de trabajo calificada, mientras no cuestionan ni considera lesivo o deformante los beneficios económicos y los positivos ingresos y condiciones de vida de nuestros homólogos agrícolas en sus respectivos países.

Para entender mejor esta paradoja, basta saber que la superficie arable de la República Dominicana es quizás 5 o 6 veces menor que la de Cuba, que el trabajador agrícola cubano tiene como promedio el doble de la preparación técnica y cultural de su contrapartida y que además, son decenas de profesionales cubanos que han emigrado en busca de un mejor futuro, los que educan a técnicos y profesionales, dirigen universidades y centros de investigaciones en ese y otros países.

Caprichosamente, la Isla ha continuado actuando como el avestruz, escondiendo la cabeza en la arena y rechazando enfrentar las causas reales de la mayoría de los males que la afligen.

Ningún país en el mundo excepto Cuba, puede pretender no estar enterado, que más de 10,000 médicos y dentistas cuya formación le ha costado cientos de millones de dólares y decenas de miles de años de enseñanza y formación y cuyos conocimientos se pierden por día manejando rastras o sirviendo en restaurantes, cuando nuestro pueblo y el mundo necesita de sus conocimientos para mitigar sus males, mientras seguimos actuando como si no existieran.

Cuba ha perdido miles de otros profesionales altamente calificados en todas las ramas del saber por la misma tozudez y empecinamiento,  debido a la pésima escala salarial y por retenerle el 80% de los salarios devengados en misiones en el exterior, ¿por qué? ¿Acaso no saben que la mayoría de estos profesionales no habrían abandonado sus misiones si hubieran sido compensados con el 50% del salario devengado?

Cómo hablar y demandar justicia laboral en otros países cuando en el nuestro ocurren estos hechos vergonzosos que han desmoralizado, horadado y diezmado la ciencia, cultura y deporte.

Felicitamos los esfuerzos del ministro de la Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, que ha identificado la génesis de los males que aquejan su frente, y valientemente ha dado los primeros pasos para rectificar y reinsertar a miles de personas en esta rama mediante la entrega de tierras y la extensión del  usufructo, pero esto no alcanzará los objetivos propuestos, si no se acompañan de medidas más profundas que han maniatado, lastran y condenan al fracaso, cualquier esfuerzo por rescatar y transformar la situación alimenticia del país y su potencial capacidad de exportación.

Todo el mundo sabe que las granjas, cooperativas, UBPC, CCS y cualquier nombre que tomen estas formas burocráticas estatales de asociación, sirven solo para entorpecer, intimidar y disgustar al campesinado, carecen de recursos técnicos y materiales y del cual subsisten un grupo de burócratas holgazanes corrompidos, que no producen un grano de ningún tipo y sirven solo para negociar y reclamar prebendas de los asociados por los escasos bienes materiales a repartir que tienen en su poder.

A principios de la Revolución existían las Tiendas del Pueblo, en las que el campesinado adquiría sus alimentos e insumos, sin tener que estar sometido a los caprichos y abusos del presidente y sus acólitos en la UBPC y CCS.

Cuba tiene en sus manos las positivas experiencias de las Empresas Mixtas en Turismo y en otras entidades. ¿Por qué no hacer lo mismo en la Agricultura para la entrega de equipos, enseres, semillas, piezas, combustibles, que hoy han convertido a los dirigentes de las UBPC, CCS, granjas, etc., en los nuevos zares en el campo?

Dedíquese el cobro de intereses y salarios sin contribuir al bien común que devengan estos burócratas en fondos para la compra de equipos para la reparación de caminos vecinales, la construcción y mantenimiento de sistemas de riego y drenaje, ventas de equipos de transporte en desuso para la eliminación de ACOPIOS y sus consabidas pérdidas de alimento en el campo, con lo que desaparecerán los vagos, corruptos y sus intimidaciones.


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