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Los Pinares de Mayarí, un sitio de belleza singular

Por Osmel Ramírez Álvarez

HAVANA TIMES — Entre las estribaciones de las sierras Cristal y Nipe desciende el río Mayarí hasta la bahía de bolsa una de las más grandes del mundo. Antes de desembocar surca el valle homónimo, que igualmente nombra al municipio y a la ciudad cabecera. Cientos de miles de hectáreas de tierras fértiles, especialmente para el tabaco, se hallan en estas llanuras, que se escurren entre las montañas y la costa.

Antes del descenso final se construyó un dique que creó un gran embalse entre las montañas, que zigzaguea a lo largo de decenas de kilómetros. A ambos lados ascienden las laderas, pero al oeste llegan a una meseta extensa, casi llana en su totalidad, interrumpida solo por pequeñas ondulaciones.

Y solo al final, casi en el sitio donde desciende al extenso llano costero, es coronada por una elevación mayor: la loma de la Mensura. La meseta tiene una altitud por encima de los 600 metros y la Mensura alcanza los 995 metros sobre el nivel del mar, siendo el pico máximo del territorio.

Son los Pinares de Mayarí, tierra riquísima y de mucha belleza, por desgracia muy mal explotados en las últimas décadas. Se asciende por las elevaciones de Colorado, que llegan a la famosa loma de la Bandera. Se llama así porque en un principio era un camino muy estrecho y el único vehículo que lo podía cruzar debía portar una bandera, para evitar un choque frontal con cualquier otro en el sentido contrario. Y la fama viene de los muchos accidentes con numerosas víctimas mortales durante toda su historia.

Mientras se realiza el impresionante ascenso se denotan muchos cambios: de temperatura, de suelo y de vegetación. Existe allí un microclima más fresco, la tierra es rojiza y abundan los helechos, las orquídeas y los pinos. Hasta hace poco había muchos pinares altos, cubiertos por debajo con árboles de café. Hoy no hay ya tantos, pues fueron talados y los cafetales destruidos por el abandono.

Las carreteras son de terraplén. Solo en la de ascenso hay tramos de cemento. Todo el territorio de Pinares de Mayarí es un gran yacimiento de hierro, rico también en níquel, cobalto, cromo y hasta oro. Era propiedad, antes de 1959, de una compañía norteamericana que construyó la fábrica de Nicaro, hoy destruida por el Estado, “por irrentabilidad”. La mina está abandonada junto a una obra millonaria para descender el mineral hasta la línea férrea, con apenas pocos años de uso.

Aún existen muchos recursos forestales, pero más alejados.Otros están en crecimiento, pero se aprecia que su explotación no ha sido con prácticas sostenibles. Donde se explotó mineral quedaron los “paisajes lunares”, que ya son casi imperceptibles debido a la reforestación.

Tres de los arroyos que son afluentes del río Mayarí nacen en manantiales de la meseta y dos producen saltos al descender al valle. El salto del Guayabo es el más alto de Cuba y se precipita desde unos 300 metros de altitud. Es una gran atracción turística, con mirador, piscina natural y senderos ecológicos. Todo construido con madera, rústico y hermoso a la vez, rodeado del bosque tropical siempre verde.

La loma de la Mensura y sus alrededores es un área protegida y turística. Tiene un alto nivel de especies endémicas y en su demarcación existe una filial de la Academia de Ciencias de Cuba dedicada al estudio de la flora y la fauna lugareña. La Empresa Flora y Fauna tiene además del área turística del salto del Guayabo, un parque exótico en la Mensura, con fauna de distintas regiones del mundo.

Pero el sitio emblemático para el turismo de naturaleza es la Villa Pinares de Mayarí. Es como un palacio dentro de un bosque. Jardines hermosos, árboles ralos para el sombrío, helechos y orquídeas por doquier y todo cubierto de un césped tupido, surcado por pasillos sin fin. Toda la construcción es de madera rústica, pero muy finamente diseñado, en simbiosis con elementos de hormigón armado y pisos de baldosas.

Se construyó en los años 70 y desde los 90 es operada por el grupo Gaviota S.A., de GAESA. Es la mayor cadena hotelera del país, que al igual que la Empresa Flora y Fauna, son militares. La falta de mantenimiento le resta belleza a la Villa e imposibilita el máximo aprovechamiento de sus capacidades.

Posee piscina, áreas de deporte, un restaurante majestuoso por su arquitectura e incluso una laguna en sus proximidades. Hasta hace poco se podían alquilar botes de remo o pedales y en una instalación rústica almorzar en pleno contacto con la naturaleza. Hoy está en desuso por el deterioro acumulado.

Pero la belleza del lugar opaca cualquier deficiencia. El colorido, las vistas panorámicas, el microclima y todo el esplendor de su naturaleza, convierten a este territorio en un paraíso terrenal.

Es imposible visitarlo y no salir cargado del deseo de contarles a todos la experiencia y recomendar su visita. Si esta es o no la tierra más hermosa, como dijo el Almirante genovés, es difícil determinarlo, pero de seguro ha de estar entre las más bellas. ¡No cabe duda!

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