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Lo que cambió Irma

Kabir Vega Castellanos

HAVANA TIMES – Como la mayoría de los cubanos, pasé el huracán Irma encerrado en mi apartamento oyendo el batir del viento y tratando de enterarme de la posición y estragos del fenómeno atmosférico por Radio Reloj.

Lamentablemente, los partes meteorológicos se extendían tanto resaltando la infalible labor de nuestro Estado y la Defensa Civil y la gratitud de los pobladores de cada provincia donde pasaría el cataclismo, que la batería del móvil donde sintonizaba la radio duró menos que las velas que había comprado a 10 CUP, en el mercado negro.

El resto del tiempo, ya en plena oscuridad y decidido a saber el recorrido de la veleidosa Irma, tuve que recurrir a un radiocito chino recargable por medio de un dinamo que se activaba haciendo girar velozmente una manigueta.

El viento arrancó el pestillo de una de las puertas del balcón y fue una odisea reparar aquello en medio de la tormenta. Tampoco fue fácil impedir que el agua entrara por tantas ranuras de ventanas y puertas.

Pero como todo termina, también Irma se fue a sembrar destrozos por la Florida. Se restableció por fin la electricidad en la mayoría de los municipios. Regresa el confort de la tecnología y la gente se despide hasta nuevo aviso de velas, abanicos de mano y juegos de mesa.

Inmediatamente encienden luces, ventiladores o aires acondicionados para refrescarse, así como computadoras, televisores o alguna fuente de entretenimiento que extrañaban. Los más resentidos con el forzado silencio se vengan poniendo reguetón tal alto como se lo permiten sus equipos de audio.

Otros sin embargo aún siguen en la oscuridad y soportando el calor de las noches. Si ya vaciaron su depósito de agua, tienen que llenarlo transportándola personalmente desde la cisterna hasta su hogar por medio de cubos, aunque vivan en un piso doce.

Su único alivio es tener algún amigo que tenga electricidad en su vivienda o en algún centro de trabajo donde puedan cargar los dispositivos móviles y sentirse menos aislados.

Aprovechando la coyuntura, esto mismo hicieron algunos como negocio. Recargaban los equipos de los necesitados por medio de un Backup o laptop con la batería cargada al cien por ciento. Frente al correo de Alamar vi una cola de clientes ávidos de recibir ese servicio alternativo.

Fuera de todo eso, el paisaje habitual que teníamos hace una semana cambió radicalmente. Árboles enormes y antiquísimos yacen desarraigados, la basura de latones o cestos se encuentra desperdigada al azar mezclada con el fango y agua putrefacta. Una vista triste, aun así, el cubano indisciplinado la empeora echando desperdicios en cualquier parte.

Más cercas y garajes destruidos, menos vegetación para soportar el implacable sol de esta isla. Los más indolentes aprovechan la ocasión para librarse de ramas o arbustos que sienten les molesta.

El Estado no pone nada nuevo para reemplazar lo que destrozó la naturaleza. Los cambios solo se producen por las ausencias.


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