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Segundas partes casi siempre fallan

En tiempos de amar, la telenovela cubana, puede ser un bolsón de historias a tratar en espacios dramatizados, pero todas juntas se atropellan “y matan” al culebrón

Cartel de presentación de la telenovela

Por: Paquita Armas Fonseca

En 1997 la calle 17 entre G y H se llenó de personas que no cabían en la sala Rubén Martínez Villena de la UNEAC, ni en el patio de de la organización. La Asociación de Cine y Radio y Televisión, liderada entonces de manera brillante por Lizzete Vila, convocó un debate que devino homenaje a la radionovela Cuando la vida vuelve, de Joaquín Cuartas.

Vinieron radioyentes desde La Lisa y hasta de Varadero (en pleno Período Especial) porque querían ver a los actores y actrices que los habían hecho sentir, llorar y reír con un melodrama típico que paralizó este país durante su transmisión a las 11 y tanto de cada mañana, por Radio Progreso.

Entonces entrevisté a su escritor. Me dijo que su pieza era un homenaje a Felix B. Caignet, incluso me contó de pasajes específicos donde el célebre padre de El derecho de nacer incursionaba en la trama. Joaquín no esconde que disfruta el melodrama y que ha escrito piezas explotando ese género. Crítica y público lo han aplaudido por su  don  de transmitir sensualidad y pasión.

Los capítulos de En tiempos de amar recuerdan el silencio de Don Rafael del Junco, aquel hombre que  Caignet sometió a un mutismo por razones contractuales. Pero lo que devino pieza de atracción para los radio oyentes primero, los televidentes después, no funciona en ese coma interminable del compañero de Laura.

Si se le quiso realizar un guiño al reconocido autor radial no funcionó a favor de la trama, ha sido todo lo contrario. Manolito entubado es un mal elemento decorativo.

Esa es una de las tramas de la telenovela de turno que ocupa las noches de Cubavisión los lunes, miércoles y viernes, que fuera escrita a ocho manos: Eurídice Charadán, Serguei Svoboda, José Víctor Herrera y Alberto Luberta Martínez.

Ernesto Fiallo, como director, tiene a Roberto Díaz Barrueta y Julio César Ramírez, como codirectores, el segundo en la dirección de actores.

De la edición se encargó Noel Gutiérrez, de la fotografía Yohan Palomino y otros especialistas, todos graduados de La Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual  (FAMCA) y  también del Instituto Superior de Diseño Industrial.  Raúl Paz se encargó de la música y Oigrés Suárez fue el productor, mientras Fernando Pérez asumió la presentación.

Si a esto se añade un elenco con algún palmarés (Maykel Amelia Reyes, Carlos Solar, Yía Camaño, Héctor Echemendía, Nieves Riovalles, Tamara Castellanos, Fernando Echevarría, Luis Toledano, Zelma Morales, Alejandro Palomino, Yerlín Pérez, Geonel Martín, Omar Alí, Rubén Breña…y otros intérpretes) se puede pensar que se tenía una buena baza, pero (Sí, Amaury, aquí está el pero) no ha sido así.

Insertar una telenovela en la contemporaneidad es digno de aplausos, se puede lograr: ahí está La otra esquina del propio Fiallo, una propuesta actual y con una realización moderna, atractiva desde la fotografía hasta la edición. En la actual ni eso atrae.

Creo que la cantidad de historias “trocaron” al equipo de dirección. Desde el accidente, justo en el momento en que el bueno va “a descubrir” a la mala, mala, malísima, hasta el envío de mensajes de un estudiante a una maestra, o el amor ¿contrariado? entre un músico y una joven que no entiende, el atisbo de lesbianismo en dos adolescentes, son demasiados asuntos que por sí mismos necesitarían un desarrollo que no se quede en un barniz superficial.

En tiempos de amar puede ser un bolsón de historias a tratar en espacios dramatizados, pero todas juntas se atropellan “y matan” al culebrón.

Coincido con Antón Vélez Bichkov quien escribió “Existe en los pasillos del ICRT el mito que en equipo se escribe mejor. La ciencia lo contradice, afirmando el valor del individuo, por encima del grupo si la idea es creatividad y eficiencia.”. Quizás es categórico, pero en  la novela de turno hizo falta par de manos y una cabeza que limpiara de paja la historia que se quisiera contar, cualquiera de las que abundan en este poco sustancioso ajiaco  de aptitudes y actitudes humanas.

He esperado hasta ahora por una sorpresa. No creo que llegue ese momento de amarre a una trama, por ejemplo quiero ver la segunda parte de la serie UNO, me quedé enganchada.

Y bueno si de melodrama se trata ¿cuándo se televisará  uno de esos sabrosos de Joaquín Cuartas?. Ese escritor sabe muy bien, como su admirado y bien homenajeado Felix B. Caignet, atraer públicos de diversas edades, niveles culturales, opciones sexuales… ¿Es tan difícil llevar una de sus exitosas radionovelas a la televisión?

Tomado del Portal de la Televisión Cubana

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