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Érase  un pueblito llamado Cojímar

En Cojímar, el trabajo de las autoridades locales, demuestra que nadie quedó desamparado tras Irma

A un mes del paso del huracán Irma, se recupera el Consejo Popular Cojimar en el municipio Habana del Este. Nuevas adaptaciones de viviendas.Foto: Juvenal Balán

Abel Reyes Montero, estudiante de periodismo

Ahora vuelve a ser un pueblo tranquilo mojado a discreción por el mar. Ya la angustia no cruza las calles como hace poco más de un mes, cuando el fenómeno meteorológico más fuerte que muchos recuerdan barrió sus costas. Han mermado los escombros, la desesperación, los rostros largos. Huele a cemento fresco en Cojímar, y huele a sal: una mezcla que, según algunos, cicatriza.

Al recorrer la calle 21 (que es casi desandar la duna del Consejo Popular) es frecuente avistar vecinos levantando muros con función de rompeolas enfrente de sus casas. La desolación del  terreno donde una familia tuvo su hogar también resalta y conmueve. El silencio del barrio se parece mucho a la resignación de un hombre cuando no existe remedio, por ejemplo, ante la muerte. Sin embargo, el paisaje cojimero dista mucho del desastre que fue; un buen número de viviendas resarcen los estragos que ocasionó el ciclón, y el trabajo de las entidades locales demuestran que el desamparo no tiene cabida en esta parte del litoral.

Nuestro diario revisitó la casa de Frank, el entrenador del equipo nacional de karate do afectado tras el paso de Irma, y protagonista con su historia en las páginas de Granma. Pero el profe se encontraba en menesteres deportivos para ese momento, y fue su esposa,  María Dolores Pereira, quien nos comentó cómo se sacudían los rezagos del ciclón.

«Hemos tratado de recuperarnos lo más rápido que hemos podido. A nosotros nos llevó la cocina y dos cuartos. Adquirimos los materiales en el rastro y allí nos los vendieron a mitad de precio, por crédito. Hablamos más o menos de 20 000 pesos, y creo que mi esposo tiene que pagarlo en un marco de 15 años. Ahora mismo la brigada que tenemos es particular, la tercera que contratamos, porque con las dos primeras no nos fue muy bien». Esto último lo dice sirviéndose de un ademán. Obviamente falló la ecuación calidad precio con los albañiles que pusieron los primeros ladrillos de su cocina nueva.

Pasando la casa de Frank y María Dolores, vive Jorge Mendive, otro vecino beneficiado por el gobierno bajo el concepto de crédito financiero. No está allí, pero casuísticamente lo encontramos cerca de la bodega del pueblo. Apeado de su moto, nos da su testimonio. 

«Yo tenía una habitación de uso múltiple con pantry y baño. Ese era mi pedacito. Luego del paso del huracán, los compañeros de Planificación Física, conjuntamente con el consejo popular hicieron una minuciosa revisión técnica de todos los daños ocasionados por el mar. Entonces nos facilitaron los materiales al 50 % de su valor. El banco dio la posibilidad de solicitar créditos a aquellos que no tuvieran la solvencia para pagar en efectivo. Yo pagué una parte así, pero era mucho efectivo, y entonces me acogí al crédito, para levantar poco a poco. También pedí un permiso para construir en la azotea de mi madre, porque su casa tiene una estructura más sólida, y me lo aprobaron, aunque todavía están en gestión de los planos. Solo me faltan los azulejos, que no han entrado. Con respecto a los otros materiales, el Estado asignó un transporte para trasladarlos hasta tu vivienda, sin costo alguno.

«Lo que me falta nada más es el tema de la albañilería. Yo no lo pregunté, pero supongo que el banco no cubra eso, que las brigadas tengamos que contratarlas nosotros. Hoy día no hay ni un albañil que te tire un precio razonable».

A sus dudas respondería luego la vicepresidenta para la construcción en La Habana del Este, Yeslaine Bermúdez Cruz. La directiva afirmó que el municipio contaba con la cooperación de algunas entidades como la empresa constructora ECAL para facilitar la mano de obra a aquellos núcleos que no pudieran autogestionarse una brigada de albañiles.

«Generalmente eso aplica a los que recibieron subsidios y bonificaciones, pero todos los afectados pueden solicitar este tipo de ayuda, y recibirla siempre y cuando el grupo de la oficina de trámites evalúe el caso y lo apruebe».

La propia fuente aseguró que en Cojímar se reportaron ocho derrumbes totales, los cuales van a ser reubicados en viviendas casi listas para ser asignadas.

«Tenemos como plan terminar estas casas para el 30 de noviembre. Ellos (los damnificados) tienen visualizadas sus viviendas y están incorporados al proceso constructivo. Estas viviendas están en la comunidad de tránsito Ñico López, que hoy pasó a solución definitiva, y también en el área de Machaco.

«Con respecto a los damnificados, de manera general establecimos diferentes modalidades de pago: crédito, subsidio, bonificación y pago en efectivo. La bonificación se entregó por trabajo social, de manera que los casos más críticos económicamente recibieron los materiales libres de costo. Contamos hasta este minuto con 26 afectados bajo el concepto de crédito, tres bonificados y 13 subsidios; el resto de los afectados pagó en efectivo», concluyó.

Regresando los pasos hasta calle 21 entre K y Lindero, conocimos a Tamara de la Caridad Valdés, una de las ocho personas reportadas como pérdida total de bienes. Ella es uno de los casos que se mantiene habitando la parte de su domicilio que no colapsó después de las inundaciones.

«A nosotros nos han dado todas las donaciones gratis. Nos van a dar una casa que le falta poquito ya pa’ que la terminen, creo que antes del 30 de noviembre. Ya nosotros vimos las casitas y están muy buenas todas. Aquí ya no se puede estar: el techo está hundido, en cualquier momento la casa de arriba que está en peligro de derrumbe, nos cae aquí abajo; cuando llueve esto aquí es un río, porque lo de arriba no tiene techo ni piso». Va señalando el lugar, y a cada paso las condiciones empeoran. Le queda sentido del humor para gastarse una broma sobre el «peligro de extinción» de su morada, y una vez en el portal me presenta a Pedro Fernández, su vecino.

Pedro también lo perdió todo y se mantiene «viviendo en un pedacito que le quedó allá arriba». Viene cargando dos botellas de agua y del cuello le cuelgan algunos santos en forma de collar. «A mí me están construyendo por el Machaco.

Ya fui a ver la casita y está muy buena. Yo soy albañil también y están trabajando fino allí, se ve que son gente curiosa, que saben lo que hacen».

Las casas nuevas se encuentran en la zona alta de Cojímar, a unos mil 500 metros del mar y del peligro. Dirigiendo la obra perteneciente a la comunidad de paso Ñico López , estaba Armes Santodomingo.

«Estamos avanzando a buen ritmo, a pesar de que hemos tenido algunas limitaciones por las inclemencias del tiempo y algunos recursos que han fallado y que ya hemos ido resolviendo. Las viviendas de aquí constan de dos habitaciones, baño, cocina, comedor, sala, portal y terraza. Una de estas tiene tres cuartos porque es para un núcleo más grande. Ya se les terminó las instalaciones hidráulica y sanitaria, falta la instalación eléctrica, que se va a hacer en estos días.

Trabajamos hasta las 17;00 hora local más o menos, incluso cuando parte del personal es de Batabanó. Aquí está operando la ECIN de Mayabeque. Esperemos que el mes próximo ya estén habilitadas las viviendas».

Por su parte, el director municipal de Planificación Física en La Habana del Este, Raciel Pascual, señaló: «Nosotros pensamos que antes de que se termine el mes que viene podamos entregarle, al menos estas cuatro viviendas a los afectados. Las otras cuatro casas, que están situadas en el contingente Machaco Amejeiras, se están montando con paneles sobre bases, y también están bastante avanzadas. Aquí se está trabajando desde los días posteriores al paso del ciclón y hoy contamos con cerca de 40 hombres divididos entre las dos obras».

El sopor del mediodía se hace dueño del pueblo. Dentro de las casas nuevas, con techo de fibra de cemento, la temperatura es casi tan elevada como afuera. Y en la calle alta donde vivirán Tamara, Pedro, Alexis, y otros vecinos del mar, parece no haber sucedido nada hace poco más de un mes. Todos hablan del calor y parecen olvidar la noche aquella de septiembre, cuando Lindero fue el final de Cojímar.

Tomado de Granma

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