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Con perdón de los buenos

Verónica Vega

Foto: Jarno Nevala

HAVANA TIMES – Un amigo me sugirió que escribiera sobre el comentario que hizo un conocido suyo:

Negro y mierda es lo mismo, con perdón de los negros buenos.

De haber sido yo la interlocutora, hubiera optado por darle la espalda, pues con semejante precedente, las probabilidades de un debate razonable son nulas.

Recuerdo cómo, siendo una muchacha, me soliviantaba oír alegatos de este tipo: Si un hombre engaña a su mujer solo sigue su naturaleza, pero la mujer que engaña a su marido es una puta.

Por supuesto, quien lo exponía era varón, heterosexual, machista. Por más que lo intenté, jamás fructificó nada sano de esas disputas.

Pero por este amigo voy a hacer hoy una excepción, y escarbar en la basura.

Si el sujeto de marras puso en cero el valor de TODOS los afrodescendientes y añadió una salvedad, él mismo se contradice al afirmar que hay “negros buenos”. No es, pues, una generalización, sino una afirmación nacida del resentimiento.

No sé si mi vida ha sido excepcional, pero si he de hablar de decepciones, no puedo ser honesta y hacer una diferencia en términos de raza.

Foto: Mabel Nakkache

Entonces, podríamos aprender de este hombre y llevar más lejos la sentencia:

-Ser persona y mierda es lo mismo, ¿o no?

Y otra vez tengo que añadir un “pero”. Porque si he de hablar de felicidad compartida, no puedo ser honesta y hacer una diferencia en términos de raza.

Desde mi infancia tuve amigas de la raza negra. En mi casa no me enseñaron a ser particularmente abierta, pero tampoco me instigaron sentimientos racistas. Tuve la libertad de aceptar el mundo tal como lo veía, la vida, tal como se manifestaba por sí misma.

Sí recuerdo que en el verano y durante el Período Especial, sumergida en las entrañas del “camello”, grupos de jóvenes que volvían de la playa hacían del único medio de transporte asequible, un lugar más que inhóspito. Voceaban groserías, golpeaban las puertas, desde las ventanillas lanzaban objetos a bicicleteros o transeúntes. Sin exagerar, los que componían la totalidad de esos grupos eran negros y mulatos.

Recuerdo haber visto a personas blancas replegadas y asustadas ante aquellos actos de vandalismo. Callando su disgusto por temor a una trifulca, porque la reacción negativa era invariablemente grupal, aunque fuera contra uno solo.

Sin embargo, este recuerdo no representa una estadística. A pesar de la imagen blanqueada que se exporta de Cuba, cuando uno observa las multitudes en las calles, son proporción mayor los negros, mulatos y mestizos.

Esos grupos que alborotaban en la guagua provenían de los barrios más pobres. Es un hecho la marginación de la población afrocubana en lo económico, político y social.

También que la Revolución hizo asequible la educación, pero con una pedagogía fundada en el adoctrinamiento ideológico, no en la pluralidad racial, sexual; no en la autonomía del pensamiento. La frase “la Revolución hizo a los negros personas”, circulaba y circula seguramente aún en ámbitos oficiales.

Es un hecho que la misma Revolución fomentó la vulgaridad convocando a expresiones irrespetuosas contra otros gobiernos, actos de repudio contra nuestros compatriotas. Incentivó la fobia al diferente y promovió la falta de compasión, de ética, la inconsciencia.

Un joven hizo una encuesta entre sus amigos y descubrió que en general lo que se interpreta como rechazo al negro es algo más o menos definible como rechazo a la “actitud negra”, es decir, marginal.

Foto: Juan Castañeda

Conozco mucha gente que no va a la playa por estos mismos grupos de marginales que generan un ambiente denso y con tendencia a la violencia. Aunque yo veo más el peligro en los grupos que consumen bebidas alcohólicas, y son multirraciales.

El odio no tiene raza. La bondad tampoco. Lo que es una tendencia creciente fomentada por todos los sistemas políticos, aún bajo premisas diferentes, es la ausencia de bondad.

He visto videos de personas socorriendo animales y me han conmovido; de animales auxiliando a animales de otras especies y me han conmocionado; amistades insólitas entre un gato y un búho, un león y un perro, un tigre y un cerdo… Jugando, prodigándose afecto por encima del instinto.

Un protector de animales me dijo:

-Al menos a mí, el ser humano no me ha demostrado aún su “humanidad”.

Tuve que admitir que, en general, y juzgando por la historia, nuestra especie no ha demostrado merecer llamarse “humana”.

Pero aprendamos de la sentencia que dio origen a este post y añadamos: “Con el perdón de los buenos…” Porque aún quedan, de toda raza, sexo y especie.

A pesar de todos nuestros resentimientos.Y es un hecho que nos salva.


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