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La ruta comercial que retó al puerto de Jagua

Mucho se especuló en una época sobre los efectos que sobre la ciudad de Cienfuegos tendría la apertura del Canal de , hace ya más de 103 años.

La inminente inauguración de ese portento de la ingeniería, que transformó el comercio mundial, promovió opiniones diversas en cuanto al impacto que una vez terminada tendría la nueva vía marítima en la vida económica y social de la urbe.

Muchos de esos criterios quedaron para la historia en una serie de artículos publicados por el periódico local “La Correspondencia” en el mes de marzo de 1913, diecisiete meses antes de que los océanos Atlántico y Pacífico quedaran comunicados por la parte más estrecha del continente.

La ruta comercial que retó al puerto de Jagua
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Las opiniones iban desde consideraciones que lamentaban la falta de preparación de Cienfuegos para recibir el influjo de la marea comercial que se esperaba generaría el nuevo acontecimiento, hasta quienes con una visión más optimista apelaban a transformaciones todavía posibles en la infraestructura citadina.

Entre estas últimas se abogaba por reparar las maltrechas calles de la ciudad; erigir un nuevo mercado; dragar el puerto, dotarlo de grandes muelles; establecer estaciones carboneras en los cayos de la bahía y construir un dique en el Caletón de Don Bruno, un refugio natural ubicado en la margen occidental de la rada sureña.

Hubo hasta quienes propusieron abrir dos escuelas hispano inglesas para generalizar la enseñanza de idiomas, en función de un comercio que se avizoraba próspero una vez abierta la vía interoceánica, oficialmente inaugurada al fin el 15 de agosto de 1914.

En lo que sí todos parecían coincidir era en que el Puerto de Jagua, como ningún otro en Cuba, reunía las condiciones óptimas para recibir buques de toda clase provenientes del Canal de Panamá, a los que podría asistir con trabajos de reparación y limpieza y el suministro de víveres, carbón y agua.

Se daba por descontado que las líneas de buques que desde el istmo se dirigieran al Golfo de , recalarían inevitablemente en la Perla del Sur.

La percepción de que Cienfuegos podría resultar beneficiada por la apertura de la nueva vía interoceánica, se mantenía incólume apenas un año después de aquel suceso. En los primeros meses de 1915, el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio de la ciudad recababan del poder legislativo que otorgara a Cienfuegos el estatus de Puerto Libre para el Comercio.

Los promotores de la iniciativa insistían en que era este el puerto de la Isla con mejores condiciones para encarar el reto impuesto al comercio de la época por el Canal de Panamá: contaba con áreas disponibles para el establecimiento de grandes industrias que procesarían la materia prima directamente importada y la convertirían en productos para la exportación o para el consumo nacional, en un proceso que abarataría considerablemente los costos y proporcionaría trabajo a miles de personas en las fábricas que se establecieran aquí en virtud de ese proyecto.

El reclamo era tanto más oportuno cuando el puerto de Jagua comenzaba a perder privilegios que en otra época tuviera, como el servicio directo de vapores entre la ciudad de Cienfuegos y Nueva York, aunque paradójicamente otras señales apuntaran a reforzar la importancia de esta plaza como nudo comercial y comunicacional entre distintas áreas del continente.

No fue hasta más de medio siglo después de la apertura del Canal de Panamá, cuando el puerto de Cienfuegos alcanzó la importancia que merecía por sus condiciones y su ubicación geográfica.

No fue hasta más de medio siglo después de la apertura del Canal de Panamá, cuando el puerto de Cienfuegos alcanzó la importancia que merecía por sus condiciones y su ubicación geográfica. Foto Omar George.

Los partidarios de que Cienfuegos debía promover iniciativas que le permitieran aprovechar el rediseño de las rutas comerciales vía marítima, hicieron un último intento en abril de 1931, cuando instruyeron una propuesta de ley ante la Cámara de Representantes para hacer de este enclave al sur de Cuba una zona de libre comercio.

Los años posteriores se encargaron de apagar definitivamente ese entusiasmo. El puerto se desarrolló, pero no al ritmo impuesto por el incremento del tráfico interoceánico. Y aunque la posición geográfica de Cienfuegos le daba efectivamente ventajas, éstas nunca se aprovecharon a la altura de las expectativas generadas por la apertura del Canal de Panamá.

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