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Cuba sigue en la banquilla de Trump pero sin pruebas

Fernando Ravsberg

Marcos Rubio (c)

HAVANA TIMES – Washington cambia “de palo pa’ rumba”, el subdirector de Seguridad Diplomática, Todd Brown, acepta que tal vez no exista un arma acústica, pero dice que puede tratarse de un virus inoculado a los estadounidenses. Por supuesto, tampoco ofreció la más mínima evidencia.

El problema es que el informe del FBI dice que su División de Operaciones Tecnológicas “probó la hipótesis de que ondas audibles, infrasónicas o ultrasónicas pudieran haber sido utilizadas clandestinamente para herir a estadounidenses en Cuba y no encontró evidencia alguna”.

Unos días antes, el senador republicano, Jeff Flake, ya les había confesado a los periodistas de la AP que, tras 4 viajes del FBI, a Cuba “las autoridades de EE.UU. no han encontrado pruebas de que los diplomáticos estadounidenses en La Habana hayan sido víctimas de ataques”.

La CIA puso el grito en el cielo contra las conclusiones del FBI. Es que las primeras “víctimas” fueron sus agentes, los cuales espiaban en La Habana disfrazados de diplomáticos… “caramba qué coincidencia”, dirían los humoristas de Les Luthiers.

Senador republicano, Jeff Flake

Otro que se lanzó de inmediato a la contraofensiva fue el senador de origen cubano Marco Rubio. Afirmó que los funcionarios de EE.UU. “saben muy bien que aún se cuestiona el método empleado en los ataques, pero no los ataques y las lesiones que ocurrieron”.

Reconoce de esa forma no tener ni idea de que exista un arma de ese tipo, pero aun así es un ferviente defensor de los “ataques acústicos”. Se ha convertido en el padre adoptivo de la criatura y busca presionar Trump para que la culpa caiga sobre La Habana.?

Algunos se preguntan qué pasó, entonces, con los funcionarios canadienses, la respuesta ya la dio Karen Foss, una diplomática de ese país en Cuba: “Muchos de los síntomas son similares a los de un estrés extremo, y existe la posibilidad de que haya efectos para la salud mental, causados por el miedo a ser atacados”.

En la prensa estadounidense el globo parece empezar a desinflarse, tras presentar “exclusivas” grabaciones de grillos, rasguños en las pizarras, turistas con los pies dormidos e insinuar que en Cuba hay misteriosas armas capaces de violar leyes de la física.

Tras ganarse las burlas de las redes sociales el Departamento de Estado acepta que no existe un arma acústica, pero vuelve a la carga hablando de un misterioso virus inoculado en Cuba.

El “Maine acústico” ya está haciendo agua y podrían dejar que se hunda, después de haber alcanzado su objetivo primordial: revertir el acercamiento entre Cuba y los EE.UU., logrado por la negociación de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama.

Con la salida de 60 diplomáticos de la embajada estadounidense se está incluso peor que cuando esta no existía. Ahora será imposible otorgar 20 mil visas anuales, compromiso de Washington en sus acuerdos con La Habana, para promover una migración ordenada, legal y segura.

La maniobra crea serias dificultades a los ciudadanos cubanos de a pie, sobre todo, por el fin del otorgamiento de visados dentro de la Isla, ahora deberán ir a buscarlos a Colombia o México, para lo cual necesitan previamente una visa de esos países.

También sufrirá la industria turística, la más dinámica de Cuba. Las supuestas amenazas de ataques acústicos, más la carencia de servicios consulares y la prohibición de viajes individuales ha hecho que muchos estadounidenses suspendan sus visitas.

Este “Maine” parece dirigido contra el ciudadano común, son los que no pueden emigrar ni visitar a sus familiares. Son los emprendedores quienes más pierden en el turismo, dado que los estadounidenses preferían hospedarse y comer en negocios privados.

Los cubanos que quieran viajar a EE.UU. deberán primero conseguir una visa de Colombia para ir allí a enterarse si le dan o no la visa estadounidense.

Airbnb, la compañía que en el 2016 movió decenas de miles de estadounidenses a hospedarse en casas de cubanos, casi ha desaparecido del mercado de la Isla. Ahora Trump obliga a viajar en grupo con lo que la única opción, por el número de habitaciones necesarias, son los hoteles del Estado.

Todo parece formar parte de la guerra económica contra Cuba y parece perseguir los mismos objetivos que definiera el Departamento de Estado hace décadas: provocar hambre, miseria y desesperación en los cubanos de a pie para empujarlos a revelarse contra el Gobierno.

Es la estrategia de atacar a inocentes, de presionar a la población civil hasta el límite, para conseguir determinados fines políticos. Se trata de un tipo de acciones que en el mundo se califican de “terroristas”… cuando los que sufren las consecuencias son estadounidenses o europeos.

El “Maine acústico”, igual que el barco que sirvió a EE.UU. para entrar en la guerra de Cuba, terminará hundido, tras haber alcanzado sus objetivos.


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