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Ejemplo del cooperativismo en Cuba

Por Osmel Ramírez Álvarez

Por un largo periodo la ANAP municipal nos la ha impuesto, usando mecanismos electorales manipulables.

HAVANA TIMES – Desde hace más de un lustro cultivo la tierra y soy miembro de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Desembarco del Granma, que radica en mi comunidad, en el barrio de Guayabo, Mayarí. Esa forma productiva es lo más cercano que hay en Cuba a una cooperativa real.

Las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y las Unidades Básica de Producción Cooperativa (UBPC) son más claramente empresas estatales camufladas. Y las recientes no agropecuarias, si se revisa bien, han sido más bien una forma de legalizar, sin reconocer, a algunas pequeña y medianas empresas, formadas o en necesidad de fomentarse en actividades demasiado “pesadas” para el concepto de cuentapropismo.

Me gustaría saber de algún ejemplo, que tal vez exista en Cuba, no lo descarto, de una verdadera cooperativa, agropecuaria o no. Donde los integrantes sean verdaderamente socios, no lo que realmente son: trabajadores “mejor pagados” que los de una empresa estatal, bajo el manto de “cooperativistas”, o propietarios de tierra compelidos a asociarse en una CCS para poder acceder a créditos, servicios, paquetes tecnológicos, semillas, insumos y mercado, que como campesinos independientes se les impide por ley. Luce obligatorio, ¿verdad?

No conozco el reglamento de una cooperativa no agropecuaria, pero dudo de que sea muy diferente al de una agraria. Al interpretarlo, si se cuenta con un conocimiento mínimo de qué cosa es una cooperativa, solo se observa un engendro mimético, malintencionado y manipulador.

En todos los aspectos hay incongruencias, pero basta un solo ejemplo reciente para reflejar esa triste realidad. En mi CCS hubo “elecciones” el pasado mes. Imaginen que más de dos tercios no queremos que continúe la misma directiva por sobradas razones de peso. Por un largo periodo la ANAP municipal nos la ha impuesto, usando mecanismos electorales manipulables. Han sobrado estrategias e inventos para evitar que se imponga la voluntad de los campesinos.

Ahora la situación es crítica, pues ha llegado a un punto en el que es demasiado el mal funcionamiento, el uso abusivo y turbio de nuestros recursos y la impunidad, sin embargo, no pudimos quitarla. ¡Nos la impusieron nuevamente con un proceso mucho más groseramente amañado!

Pero esta vez los campesinos no bajaron la cabeza ni se fueron solamente murmurando como en las ocasiones anteriores. Alzaron su voz y quieren repetir el proceso con más transparencia. Hubo un gran disturbio en pleno enfrentamiento y desafío al despotismo de la ANAP municipal. Es una batalla difícil por los múltiples mecanismos que existen para acallar cualquier reclamo popular. Y ojalá dé frutos, porque el contubernio político, el tráfico de influencias y la corrupción están demasiado imbricados en nuestro país, a un nivel incluso más fuerte que la propia ideología.

Por alguna razón, (sobre la que se especula corrupción), en la ANAP municipal de Mayarí están muy interesados en esa directiva ineficaz y de “oscuro” proceder. No tiene resultados satisfactorios y viola constantemente las más elementales normas de control y respeto financiero, lo cual ignoran y apañan. Yo conozco muy bien, como todos los demás socios, las múltiples irregularidades, pero sería suicida de mi parte escribirlo aquí, ya que soy, en vez de los corruptos y “sociolistas”, el blanco de la ¿ley? “revolucionaria” en Mayarí.

Es bueno resaltar que no es un problema puntual. Los campesinos no pueden, debido al reglamento oficial general, elegir democráticamente entre ellos mismos a su presidente. El método es copia fiel del sistema electoral cubano. Se elige una Comisión Electoral, preferiblemente propuesta, sugerida y hasta conciliada entre la ANAP y la dirección de la CCS para que guíe el proceso.

Los campesinos tienen prohibido proponer en su Asamblea General a los candidatos. Solo tienen derecho a comentárselo en secreto a la Comisión que lo visita, desconociendo lo que otros propusieron. Al final esta define, inapelablemente cuáles fueron aquellos compañeros, once en total, más propuestos por la mayoría. Hay que confiar, pues no hay de otra. Ellos luego son votados con una sola cruz y si obtienen más del 50% de los votos son aprobados.

Más que “elección” es un proceso aprobatorio, parecido al de los Diputados a la Asamblea Nacional. Solo algunas diferencias: obligatoriamente hay que emitir los once votos (cruces) y si no te gusta uno o varios, debes tacharlos con una raya y anotar otro nombre al final en sustitución. ¡Tremendo mecanismo! Es verdaderamente un diseño maestro para votar sin elegir, para simular democracia cuando todo es amañado y manipulado.

Pero la cosa no para ahí. Con ese paso se define únicamente a los miembros de la Junta Directiva. Cualquiera creería que finalmente los socios tendríamos la posibilidad de entre ellos proponer y elegir al presidente de la cooperativa y a su vice. ¡Pues no!, la nueva Junta se reúne a puertas cerradas con el representante de la ANAP que la supervisa, junto con la Comisión Electoral y bajo esas influencias se escuchan propuestas entre ellos, pero prevalece la propuesta política que trae la ANAP.

Imaginen el resultado “súperdemocrático” que brota de semejante fórmula. La Asamblea de socios espera afuera el veredicto. Salen luego e informan a los socios, sin dar detalles de número de votos ni de porcentajes ni nada. Por eso, como en efecto sucedió en mi cooperativa, puede imponerse perfectamente el candidato más impopular o a quien convenga a los sensores de la ANAP.

Este es solo un ejemplo de un punto de inconcordancia entre una supuesta cooperativa cubana y el propio concepto de cooperativismo, donde la democracia debería ser la base de su funcionamiento. Lo más triste es que sucede lo mismo en el resto de los aspectos dentro del modelo de las “cooperativas” cubanas.

Será interesante continuar abordando este tema desde sus múltiples aristas, porque, en efecto, muchos creemos sinceramente en la necesidad de impulsar el cooperativismo como parte de ese modelo económico más eficaz y justo que necesita el país. Pero debe partir inevitablemente del reconocimiento crítico de lo que actualmente tenemos y del impulso pragmático de aquello que se fomente en lo adelante, principalmente para no celebrar espejismos.


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