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El más puro rodeo cubano es un horror. ¡No participe!

Irina Echarry

A los toros los agrarran y halan por la cola.

HAVANA TIMES – Esta yegua es la niña de mis ojos, la cuido como si fuera yo mismo. Así habla Miguel sobre cuquita, la yegua que su hija lleva a las competencias. Desde hace varios años la hija de Miguel es amazona y participa junto a cuquita en el Rodeo, ese evento que algunos definen como deporte extremo y otros como tradición.??

Cuentan, los que saben, que la primera feria agropecuaria y ganadera en Cuba se realizó en 1814, en la Finca de los Molinos. El primer Rodeo, con coleo incluido (tumbar una res por la cola), tuvo lugar en los años 20 del pasado siglo. El Rodeo tuvo una gran acogida desde el inicio, sobre todo por las personas que tenían que ver con la ganadería, pues se trataba de actividades que ellos practicaban en su cotidianidad: enlazar un novillo, montar un toro bravío para domarlo, correr caballos. etc.

Nada nos cuesta imaginar a Miguel bañando a su potranca, peinándola y acariciándola; una escena bucólica del campo cubano. Sin embargo, la realidad no es tan poética. Aunque probablemente Miguel y? cuquita tengan esas escenas, no significa que todo sea armonía y amor. Generalmente el intercambio con los animales pasa por el autoritarismo y la demostración de poder de nosotros ¡Oh! los humanos, los elegidos para dominarlos.? Eso ocurre en los Rodeos a los que Miguel lleva a “la niña de sus ojos”.

En 1993 se fundó la Asociación Cubana de Vaqueros de Rodeo, y eso ayudó a estructurar un cronograma de competiciones que transitan desde las bases hasta las lides provinciales y nacionales. El espectáculo está garantizado durante todo el año. Cuando se lee sobre los Rodeos hay palabras que no faltan: destreza, agilidad, valentía, arrojo; todo centrado en la persona, ignorando totalmente a los animales de quienes se valen los vaqueros para entretenerse.

Con un tubo los golpean.

¿Quiénes van a ver el Rodeo?, me preguntaba antes de pisar uno. Ahora puedo decir que cualquiera, no importa la edad ni el sexo. El público disfruta de la carrera de barriles de las amazonas, el enlace, la doma de novillos, y la monta de toros. Cuando los vaqueros cambian su sombrero de guano por un casco de bicicleta o moto, y se ponen las pieles encima de la ropa, la adrenalina se siente en la atmósfera.? Pude intercambiar con algunos vaqueros fuera del Rodeo y me llevé muy buena impresión: son personas ocurrentes, sinceras, simpáticas, inmersas en una dinámica de maltrato que han naturalizado a lo largo de los años.

Una sugerencia: si usted va a un Rodeo, no se limite a mirar al terreno. Para que esos vaqueros hagan bien “su trabajo”, los animales? padecen la violencia de los propios? vaqueros y del personal que los acompaña.? Además de permanecer al sol durante la mayoría del tiempo, de sufrir estrés y agotamiento físico -solo por capricho del “humano” que quiere diversión-, algunos reciben golpes y pinchazos; sobre todo los toros. Vi a uno salir al terreno sangrando, con el rabo cortado.? Cuando pregunté, la respuesta fue rápida: es que a veces se le parte el rabo. No puedo asegurar que en ese justo momento le cortaron el rabo, pero sin dudas algo había sucedido y al salir se lastimó, por eso sangraba. Durante todo el tiempo que estuve allí vi que la manipulación por la cola era común; es la manera que utilizan para colocarlos o sacarlos de un sitio a otro. Algunos se apoyan también de un tubo que dejan caer con furia sobre el lomo de los animales; otros arremeten contra ellos con el puño, por las partes más blandas.

Estas imágenes no me dejarán mentir? -no son buenas fotos, pues fueron tomadas a distancia y sin un buen zoom-, pero ilustran lo que ocurre para que el evento “tenga lucidez”. Un vaquero me explicó que “si el toro no sale bravo al terreno, no tiene gracia”. Y otro que “esos animales son fuertes, nada les duele”.

Los pinchan para que salgan molestos al terreno.

Como ya dije, al Rodeo también van niños que, desde muy pequeñitos, se sienten superiores a esos animales de los que pueden abusar a su antojo. Así aprenden a disfrutar con el sufrimiento ajeno y crecen pensando que eso es “normal”. Intenté conversar con uno que caminaba sobre un toro: pobrecito, eso le molesta, además corres peligro, si reacciona puedes lastimarte;? entonces lo castigarán a él. El niño -de unos 8 años- me miró como si yo estuviera loca y comenzó a saltar encima del animal. Nadie a su alrededor parecía sorprenderse.

En nuestro país no existe una ley de protección animal. El Estado promueve el Rodeo como una tradición nacional que atrae al turismo y “divierte” a los locales. No sabemos si existe alguna regulación en la Asociación Cubana de Vaqueros de Rodeo para evitar estos atropellos; en una búsqueda por internet no encontramos nada.

El maltrato en estos eventos no es oculto, al contrario, sucede a la vista de todos. Si usted visita algún Rodeo solo debe cambiar la mirada: fijarse en las reses y no en los vaqueros; entonces comenzará a verlo todo diferente. A menos que se haya deshumanizado y ya nada le importe.

O mejor, si todavía siente que podemos ser mejores seres humanos, no participe en los Rodeos, ni de espectador ni competiendo. No martirice a otros seres vivos en nombre de una tradición. Si la tradición implica sangre y dolor, habrá que cambiarla.

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[See image gallery at www.havanatimes.org]


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