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La batalla del gobierno de Cuba en Ginebra

Por Osmel Ramírez Álvarez

El canciller cubano Bruno Rodríguez. Foto: Minrex

HAVANA TIMES – Una feroz batalla diplomática libra Cuba en Ginebra. Bruno Rodríguez y su “Equipo Élite” tienen la misión de resaltar la cara positiva del sistema cubano, maximizando y edulcorando los logros sociales, y minimizando y desfigurando a los que señalan las violaciones a los derechos humanos.

Nuestro Gobierno no va a la ONU a escuchar recomendaciones, a tomar en cuenta el sentir de nuestra sociedad civil ni las denuncias de los defensores de derechos humanos, sino a contrarrestarlos como si fuera una batalla campal. No existe ni la más mínima voluntad de construir “con todos y para el bien de todos” una Cuba mejor, más inclusiva y respetuosa de todos los derechos humanos.

Es una lástima que esta Revolución, que nació como una gran idea progresista, haya resultado tan conservadora y radical. Pretenden continuar con esa especie de Apartheid político que tiene al país estancado, dividido, en una guerra civil “fría” estéril y, lo peor, emigrando y sin esperanzas. Todo fuera diferente si la dirección nacional decidiera romper su carácter estático y rígido para conducirnos verdaderamente a un modelo político, económico y social revolucionario, el que Cuba necesita.

Es bochornoso ver a nuestros diplomáticos, muy diestros en el verbo, tildar a los defensores de derechos humanos que llevan denuncias, de “mercenarios” o “asalariados del imperio”. No atacan el contenido del mensaje, su mira está en el mensajero: vieja técnica de manipulación.

¿Qué significa ser un mercenario?

Según la RAE “una persona que realiza cualquier trabajo a cambio de una retribución económica, cuyo único objetivo es ganar dinero y carece de motivación ideológica”.

Constantemente, el Gobierno acusa a todo cubano que lo enfrenta, dentro o fuera de Cuba, de ser mercenario. Pero es evidente que nadie encaja en ese concepto, que es el único que existe para tal término. ¿Quién podría creer que esas personas u organizaciones de cubanos defensores de nuestros derechos humanos, que están en Ginebra tratando de visibilizar su trabajo, sean mercenarios? –evidentemente tienen intereses y motivaciones ideológicas propias. Pero la cancillería cubana es muy diestra en la manipulación de discursos, en repetir acusaciones infundadas y crear falsos estigmas, como el de “mercenario”.

Según nuestros diplomáticos “el Gobierno de Cuba no prohíbe viajar a ningún cubano, es EUA quien lo hace al retirar su personal consular”. Entonces ¿es EUA quien me prohíbe viajar a mí, por ejemplo, que ni siquiera me permiten actualizar mi pasaporte? En los días previos a la Cumbre de las América, en Lima, la prensa independiente denunció cerca de 200 cubanos que fueron limitados de viajar al exterior, por temor a que fueran al evento de la sociedad civil y contrarrestaran el show de la delegación oficial disfrazada de sociedad civil: ¿fueron los EUA quienes le pisotearon ese derecho humano, a la libre circulación, o fue el Gobierno cubano?

Incluso tres defensores de derechos humanos que debían participar en Suiza en un evento previo a esa cita no pudieron asistir, rechazados como de costumbre en el propio aeropuerto. Fuimos el único país que no pudo participar. Ya eso solamente muestra cuán mal andan los derechos humanos.

El derecho de viajar, a la libre circulación, en Cuba no es un derecho humano inalienable, es una dádiva que los ciudadanos debemos ganarnos con nuestro comportamiento a favor del sistema político imperante o, al menos, con neutralidad. Si decides hacer uso del derecho a la libertad de expresión o política, entonces pierdes el de libre circulación. El canje de derechos y su condicionamiento, es la práctica habitual.

Hay muchísimas violaciones más: la limitación de los derechos económicos, combatiéndose más la riqueza que la pobreza; no se permite la libre asociación; los trabajadores no pueden afiliarse en sindicatos independientes a los oficiales, donde se hallan en una camisa de fuerza y priman los intereses oficiales, que son al mismo tiempo patronales. ¡Hay tantas violaciones!

Pero no podemos llevar nuestras quejas a Ginebra. Imposible organizarnos aquí sin apoyos de fuera, pues la represión es virulenta y muy efectiva. Y si recibes apoyo entonces eres catalogado de mercenario. Fíjense qué inocentes son los del equipo de Bruno Rodríguez.

Usan inteligentemente el justo reclamo de muchos países contra las acciones de los EUA catalogadas de imperialistas, o las políticas cuestionables de Trump, para meter en el mismo saco la justa lucha por una Cuba mejor, o contra violaciones reales, sistemáticas y endémicas del sistema político cubano contra nuestro pueblo, en el saco de las acciones imperialistas. Y muchos terminan creyendo la teoría de la conspiración, la de Goliat queriendo aplastar al buen David, y ahí terminan apoyando el crimen.

La Revolución cubana, ese sistema que tenemos implantado, no tiene la capacidad ideológica para el diálogo nacional. ¡Solo un milagro los haría cambiar! El único camino que ofrecen hacia el futuro es la subordinación humillante y el acatamiento servil de todo el que no comulgue con sus doctrinas, que por demás son un fracaso económico y social.

Emigrar y despojarse de todo derecho, acaso solo recibir la dádiva de visitar la familia si se comportan imparcialmente en el extranjero, o de continuar aquí luchando por el cambio, ser considerado un paria en tu propia tierra sin ningún derecho humano que el Gobierno deba respetar.

Urge que la Comunidad internacional apoye más al pueblo cubano, pero no será posible mientras la diplomacia de la Isla siga superando la capacidad de denunciar y visibilizar la realidad de los derechos humanos en Cuba. Hay que seguir trabajando con perseverancia e inteligencia.


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