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Hombres que no necesitan pedestales

HOLGU?N.— ?No se me canse, que muchos cocineros como usted nos hacen falta en estos momentos?, le dijo el Che a Gabriel Pereira, mientras le pon?a la mano en el hombro. ?No se preocupe, no me cansar?, le respondi? el encargado del almuerzo de los obreros del Batall?n Rojo, perteneciente a las ?reas del antiguo central Antonio Maceo, enclavado en territorio holguinero.

Ya para ese entonces —21 de marzo de 1961—, el nombre de Antonio Maceo era una leyenda. Quiz? ni el mismo Che supiera que, aproximadamente 66 a?os antes, tambi?n en tierras holguineras, Maceo hablaba de alimentos; mas no porque le escasearan, sino porque se encontraba muy enfermo a causa de una carne de cerdo en mal estado que hab?a ingerido.?

?Lo encontr? con 40 grados de temperatura, el vientre aumentado considerablemente de volumen?, cont? el doctor puertorrique?o Guillermo Fern?ndez Mascar?, quien lo examin? en un lugar cercano a Minas de Camaz?n, donde se hallaba recluido.

Como no mejoraba, el general Jos? Mir? le propuso a Mascar? que dejase que un curandero o una curandera le manipulara el est?mago para ?quebrarle el empacho?. Pero el doctor respondi? con una negativa. Al consultarlo, el paciente contest? de forma jocosa: ?Si la curandera es una muchacha joven y agradable… pensar? en eso?.

Llama la atenci?n que entre las caracter?sticas se?aladas por quienes los conocieron, aparezcan algunas comunes para ambos. Del hijo de Mariana, el alf?rez Manuel Piedra cont?: ?Ten?a maneras distinguidas: su trato era comedido y cort?s en todos los momentos y circunstancias, y el mismo para sus iguales en jerarqu?a que para sus subalternos?.

Muchos de los obreros que compartieron con el guerrillero en Gibara y Moa lo recuerdan como un hombre de hablar pausado, en un tono familiar, que invitaba al di?logo, ten?an gran poder de convencimiento e inquebrantable exigencia en el cumplimiento del deber.

La huella guevariana, durante el tiempo de su trabajo en el Ministerio de Industrias, qued? plasmada en el imaginario popular gracias a los intercambios sostenidos en diversos sitios de Holgu?n, como el parque de Nicaro, la zona minera de Moa, la f?brica de n?quel Pedro Soto Alba, la actual hilander?a Inejiro Asanuma, el astillero Alcides Pino...

Entre las an?cdotas que no olvidan quienes fueron testigos de sus visitas, se encuentra la de Compandr?s: ??Usted es el hombre que camina??, le pregunt? el Che a este campesino moense que andaba todos los d?as los ocho kil?metros que lo separaban de la Pedro Sotto y nunca hab?a llegado tarde. El interpelado respondi? afirmativamente, a lo cual el Comandante ripost?: ?Yo no le hago ninguna promesa, pero si aqu? llega un avi?n, un tren, un auto o una moto, es para usted?. Al cabo de un tiempo, una de las motos designadas a los trabajadores le fue entregada a Compandr?s.

Igualmente, la impronta de Maceo en nuestras tierras ha quedado rese?ada en algunos textos poco usados por los estudiantes de hoy, en los cuales se cuenta sobre sus proezas en lugares como el poblado de Pedernales, Sagua de T?namo, Aguas Claras y Barajagua.

Destaca la haza?a protagonizada por ?l, el 28 de noviembre de 1876. Con el fin de burlar las l?neas militares espa?olas desde Sagua de T?namo hasta Guant?namo, Maceo sali? con todas las fuerzas —unos 1 300 hombres— en direcci?n a Sagua. Despu?s de una dif?cil marcha rehuyendo al enemigo, y de atravesar el r?o desbordado, sorprendi? a la guarnici?n del poblado. Aunque los mambises a su cargo se encontraban exhaustos, el ?xito fue total, no solo por lo estrat?gico de la operaci?n, sino tambi?n por el valioso bot?n capturado.

No importa a cu?ntos kil?metros nazcan, si dos nombres han de cruzarse alg?n d?a. Dos hombres que se miran, a la distancia de 83 a?os, entre Rosario (Argentina) y San Luis (Cuba). Dos muchachos que persiguieron el amor en sus d?as juveniles, que hicieron chistes y no pocas fechor?as… Dos gu?as que alumbraron a Cuba en diferentes momentos de la historia, y que, aun en la distancia del tiempo, reniegan de los pedestales para exigirnos las haza?as cotidianas en Holgu?n y en toda Cuba.

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Fuentes: Para la confecci?n de este trabajo se consultaron los siguientes textos:

Revista de Historia. Holgu?n, No. 2, 1988.

Franco, J. Antonio Maceo. Tomos I, II y III. Editorial Ciencias Sociales.


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