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La reforma constitucional que necesitamos

Osmel Ramírez Álvarez

Foto: Jorge Luis Santos

HAVANA TIMES – La Constitución cubana actual data de 1976 y aunque tuvo algunos retoques posteriores, sigue siendo, en esencia, una carta magna contradictoria y negacionista de la democracia más elemental y de los derechos soberanos del pueblo.

Basada en la idea tácita de que una casta autoseleccionada posee la suprema confianza, inteligencia y sabiduría como para gobernar a manera de tutora o regente del resto de la población. Evidentemente debe ser reformada o sustituida.

Realmente los cambios que han hecho anteriormente y el que se pretende ahora, tienen el propósito de perfeccionar el sistema político imperante: el socialismo autoritario. La prueba de que no quieren improvisaciones ni dar chance a las ideas renovadoras es la presencia de Raúl Castro al frente de la Comisión Constituyente, una especie de garantía o dique a cualquier toque democratizador que pueda servir de pie forzado a una eventual reivindicación popular de la soberanía nacional.?

La soberanía continuará siendo usurpada por el Partido Comunista de Cuba. Es un punto ya aclarado de antemano? para que nadie tenga dudas. Evidentemente esta no será la reforma constitucional que necesitamos. Tampoco un paso de avance hacia el reordenamiento del país, ni de las instituciones políticas, ni del modelo económico o hacia el rescate de los derechos humanos que tanto nos urgen para sacar el país adelante.

El pueblo la aprobará por inercia, no tengo dudas. Y también por incultura cívica, pues para eso hemos sido entrenados en el miedo y castrados en el espíritu ciudadano por la maquinaria política e ideológica al servicio del Partido único, por más de medio siglo.

Foto: Jorge Luis Santos

No obstante, no será como antes, con aquella participación casi unánime y con apoyos masivos. Es previsible que sea menor del 90%, pues ya un pequeño segmento de la población tiene información diversa, piensa por sí mismo y ha ganado la conciencia cívica necesaria para perder el miedo.

Si nuestro pueblo mayoritariamente supiera cuán importante sería decir “NO” y aprovechar esta oportunidad para exigir el cambio que hace falta, si pudiera escuchar masivamente diversos criterios junto a los del gobierno, otra sería la historia. Qué bueno sería que se permitieran las propuestas de grupos divergentes y fomentaran un verdadero debate nacional en los medios de comunicación.

Algo tan importante como una constitución bien que lo merita. Hasta se le podría llamar al cambio, “perfeccionamiento de la Revolución” o “retorno al Programa del Moncada”, para no desatar un movimiento demasiado radical y pueda ser aceptado sin miedos ni paranoias. Pero no será posible, jamás lo permitirían, pues solo saben imponer sus ideas y aparentar democracia con debates y planteamientos recogidos en asambleas controladas por el Partido.

Este proceso es 100% manipulado y no habrá un debate justo sobre los cambios que el país necesita. Nadie ajeno a la política oficial participará en su elaboración o en la discusión del texto que salga, que con seguridad será una nueva versión ajustada a las ideas y necesidades de la misma política fracasada. Será un engendro monopartidista, de visión selectiva, ajeno al espíritu democrático desde su gestación.

Foto: Jorge Luis Santos

Posiblemente se modifique hasta el artículo que permite, (en letra muerta), que cualquier ciudadano elector o grupo de electores pueda ejercer la iniciativa de proponer leyes, amparados en 10 mil firmas. Fue con este recurso legal que el fallecido Oswaldo Payá intentó introducir una iniciativa de reformas democráticas, el “Proyecto Varela”. Y como consecuencia, en 2002 Fidel convocó, a través de las organizaciones de masas subordinadas al Partido, la firma de un referendo para que el socialismo fuera irrevocable en la Constitución. Y socialismo para ellos significa autoritarismo.

Aquel proyecto ni siquiera fue debatido y el cambio constitucional que lo contrarrestó es otra paradoja, porque si al pueblo se le reconoce como “el soberano”, entonces no puede haber nada escrito en la Constitución que no pueda ser modificado por el propio pueblo. Nada es irrevocable.

Particularmente no pienso votar en ese referendo, a no ser que vea en el nuevo proyecto al menos un hálito de democracia o la posibilidad remota de ella, lo cual dudo. Solo espero que el escenario político actual sea superado más pronto que tarde y podamos realizar una verdadera reforma constitucional. Que tal vez podría ser simplemente tomar la del 40 y hacerle dos o tres cambios pequeños, para ajustarla mejor a nuestras necesidades actuales. Sería una sabia decisión.

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