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Matrimonios y conveniencias

Irina Pino

Domingo en el Malecon. Foto: Constantin Eremechev

HAVANA TIMES – Es común que en los matrimonios que tienen una larga convivencia se genere un hastío y la pasión se apague. Un suceso normal: son etapas del amor. Queda el cariño, las afinidades, la amistad. Pero si lo que prevalece son solo las conveniencias por intereses de trabajo, casas de por medio, y otras cosas materiales, creo que es preocupante.?

Habría que hacer un análisis del por qué no pueden ser compañeros nada más. Para qué mantener el estatus de un contrato matrimonial si solo los atan ciertos intereses.

En nuestro país es asfixiante que matrimonios no puedan separarse porque comparten una casa, o uno de ellos no quiere permutar. Se hace áspera la cotidianidad en medio de peleas campales, discusiones estériles que no llevan a ningún lugar, o por asuntos que se arreglarían fácilmente si cada cual tuviese su espacio.

¿Por qué no enfrentar los hechos?

Nada es simple, se sabe que en Cuba los problemas de vivienda son los que más afectan a los ciudadanos. Vender, permutar, traen aparejados papeleos, dinero, asuntos engorrosos para cualquiera.

Pero ahora quisiera contarles una historia: tengo un amigo que realiza audiovisuales con su esposa. Ella lo introdujo en este proyecto y de alguna manera él es su deudor. Este hombre me cuenta que no quiere tener sexo con su pareja, pero que la quiere como familia. Llevan más de 10 años juntos.

Mantiene una relación extramatrimonial con otra persona, que según él, es como su media naranja. Cada día necesita compartir más tiempo con ella. Se confiesa enamorado y tiene con ella un sexo increíble. Asimismo se complementan por gustos afines.

Por su parte, la mujer tiene un matrimonio que prácticamente no existe y le ha dicho en varias oportunidades que comenzará los trámites para el divorcio. Desea liberarse totalmente de su antiguo compañero.

A estas alturas él no se pronuncia, le habla de proyectos futuros con su esposa, que por supuesto no la involucran.

Sin embargo, eso no impide que salgan a lugares como si fueran una pareja normal.

¿Qué debe hacer ella? ¿Seguir con la relación hasta que a él le dé la gana? ¿Estar a la espera de que él la llame para verse?

Un amigo mío tiene una teoría muy original sobre el matrimonio ideal, dice que para que perdure es necesario que la pareja viva separada, o sea, cada uno en su respectivo apartamento, y solo deben verse para salir por ahí, tener sexo…

Me dice que con la convivencia todo pierde su magia, que no le gusta ver a su mujer despeinada y vestida con una bata de casa. Eso le quita las ganas de todo.

Su criterio es machista, ella seguramente dirá otro tanto: que no le agrada el mal aliento de él por las mañanas. Ni cuando se pone a ver la televisión en calzoncillos y se tira eructos en su presencia como si no estuviera.

Muchas cosas deterioran a una pareja, pero el abandono y la falta de delicadeza son dos puntos a señalar. La soñada teoría de mi amigo del “no compromiso”, para compartir lo bueno y lo malo de la vida. Tampoco sirve.

El matrimonio que comparte “intereses en común,” ya sea casa o trabajo, cuando un miembro de la pareja ha dejado de sentir el sentimiento amoroso, implica buscar una solución.

Aunque siempre habrá uno que resulte herido, y sienta que ha sido burlado.


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