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Hemos luchado 150 años y seguiremos luchando hasta la victoria siempre

Compa?ero General de Ej?rcito Ra?l Castro Ruz, Primer Secretario del Comit? Central del Partido Comunista de Cuba;

Compatriotas:

Estamos otra vez en La Demajagua, el lugar donde con mayor suma de sentimientos patrios, podemos decir: Somos Cuba.

Somos Cuba: ustedes, nosotros, la historia y este paisaje formidable, que parece un lienzo de la naci?n, con el mar y la monta?a al fondo y en el centro, los viejos hierros del ingenio abrazados a un poderoso jag?ey.

Seg?n la leyenda, que es la versi?n po?tica de la historia, ning?n artista levant? este monumento (Muestra). Fue obra de la naturaleza.

Despu?s del alzamiento, en un acto de rid?cula impotencia, tropas espa?olas incendiaron el lugar; y pas? el tiempo, y pas? por entre la rueda del viejo molino de ca?a el jag?ey que eterniza el acontecimiento.

Es imposible llegar a este sitio y no emocionarse frente a tal misterio. Uno m?s entre los muchos que nos acompa?an desde que se empez? a pelear por Cuba libre.

Hoy venimos a pedirle permiso a la historia para entrar en uno de sus recintos sagrados, a rendir culto a quienes nos dieron naci?n y a quienes la rescataron despu?s, sin tomar para s? m?s que los sacrificios.

Es bello y a la vez sublime este sitio, porque aqu? Carlos Manuel de C?spedes levant? el alma de un pueblo reci?n nacido contra la metr?poli que lo tiraniz? por m?s de tres siglos y declar? libres y ciudadanos a todos, sin distinci?n de raza o sexo, socavando para siempre las carcomidas bases de una sociedad esclavista y patriarcal.

Es leg?timo reverenciar el suelo por donde cabalgaron juntos, bajo un torrencial aguacero, el antiguo amo y los que hasta ese d?a fueron sus esclavos.?

Aqu? naci? hace 150 a?os, la Revoluci?n Cubana y aqu?, un siglo despu?s, Fidel marc? su car?cter ?nico, desde el 10 de octubre de 1868 hasta nuestros d?as.

Tambi?n conmueve pensar que esta campana, ta?ida aquel d?a glorioso para decretar por primera vez iguales derechos? a? todos en Cuba, en 1947 la tomar?a en sus manos para sacudir la conciencia nacional, un joven estudiante, el mismo que volver?a en 1968, ya convertido en el l?der revolucionario Fidel Castro Ruz, para darnos una insuperable lecci?n de historia.

El 10 de Octubre de los cien a?os es otro acontecimiento digno de celebrarse. Ese d?a, el nombre de Carlos Manuel de C?spedes adquiri? significados m?s profundos como Padre de la Patria.

Hasta entonces, la conocida frase de que sus hijos eran todos los cubanos, al negarse a entregar las armas a cambio de la libertad de Oscar, era la explicaci?n de la escuela b?sica cubana para que le llam?ramos Padre.

Nos faltaban los poderosos argumentos del significado para Cuba de sus primeros actos libertarios, un tema que siempre se debati? mucho entre acad?micos, pero no en los discursos de efem?ride o en los libros escolares.

Las reflexiones de un apasionado de la historia como Fidel, fueron, aquel d?a, m?s que discurso, una sensible invitaci?n a? revisitar con el coraz?n y la mente definitivamente libres de viejas lecciones importadas y reduccionistas, el dram?tico curso del proceso iniciado cien a?os antes, en este valle —tan pr?ximo al pantano por donde ?l mismo reingresar?a al pa?s, en 1956, con la expedici?n destinada a rescatar la Revoluci?n frustrada por la intervenci?n extranjera— y a la vista de las monta?as, donde la generaci?n del Centenario pelear?a otra vez por la independencia, con la misma entrega que los fundadores de la naci?n.

He repasado muchas veces las palabras de Fidel en aquella velada solemne y apenas he podido entresacar frases que marquen su trascendencia hist?rica. Todas son trascendentes y conservan una vigencia que estremece, a pesar de que fueron pronunciadas cuando la mayor?a de los reunidos hoy aqu? no estaban nacidos y nosotros ?ramos estudiantes de primaria.

Los de m?s edad seguramente recordar?n ese d?a, tambi?n lluvioso, seg?n el propio Fidel dej? dicho. Y no dudo que todos conozcan que fue aqu? y entonces cuando dijo: “...en Cuba ha habido una sola revoluci?n: la que comenz? Carlos Manuel de C?spedes el 10 de octubre de 1868.? Y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes”.

Recordarlo, sin embargo, no basta. Hay que invitar a nuestros hijos y nietos, a los estudiantes de hoy, a desentra?ar el significado de aquella frase con la que comienza el primer an?lisis pol?tico p?blico del cap?tulo m?s trascendente de la historia nacional.

Empecemos por la valoraci?n que hace de las decisiones de C?spedes.? Dice Fidel: “…la historia de muchos movimientos revolucionarios termin?, en su inmensa mayor?a, en la prisi?n o en el cadalso.

“Es incuestionable que C?spedes tuvo la clara idea de que aquel alzamiento no pod?a esperar demasiado ni pod?a arriesgarse a recorrer el largo tr?mite de una organizaci?n perfecta, de un ej?rcito armado, de grandes cantidades de armas, para iniciar la lucha…

“…la historia de nuestro pueblo en estos cien a?os confirma esa verdad axiom?tica: y es que si para luchar esperamos primero reunir las condiciones ideales, disponer de todas las armas, asegurar un abastecimiento, entonces la lucha no habr?a comenzado nunca…”.

Ante los enormes desaf?os de la Cuba actual, condenada por el bloqueo norteamericano a una escasez de recursos materiales que hacen parecer imposible la prosperidad, resulta un imperativo retomar aquel an?lisis de Fidel en 1968.

Frente a la realidad de aquel primer d?a de ser cubanos, idea que entonces se reduc?a a unas decenas de hombres, casi todos desarmados y empapados por la lluvia, se revela el poder extraordinario de un ideal revolucionario. En lugar de esperar mejores tiempos, los alzados en La Demajagua se lanzaron euf?ricos a hacer una revoluci?n que les costar?a, al primer instante, todo el capital que pose?an, cuando no la propia vida.

Quienes ven su suerte o la del pa?s a trav?s de sus posesiones, dir?n: “Lo perdieron todo”. S?lo quienes creen en la Patria, entender?n lo verdadero: “Nos lo dieron todo. Hasta lo que no ten?an: la libertad”.

Desde entonces sabemos que s? es posible vencer partiendo de cero, a veces sin m?s armas que la moral y el patriotismo. Y que de la lucha bajo las peores circunstancias proviene el enorme caudal de coraje y resistencia que ha convertido al pueblo cubano en lo que somos: una naci?n soberana, independiente y orgullosa de su historia, algo que no pasa de ser un sue?o por conquistar para muchas naciones de nuestra regi?n y del mundo.

La decisi?n de C?spedes de liberar a los esclavos, que no encontrar?a consenso entre todos los alzados hasta el a?o siguiente en la Asamblea de Gu?imaro, es otro acto, que en sus palabras en 1968, Fidel califica como radicalmente revolucionario.

Con el, otra vez C?spedes se adelant? a sus contempor?neos y quiz?s fue entonces y no luego, cuando gan? el t?tulo de padre de todos los cubanos.

Porque la naci?n nueva no pod?a desentenderse de una de sus grandes fuerzas: los hijos de los hombres y mujeres, emigrantes africanos por la fuerza del l?tigo y del poder colonial, cuyos descendientes alcanzar?an los m?s altos grados en la guerra por la independencia y en la dignificaci?n del ser nacional, como probar?a lo largo de su ejemplar vida, Antonio Maceo, aquel que en Baragu?, al decir de Fidel: “...salva la bandera, salva la causa y sit?a el esp?ritu revolucionario del pueblo naciente de Cuba en su nivel m?s alto…”.

Somos Cuba decimos otra vez al invocar al m?s bravo de los guerreros, al mestizo, hijo de le?n y leona, que no se conform? con las glorias del jefe mamb? m?s temido por sus adversarios y llen? el libro de su vida con p?ginas de tal dignidad, que al repasarlas hoy, se nos hace m?s justa y m?s necesaria la persistente demanda del General de Ej?rcito Ra?l Castro Ruz, de proteger y estimular aquel legado humanista de C?spedes que puso al hombre negro al lado del hombre blanco y no detr?s. No a su servicio, sino como su igual.

Ciudadanos les llam? enseguida, sin hacer distinciones. Heredera de esa primera ley que, aun sin escribirse, ya dignific? al ser humano en medio de la manigua, nuestra Asamblea Nacional, poder supremo de la naci?n, lleva hoy y deber? llevar siempre, los colores que hicieron invencible a Cuba. Negros, mulatos y mestizos le hacen tanta falta al pa?s de nuestro futuro como le dieron gloria al pa?s de nuestro honroso pasado.

Compatriotas:

En igual fecha que la de hoy, casi 20 a?os despu?s del alzamiento de La Demajagua, en un acto con los emigrados en Nueva York, un Jos? Mart?, exaltado por las emociones de un auditorio de patriotas cubanos, dec?a:

“Esta fecha, este religioso entusiasmo, la presencia (...) de los que en un d?a como ?ste abandonaron el bienestar para obedecer al honor (…) los que cayeron sobre la tierra dando luz, como caen siempre los h?roes, exige de los labios del hombre palabras tales que cuando no se puede hablar con rayos de sol, con los transportes de la victoria, con el j?bilo santo de los ej?rcitos de la libertad, el ?nico lenguaje digno de ellas es el silencio. No s? que haya palabras dignas de este instante”.

Siente entonces uno la necesidad de callar cuando, ley?ndolo, escucha a Mart?. Si el due?o de las palabras considera que no existen las que merecen decirse, qui?n se atrever?a a hablar. Pero el propio Ap?stol nos dej? en ese discurso una gu?a para no quedar en silencio, al preguntarse: “?Por qu? estamos aqu?? ?Qu? nos alienta, a m?s de nuestra gratitud, para reunirnos a conmemorar a nuestros padres?”.

Y nuestra generaci?n responde: Si en 1968 fue la necesidad de analizar ??la historia a la luz de los conceptos marxistas, para ponerle todos los laureles que le hab?an ??escamoteado los interventores, hoy esa misma historia nos est? exigiendo repasos y aprendizajes, indispensables para el tr?nsito hacia una nueva etapa de la misma Revoluci?n que no ha cesado 150 a?os despu?s.

Los dos a?os 68 que nos preceden, est?n cargados de lecciones y del primero ?al otro ha ido model?ndose el pa?s que hoy somos.

Dec?a Fidel en 1968 que si no entendemos el proceso hist?rico de la Revoluci?n, “no sabremos nada de pol?tica”. Y nos convocaba a conocer y estudiar la historia. ?Por qu?, para qu??, podr?an preguntarse los ingenuos o los que creen que las subjetividades no pesan en los destinos de un pa?s. Pues bien, por las mismas razones que nuestros adversarios nos han pedido pasar p?gina y olvidar la historia.

Porque ah? est?n las claves de todas nuestras derrotas y fracasos, que los hubo y muy dolorosos, a lo largo de 150 a?os de luchas. Pero tambi?n est?n las claves de la resistencia y de las victorias.

La escuela cubana, en todos sus grados y niveles, tiene el deber inexcusable de estudiar este cap?tulo de nuestra historia a trav?s del discurso de Fidel en 1968, junto a otros dos, inseparables de aquel: el del 13 de marzo de 1965, en la escalinata de la Universidad de La?Habana y el del 11 de mayo de 1973, en Jimaguay?. En esa tr?ada magn?fica, digna del extraordinario intelectual y orador que la hizo, se puede beber, como en ninguna otra fuente, el valor de la unidad y entender el sentido profundo de la breve frase que hemos escogido para identificarnos en redes sociales y otros espacios que la comunicaci?n actual impone: Somos Cuba.

Cuando el 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de C?spedes lee su vibrante manifiesto a “compatriotas y a todas las naciones”, est? sentando principios invariables, que hacen de la Revoluci?n un hecho ?nico y continuo:
“Cuba aspira a ser una naci?n grande y civilizada, para tender un brazo amigo y un coraz?n fraternal a todos los dem?s pueblos, y si la misma Espa?a consiente en dejarla libre y tranquila, la estrechar? en su seno como una hija amante de buena madre; pero si persiste en su sistema de dominaci?n y exterminio segar? todos nuestros cuellos y los cuellos de los que en pos de nosotros vengan, antes de conseguir hacer de Cuba, para siempre, un vil reba?o de esclavos”.

Cambiemos en esas palabras el nombre de Espa?a por el de la potencia contempor?nea que por 60 a?os ya, nos acecha, y encontraremos la soluci?n y la posici?n invariable en el destino elegido. La Revoluci?n es la misma.

Y tambi?n son id?nticos los desaf?os: un asedio imperial desde afuera; una vocaci?n anexionista de unos pocos desde dentro —de los que no creen que la Patria pueda levantarse con sus propias fuerzas— y como ?nica salvaci?n: la unidad.

Mart? y Fidel lo vieron y advirtieron, cada uno en su tiempo. Ambos aprendieron, de la historia precedente, que s?lo la desuni?n ha podido contra la naci?n.

Actualmente, cuando entre todos discutimos con qu? traje vestir al modelo de sociedad que nos debemos, es imprescindible pensar en C?spedes, en los hombres y mujeres que a su lado se convirtieron en pr?ceres y en todo lo que frustr? sus sue?os, tan cercanos a los nuestros. El quiebre de la unidad fue siempre la causa fundamental de las p?rdidas y los retrocesos.

Un siglo despu?s del nacimiento de Mart?, emergi? en el horizonte hist?rico de Cuba, la generaci?n que reivindicar?a su noble aspiraci?n de reagrupar y unir a los defensores de la continuidad de la Revoluci?n. Hablo de nuestra generaci?n hist?rica, venerable vanguardia que jam?s se apart? de su responsabilidad y compromiso con los humildes.

Hoy aqu?, los hijos m?s j?venes de la Patria han ratificado el mensaje a las nuevas generaciones que expresa nuestra firme determinaci?n de que no claudicaremos, no traicionaremos y no nos rendiremos jam?s.

Asumamos como nuestras y como firme decisi?n de continuidad, las palabras de Fidel, aquel 10 de octubre de 1968: “Porque este pueblo, igual que ha luchado cien a?os por su destino, es capaz de luchar otros cien por ese mismo destino”.

Compatriotas:

Hemos luchado 150 a?os y seguiremos luchando hasta la victoria siempre.

?Viva Cuba Libre!? (Exclamaciones de:? “?Viva!”)

?Gloria eterna a Carlos Manuel de C?spedes! (Exclamaciones de:? “?Gloria!”)

?Viva el 10 de Octubre!? (Exclamaciones de:? “?Viva!”)

?Viva el heroico pueblo cubano y sus centenarias luchas! (Exclamaciones de:? “?Viva!”)

?Vivan Fidel y Ra?l! (Exclamaciones de:? “?Vivan!”)

?Socialismo o Muerte!

?Patria o Muerte!

?Venceremos! (Ovaci?n.)


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