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Cuando la entereza se multiplica

Imagino cu?n tristes est?n los casi 3 000 habitantes de Campo de Areia, una comunidad rural del municipio de S?o Jo?o da Barra en la ciudad brasile?a de R?o de Janeiro. Se sent?an seguros, a salvo, con la presencia en el consultorio del doctor Maikel Navarrete Ram?rez, especialista en Medicina General Integral, uno de los cerca de 20 000 colaboradores cubanos que en los ?ltimos cinco a?os se integraron al Programa M?s M?dicos para Brasil.

Muchos han sido los mensajes que el galeno ha recibido de esas personas, a quienes les brind? no solo atenci?n m?dica, sino tambien el afecto y el apoyo que necesitaban. Incluso desplegaron la iniciativa de recoger firmas para evitar que se fuera.

?La comunidad est? muy distante, las calles no tienen asfalto, las condiciones de vida son precarias y la poblaci?n estaba muy necesitada. Los ancianos, los beb?s de madres adolescentes… todos requer?an una atenci?n m?dica cercana, y yo me siento muy satisfecho por haber podido ayudarlos. Se siente uno muy grande cuando pone su conocimiento en beneficio de los dem?s, y es eso lo que hacemos los m?dicos cubanos dondequiera que haga falta?, cont? el m?dico en el di?logo con estas reporteras v?a Facebook, luego de conocer la posici?n del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, con respecto a nuestros profesionales de la salud y su desempe?o en el gigante sudamericano, ante la cual Cuba decidi? no continuar participando en el Programa M?s M?dicos.

El agradecimiento de los brasile?os es el m?s grato recuerdo de la excolaboradora Irina Eiranova Gonz?lez-El?as.

Navarrete Ram?rez lleg? en marzo de 2014 a la ciudad de Vitoria, en el estado de Esp?ritu Santo. Lo alojaron, junto a otros colegas, en Guarapari, y all? continu? sus estudios de portugu?s, iniciados en La Habana. ?El idioma fue un problema al principio, hab?a que estudiar mucho y ganar tiempo, para aprobar el examen de Medicina en portugu?s y para favorecer la comunicaci?n con la gente. El lenguaje popular, sobre todo de los ancianos, es diferente al aprendido, pero poco a poco ya deja de ser un problema?.

El especialista comenta que no siempre pod?a descansar lo suficiente. ?Atiendo a una poblaci?n de entre 2 800 y 3 000 personas, con un estimado de 30 pacientes cada d?a, despu?s de un viaje de una hora en un carro que proporciona la prefectura en las ma?anas, y en un ?nmibus por la tarde y en la noche. No obstante, tambi?n trabajo en otras regiones aleda?as y otras m?s lejanas, en las que no hay m?dicos, y para desplazarse de una a otra es en carro, moto o en lo que aparezca?.

Urgencias hipertensivas, accidentes, suturas… Navarrete Ram?rez tiene muchas an?cdotas que contar, relacionadas con el trabajo en esta comunidad de Brasil, en compa??a de las enfermeras Jackeli Barreto y Larissa B?rbara Ribeiro, quienes ya llevaban tiempo trabajando en el consultorio cuando ?l arrib?.

?No importa que se rompa el auto o que solo tenga una bicicleta para visitar a los pacientes en cama, o que los caminos sean intrincados, o que llueva, o que no regrese temprano a la casa. Cuando tuve que subirme a una moto, sin pensarlo mucho, para llegar r?pido y????? salvar a una ni?a que se ahogaba, tampoco dud?. La entereza se multiplica en situaciones dif?ciles, y los m?dicos cubanos sabemos bien de qu? se trata?.

El doctor Navarrete Ram?rez estuvo dos a?os antes en el estado de Sucre, en Venezuela, en el cumplimiento de una misi?n que tambi?n le aport? mucho a su formaci?n profesional. ?Creces tambi?n como persona, y todos los profesionales de la salud de Cuba llevamos en la sangre el humanismo inmenso que te permite salvar una vida, dondequiera que sea necesario y bajo cualquier circunstancia?.

Agradecimiento como regalo

Hace dos a?os que regres? de Brasil, pero la doctora Irina Eiranova Gonz?lez-El?as atesora con especial cari?o los tres que vivi? y trabaj? en la Serra da Ibiapaba, una tierra en el l?mite de los estados de Piau? y Cear?, al noreste del gigante sudamericano.

Esta santiaguera de nacimiento, siquiatra infanto-juvenil y m?ster en atenci?n primaria de salud de formaci?n, era la ?nica M?dico General Integral (MGI) en el Centro de Salud Familiar (CSF) de Inhu?u, y una de los diez cubanos que prestaban iguales servicios en esta desfavorecida y rural regi?n intramontana.

All? tuvo la oportunidad de compartir experiencia profesional con dos enfermeras, una t?cnica de farmacia, una odont?loga, una auxiliar de estomatolog?a y otro m?dico del Sistema ?nico de Salud (SUS) brasile?o. Tambi?n palpar las marcadas diferencias entre la atenci?n m?dica cubana y la que recibe, a elevados precios, la mayor?a de los residentes de la zona.

Para explicarlo se remite al ejemplo de las sillas de los pacientes que en Cuba se ubican a un costado del bur? del m?dico, para que este tenga oportunidad de examinar mejor al doliente; y que all? los facultativos la colocan de frente y con el bur? de por medio.

Este hecho, asegura, siempre le molest?, de modo que fue el primer cambio que realiz?, no sin resistencias, en su consulta. ?Todos los d?as deb?a lidiar con la auxiliar de limpieza que volv?a a colocar el mueble en el “lugar establecido”, hasta que le dije que lo amarrar?a al bur? si lo mov?a nuevamente?, confiesa.

Y es que, para quien solo unos meses antes hab?a culminado una misi?n similar en Bolivia, la medicina cubana se distingue precisamente por la cercan?a con el paciente, con ese mirarlo a los ojos, examinarlo sin recelos, trascender el an?lisis f?sico de su dolencia para aliviar, tambi?n, sus preocupaciones; y eso lo saben bien los residentes de Inhu?u.

No en vano los cientos de agradecimientos que recib?a a diario Irina en el mismo centro asistencial o durante las visitas en el terreno a pacientes encamados o imposibilitados de acceder a su consulta por la lejan?a. No en vano los resultados del Programa Materno-Infantil, que disminuy? abruptamente las tasas de mortalidad en la zona y control? notablemente la incidencia de enfermedades cr?nicas transmisibles como la diabetes mellitus y la hipertensi?n arterial.

En este camino, donde chocaron muchas veces con la resistencia de los m?dicos brasile?os, que ve?an en los cubanos la imposibilidad de ganar dinero a costa de las necesidades ajenas, Irina confiesa que nunca fueron impedimentos ni el idioma ni la cultura.

Cuando las palabras no alcanzaban, los gestos o la simple mirada de los pacientes los orientaban hacia el tratamiento o la afecci?n que estos trataban de explicar, nos dice quien considera a Brasil como una de las mayores oportunidades de superaci?n de su carrera, por las condiciones en las que le toc? desempe?arse y las enfermedades que pudo tratar y que ya rara vez se observan en Cuba.

Hoy, a casi dos a?os exactos de su regreso —el 2 de diciembre de 2016— todav?a siente la satisfacci?n de haber marcado la diferencia para todos los que tuvo el privilegio de ayudar, y el orgullo de haber demostrado la grandeza y el humanismo de la Medicina cubana, esa que sigue fortaleciendo cada d?a desde sus consultas en la Cl?nica del Adolescente de Santiago de Cuba y en el policl?nico Ernesto Guevara, del municipio cabecera.


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