Mas de 200,000 enlaces a la prensa Cubana . Miles de visitantes diario. Necesitamos un servidor mas fuerte. Ayudanos por favor.


Calendar
November 2018
MTWTFSS
« Oct  
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930 

Naturaleza escondida

Corr?a el siglo XIX, siglo de Freud, de los Curie, Lister, Darwin, Pasteur… de fe en el progreso y el conocimiento. Todav?a cre?a el mundo que todo acertijo humano que apareciera por el horizonte hallar?a? la mano encendida del conocimiento y los hombres ilustres de la ciencia. No hab?a a?n bomba de Hiroshima que atomizara la fe, las artes, los esp?ritus, el todo.

En ese fervor de utop?a progresista naci? la revista Nature. Pero insertada en el contexto de una ?poca victoriana del Reino Unido en que hallar espacio para el debate entre cient?ficos, y m?s todav?a, para llevar a las grandes masas sus avances, era casi nulo m?s all? de la Royal Society.

Surgi? el 4 de noviembre de 1869, gracias a Joseph Norman Lockyer, astr?nomo ingl?s descubridor del gas helio. ?El objetivo?, publicar solo aquellos estudios que resultaran rigurosamente probados y llevar lo mejor de la ciencia al gremio de especialistas pero sin centrarse en una sola ?rea.

?La frecuencia?, semanal, un verdadero reto para mantener la excelencia. Acababa de echar a andar el destino de la que ser?a una de las revistas cient?ficas m?s prestigiosas de la historia. Pero tambi?n, pol?mica…

El sol primero alumbra

Aquel 4 de noviembre, uno de los art?culos publicados en el primer n?mero hac?a una rese?a con tintes a?n cuasiliterarios de un reciente eclipse de sol. Y lo cierto es que en poco tiempo Nature se convertir?a en una especie de peque?o astro solar para la ciencia y su divulgaci?n.

D?cada tras d?cada, el impacto de su selecci?n editorial creci? hasta convertirse en un verdadero canon de lo m?s relevante de los avances cient?ficos. Para la segunda mitad del siglo XX, el alcance de un dise?o de portada a la altura del prestigio ganado llev? a la publicaci?n a catapultarse a un ?xito rotundo.

Tal vez una de sus mayores fortalezas haya sido ser igualmente reconocida como una voz autorizada tanto por los especialistas, que cada vez m?s deseaban publicar sus estudios en las p?ginas de Nature, como para los lectores, que buscaban en su selecci?n de publicaciones el m?s veraz reflejo de lo mejor del desarrollo del conocimiento humano.

Otro de sus puntos fuertes ha sido el complejo mecanismo de prueba para los estudios que se deciden publicar, que incluso ha generado varios mitos. Se cree, por ejemplo, que el equipo editorial de Nature pr?cticamente reproduce muchos de los estudios ni se ha interesado por comprobar sus resultados.

Lo que s? es conocido es que sus filtros de veracidad son bastante rigurosos, y comparado con el de otras revistas, el registro de publicaciones tergiversadas o fraudulentas es casi inexistente.

A lo largo de su existencia Nature ha dado la primera voz con avances tan relevantes como el descubrimiento de la estructura del ADN en doble h?lice por James Watson y Francis Crick en 1953; el hallazgo del primer planeta extrasolar 51 Pegasi b por Mayor y Queloz en 1995; el primer mam?fero clonado a partir de una c?lula adulta de la historia, la famosa oveja Dolly, en febrero de 1997; la secuenciaci?n definitiva del genoma humano con una fiabilidad del 99,9 por ciento, gracias al Proyecto Genoma Humano en 2001; la reflexi?n sobre el desastre nuclear de la central de Fukushima Dalichi en marzo de 2011; y algunos tan recientes en su relevancia como el llamado n?mero de la Gu?a de supervivencia para el mundo posKyoto, en referencia al famoso protocolo firmado contra el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Con semejante trayectoria, no es extra?o que la revista se haya convertido en un referente para la comunidad cient?fica. Pero, ciertamente, ser?amos ingenuos si no record?ramos las manchas del sol, y sus amenazas.

Tambi?n tiene manchas

A lo largo de sus casi 150 a?os, la revista reina de las ciencias —junto a Science, su gran hermana rival— ha tenido m?s de un momento de sofoco y pol?mica que entinta de varios tonos su historia. Curiosamente, los casos m?s fuertes de cr?tica han salido a la luz en a?os recientes. O tal vez, son los que han llegado a la vox populi gracias a la revoluci?n de los medios de esta ?poca.

El llamado caso de las estatuas racistas tuvo lugar en a?os de escaladas de cr?menes de odio en Estados Unidos, y la imagen de la revista qued? bastante afectada.

?La retirada de la estatua del general confederado Robert Lee por sus posiciones de odio por color de piel, que terminara con el asesinato de una mujer que participaba en una marcha antirracista, gener? un debate sobre qu? hacer con las estatuas erigidas en honor de personajes abiertamente racistas, incluidas las de personalidades de las ciencias que llegaron a practicar experimentos en personas de piel negra.

Dos personajes controvertidos centraron las cr?ticas a la revista por defender sus aportes: James Marion Sims, cuya estatua en Central Park de Nueva York fue pintarrajeada con la palabra ?racista?, y el m?dico Thomas Parran, m?xima autoridad del Servicio de Salud P?blica de EE. UU. entre 1936 y 1948.

Con carreras y aportes m?s que reconocidos durante a?os en EE. UU., ambos cient?ficos se valieron de experimentos realizados sin el consentimiento de los implicados. En el caso de Sims, realiz? cirug?as a mujeres esclavas a mediados del siglo XIX, mientras que Parran supervis? varios experimentos con s?filis sobre hombres negros, a la manera en que se usa un animal de estudio.

Al surgir la pol?mica, un editorial de la revista encendi? m?s a?n la opini?n p?blica, al defender y justificar en cierta medida a Sims cuando asegura que ?estaba lejos de ser el ?nico m?dico que experiment? con esclavos en 1849?, y al afirmar que ?sus logros salvaron las vidas de mujeres blancas y negras?.

El editorial terminaba por preguntarse si estos personajes deb?an ?ser juzgados por sus logros m?s que por las normas modernas?.

El Eclipse de una Cr?tica Nobel

Sin duda en el tema de opiniones que afectaron la imagen de la publicaci?n, Nature tuvo una gran batalla que librar cuando en 2013 Randy Schekman, Nobel de Medicina, decidi? levantar un debate contra las revistas cient?ficas m?s famosas afirmando descarnadamente que ?hacen da?o a la ciencia?.

El bi?logo de la Universidad de Berkeley arremeti? contra el trabajo que hacen las revistas cient?ficas tradicionales en una columna que public? en el diario brit?nico The Guardian, en la que aseguraba que estos medios funcionan como las grandes marcas del mundo de la moda, una verdadera tiran?a en el dominio de los criterios.

?Las mayores recompensas a menudo son para los trabajos m?s llamativos, no para los mejores. Se supone que estas publicaciones de lujo son el paradigma de la calidad, que publican solo los mejores trabajos de investigaci?n… Pero la reputaci?n de las grandes revistas solo est? garantizada hasta cierto punto?, dijo Schekman.

Apenas un d?a antes de recibir la medalla Nobel, el bi?logo declaraba que las revistas Science, Cell, Nature, y otras de su tipo, hac?an del criterio de lo atractivo el requisito imprescindible, en detrimento de los verdaderos aportes.

Para rematar la reputaci?n de los medios m?s famosos en el sector, el Nobel reconoc?a que no publicar en esas revistas puede ser un problema para muchos cient?ficos que necesitan de ese medio para tener becas y proyectos, y terminaba por llamar a sus colegas y a las universidades a boicotear este tipo de publicaciones en un tono de tintes revolucionarios: ?La ciencia debe romper la tiran?a de las revistas de lujo?.

Para el debate, la revista, como tiene por costumbre, respondi? con un editorial en que el director de Nature, Philip Campbell, defendi? que el apoyo recibido por parte de los autores de investigaciones y cr?ticos durante m?s de 140 a?os validaba su labor prociencia.

Con tales luces y sombras, lo que nos queda en una fecha de cumplea?os es acaso apegarnos a lo logrado por un grande como Nature, y cuidarnos de las amenazas de la sobredimensi?n, apostando por otras publicaciones como fuentes. Mientras, por qu? no soplar las 149 velitas de Nature.


Go to article


Go to Source Site

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *