Como sus personajes, Javier Villafañe negaba el tiempo para obrar desde el juego: suerte de milagro alcanzado mediante sus ejercicios como titiritero y su calidad poética. Esas armas le conceden, hoy, el privilegio de ser uno de los más inquietos nombres no solo de la tradición titiritera hispanoamericana, sino de todo el orbe, en el cual siguen representándose obras que él firmó hace ya más de 60 años.
La Jiribilla, Revista de Cultura Cubana
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